2026-05-08 12:44:46 - MUNDO
Se sabe poco del sitio en donde hoy termina casi toda la basura del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Un dato destacable es que es el principal relleno de América Latina. Por densidad, sería más probable pensar en ejemplos de mayor magnitud poblacional, como São Paulo o la Ciudad de México, pero no. Se trata de la planta instalada en el partido de San Martín de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse), presidida por Claudio “Chiqui” Tapia. Como este, son miles los sitios donde se deposita la basura en la Argentina, en muchos casos sin los cuidados y requisitos necesarios, lo que deriva en un problema de salud pública.
Así lo expone en su nuevo libro Agustina Grasso, una periodista que lleva más de 15 años investigando la basura en el país. Lo tituló Basuraleza y lo presentará hoy a las 17 en la Feria Internacional del Libro, en La Rural. A través de crónicas en primera persona, retrata cada etapa del camino de la basura hasta su disposición final y abandono. Pero no solo sigue la cadena, sino que arma un rompecabezas nacional e internacional sobre la crisis de los residuos y los riesgos que implica.
“Yo arranqué la investigación porque me interesaba tratar de relacionar el tema de la salud con la basura, es decir, todas esas personas que viven cercanas a basurales o rellenos sanitarios, y cómo eso influye en su salud”, contó en entrevista con LA NACION.
Hace poco menos de dos décadas, cuando todavía no se dedicaba al periodismo ambiental, Grasso escuchó la historia no del relleno más grande, sino la de un basural del conurbano, uno que había provocado una crisis de salud en la localidad de González Catán.
− ¿Cómo empezó su proyecto?
Yo había escuchado en su momento que en González Catán, en el partido de La Matanza, una localidad donde existe un mal llamado relleno sanitario, digo yo, porque en realidad me parece un basural que un relleno sanitario. Empecé no solo a relacionarme con vecinos, sino también con médicos de la zona que me empezaban a comentar que sí, que las personas cercanas al relleno tenían, digamos, más problemas de salud que las personas que vivían lejanas al relleno.
− ¿Por qué es un “mal llamado relleno sanitario”?
Sabemos que la basura contamina el aire, la tierra y el agua. Entonces, digamos que la relación que existe con aplicar tecnología es para aminorar los efectos contaminantes que por agua, aire y tierra tiene la basura. Conclusión: digo “mal llamado relleno sanitario” porque es un basural a cielo abierto. La diferencia es que no tiene ninguna clase de tecnología: la basura se acumula y, a lo sumo, a veces le ponen una membrana. Pero sigue siendo un basural. Esta basura en González Catán es un “relleno sanitario” que tiene muchas irregularidades.
− ¿Como cuáles?
Hay varias denuncias que hacían las asambleas y todo eso. Cuestiones que yo había escuchado: que había vecinos que se enfermaban por la basura, por lo cual quería ir a ver.
− En aquel momento no era propiamente una periodista ambiental. ¿Cómo se acercó a ese tema?
Yo siempre digo que era como una especie de Erin Brockovich del conurbano. Y, bueno, fui ahí y empecé a relacionarme con asambleas, con vecinos y vecinas que me contaban que tenían un registro de personas enfermas por cáncer, problemas respiratorios y lupus.
− ¿Qué personas encontró allá?
Una vecina, Celia, tiene una inmobiliaria y es parte de una asamblea, y me empezaba a dar expedientes. Y siempre me volvía con listados de documentación de situaciones muy terribles. Ahí me di cuenta de lo que implica una zona de sacrificio.
− ¿Zonas de sacrificio?
Cuando hablamos de cuestiones ambientales, sabemos que hay zonas de sacrificio. Zonas que se sacrifican para que otras estén mejor y, en general, cuando se traspasa la barrera de lo social. Entonces, se empiezan a instalar distintos focos contaminantes, ya sean basurales o, en el caso también de González Catán, por ejemplo, fábricas que también son nocivas.
− ¿Qué dicen las autoridades?
Cuando hablás con ellos −yo llegué a hablar con la Ceamse− te dicen: “No, mirá, no hay ningún estudio que corrobore de manera directa que la basura afecta a la salud”. Entonces, claro, yo empecé a tomar dimensión, porque algo importante a destacar es que en un momento toda la basura del conurbano iba a parar a González Catán. Yo vivo en el conurbano. Y también me sentí responsable de que, si yo no gestionaba bien mis residuos...
− ¿Cómo vamos de ahí al libro que está presentando?
Empecé a ampliar el tema de la basura. En su momento, siempre pensé en hacer un libro cuando conocí esa historia. Yo también trabajaba en medios más grandes y había mucha resistencia para cubrir este tema. “¿A quién le importa el tema de la basura?”, me decían. Siempre sentí distintas trabas.
− ¿Trabas?
No sé si la palabra es “trabas”, pero el tema siempre lo seguí en paralelo a todos los otros trabajos que hacía. Y en 2020, con esta idea de poder llevar la basura como un tema más general, lancé Trash, el camino de la basura, que es un documental interactivo. Las personas van haciendo clic en cada letra y ahí avanzan en el tema de investigación.
− ¿Qué historias aborda en aquel documental?
Abordo González Catán, pero desde un lugar más nacional. Planteo las preguntas: ¿Qué pasa con la basura en Argentina? ¿Cuál es el recorrido de la basura en Argentina? Ahí las personas van haciendo clic en cada letra de la palabra Trash y van entendiendo ese camino. Son cinco capítulos en los cuales se habla de todo el recorrido de la basura. Después sigo con los efectos en la salud, el rol de las cooperativas de reciclado, la importancia de las leyes y luego todo lo que tiene que ver con el compost y algunas soluciones claves que muchas veces encontramos en las ciudades.
− ¿Qué soluciones?
Por ejemplo, es poder hacer un sistema municipal de compostaje. No olvidemos que el 50% de la basura se reduce cuando se la empieza a compostar, sobre todo en peso y volumen. Si vos compostás en tu casa, es decir, separás los residuos orgánicos, los tenés en una compostera y dejás que pase todo este sistema de descomposición, es mucho mejor que inyectarlo a la gestión estatal. Realmente estás ayudando un montón a que la basura no termine en un relleno o en un basural a cielo abierto.
− ¿Qué hizo después?
Después del documental lanzamos, con Escritura Crónica —que es el sitio periodístico que yo dirijo y donde también hacemos documentales como productora—, Mapa Trash, un mapa de los basurales y rellenos sanitarios de la Argentina. Y después de eso, ya en 2025, seguí recorriendo distintos basurales y presentando trails en distintas localidades. Lo mismo con el mapa: aproveché para recorrer la Argentina y otros países del mundo.
− ¿Qué vio en sus viajes?
El último basural que visité, en octubre, es el de Atacama. Es un tiradero de ropa. Ahí empecé a tomar dimensión de que estas zonas de sacrificio no son solo para los consumos municipales o nacionales, sino que esto pasa a nivel global. Muchas veces terminamos viendo cómo el Sur global termina siendo el cesto de basura del Norte.
− ¿Qué vio en Atacama?
No te imaginás la cantidad de toneladas de basura de ropa que llegan al desierto de Atacama. Vienen, en general, de Estados Unidos o Europa. Muchas veces hablamos de ropa nueva, sin estrenar. Hay ropa con la alarma del shopping que vi cuando fui. También puede llegar ropa que ni siquiera sirva para trapo. Todo eso ingresa a Chile y suele ser de temporadas que pasaron de moda. Acá vemos la viva expresión del fast fashion. Esto permite que las importadoras de Iquique, el puerto desde donde ingresa esa ropa, compren en fardos. Y es tal la magnitud que aquello que no se comercializa, ya sea en tiendas o ferias, termina en el desierto. Después de esa investigación cierro Basuraleza. Al final hay una guía donde podés encontrar qué hacer con distintos residuos.
− ¿Irá a González Catán a presentar su libro?
Justo estoy hablando con una escuela de La Matanza para ir a presentar el libro. Fue todo muy rápido, así que sí tengo ganas de ir a La Matanza, pero todavía no fui. Estoy justo en tratativas de eso.
− ¿Cómo gestionar un tema tan complejo como los basurales?
Hablando en general, el 80% de la caja de los municipios termina yendo a la mala gestión de residuos, o sea, a los basurales. Yo creo que la lucha es por tener un sistema de reciclado mucho más potente. Hablo muchas veces, y lo digo en el libro, de un concepto que es soberanía en residuos. Así como tenemos soberanía energética o soberanía alimentaria, tenemos que poder elegir qué hacer con nuestros residuos. No puede ser que paguemos por enterrar.
− ¿Hay casos de éxito?
Hablamos de casos de éxito cuando llegamos a lo que se llama basura cero. En general, lo podemos encontrar en localidades pequeñas que estudian las diversas generaciones de basura que se emiten. En mi libro destaco algunos atributos de ejemplos concretos. En Colombia, por ejemplo, el reciclado es un servicio público. A mí eso me parece un faro para la región, porque el reciclado se convierte en una política pública que no depende del precio del cartón y del plástico. Temas como estos ayudan a que haya programas de basura cero. Creo que cualquier acción para que un residuo no termine en un basural a cielo abierto, donde muchas veces terminan quemando los residuos, ayuda.
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