¿Por qué América Latina guarda silencio ante la guerra en Irán?

2026-04-02 17:22:46 - MUNDO


A poco más de un mes de que Estados Unidos e Israel iniciaran su ofensiva contra Irán, los efectos de una guerra geográficamente lejana se dejan sentir en América Latina. El alza en los precios del petróleo empieza ya a golpear los bolsillos y probablemente presionará al alza el costo de la vida a mediano plazo. Y, a pesar de ello, la voz de las potencias regionales y los líderes locales no se escucha con fuerza en el escenario internacional.

Si bien es cierto que México, Colombia y Brasil han expresado su rechazo a la escalada bélica y han llamado a silenciar las armas, y el presidente de República Dominicana habló a la nación destacando las negativas consecuencias económicas del conflicto, poco más han hecho los países latinoamericanos. Tampoco han alzado la voz organizaciones como la OEA o la CELAC, que podrían servir como amplificadores de las preocupaciones de la región.

"No es una dinámica nueva. Es raro que los países latinoamericanos jueguen un rol relevante en asuntos extrarregionales”, dice a DW Benjamin Gedan, director del programa para América Latina de Stimson Center. Esto, explica, "tiene que ver con el enfoque interno de los mandatarios, las divisiones ideológicas que impiden el consenso regional y la falta de líderes que prioricen la política exterior”.

Carlos Murillo, experto en relaciones internacionales y académico de la Universidad de Costa Rica, afirma que "no hay un líder latinoamericano en este momento que uno pueda decir que va a asumir ese rol y que va a confrontar a Estados Unidos como ha ocurrido en otras épocas”.

Para el especialista, Centroamérica es un ejemplo concreto de ello. "Allí no hay un liderazgo regional. En algún momento lo tuvo Costa Rica, en otro Guatemala, pero hoy están totalmente fragmentados y los gobiernos centroamericanos tienen años de no dialogar, y cada uno tiene una visión particular”, declara a DW.

Esa falta de diálogo y consenso redunda en que no existe una mirada común ante fenómenos globales que afectan las economías locales. Salvo el caso del presidente de Argentina, Javier Milei, quien se alineó con Estados Unidos e Israel e incluso el martes 31 de marzo declaró organización terrorista a la Guardia Revolucionaria iraní, en general la postura latinoamericana ha sido de oposición a la guerra, aunque sin chocar directamente con Washington.

"Yo creo que este cambio es importante”, estima Murillo. "No se trata solo de subordinación a la Casa Blanca y el Departamento de Estado, sino también de la falta de liderazgo en América Latina por falta de percepción de qué es realmente América Latina y qué acciones benefician o afectan a los países y a las poblaciones latinoamericanas”. Gedan complementa: "El temor a represalias desde la Casa Blanca es otro factor a considerar”.

Los efectos del conflicto en Medio Oriente serán más difíciles de enfrentar mientras más duren los combates. "Pensar que todo se puede solucionar con guerras es perjudicial para todos, pero son principalmente los sectores más pobres de la población mundial quienes sufren las peores consecuencias de estas guerras”, dijo el pasado 12 de marzo el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, al presentar un paquete de medidas para enfrentar el alza de los precios.

Varios países de la región anunciaron respuestas para aliviar la carga económica causada por la guerra. Sin embargo, todas ellas deben ser temporales, porque las finanzas de los países latinoamericanos no pueden sostener ese nivel de gasto a largo plazo. "Por lo general, la guerra en el Medio Oriente perjudica la economía regional. Puede acortar la luna de miel del flamante nuevo presidente de Chile, José Antonio Kast, e incluso provocar una crisis en Bolivia”, dice Gedan. "Pero los gobiernos de la región no tienen el peso para influir en el conflicto, por lo que no tendría sentido opinar y arriesgar su relación con Donald Trump”, agrega.

Para el representante del Stimson Center, sin embargo, también hay que mencionar que "la guerra genera beneficios para los exportadores de petróleo”, que en la región son principalmente México, Venezuela, Ecuador y Brasil, "y ofrece al presidente de Argentina otra oportunidad para demostrar su alineamiento automático con Estados Unidos”.

Murillo, por su parte, teme que "de prolongarse un par de meses más el conflicto, se expandirá horizontalmente y esa escalada arrastrará a los países latinoamericanos no a la guerra, pero sí a compromisos con la política guerrerista de la administración Trump”. Esto, agrega, muestra la "subordinación de los países latinoamericanos a los Estados Unidos y a condicionamiento por aspectos de negocios y manejos de las economías”.

(el)