En medio del cerco de Trump, Cuba asegura “comprender” el malestar ciudadano: ¿cambiará algo en la isla?

2026-03-18 00:30:46 - MUNDO


“Hoy podemos ratificar que hace más de tres meses que no entra ningún barco de combustible a nuestro país”, dice el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, e inmediatamente agrega: “Estamos trabajando en condiciones muy adversas que tienen un impacto inmensurable en la vida de todo nuestro pueblo”.

Durante una conferencia de prensa del 13 de marzo, el líder cubano practica su alocución con una escenografía conformada por un estrado con dos micrófonos y una bandera del país en el fondo. Vestido con una camisa celeste, el mandatario de 65 años habla sin sonreír. Su rostro denota ojeras mientras describe las medidas adoptadas por el Gobierno revolucionario en medio de las negociaciones con Estados Unidos.

Leer tambiénFrente al bloqueo energético, ¿qué estaría Cuba dispuesta a negociar con Estados Unidos?

Veinticuatro horas después de la comparecencia de Díaz-Canel, el impacto sobre la población al que se refirió se traduce en una imagen que recorre el mundo. Una protesta de varios centenares de personas en la localidad de Morón culmina con violencia.

Según la agencia de noticias Efe, “un grupo reducido de personas” lanza piedras contra la sede local del Partido Comunista, ingresa al inmueble provocando destrozos y construye una “hoguera de grandes dimensiones frente a la puerta, al parecer con materiales extraídos del interior”.

Leer tambiénApagones, liberaciones, protestas y detenciones: Cuba se sacude tras anuncio de contactos con EE. UU.

El heredero político de los hermanos Castro no tarda en reaccionar. Lo hace en su cuenta de la red social X.

“Es comprensible el malestar que provocan en nuestro pueblo los prolongados apagones, como consecuencia del bloqueo energético de EE. UU., cruelmente recrudecido en los últimos meses. Y son legítimas las quejas y reclamos, siempre que se actúe con civismo y respeto al orden público”.

Pero la flexibilidad se matiza en los párrafos posteriores: "Lo que nunca será comprensible, justificado, ni admitido es la violencia y el vandalismo que atente contra la tranquilidad ciudadana y la seguridad de nuestras instituciones. Para el vandalismo y la violencia no habrá impunidad”.

El episodio incendiario cierra con cinco detenidos, pero el descontento social también se verifica en otras ciudades, con pequeñas manifestaciones y cacerolazos, principalmente en La Habana.

Cuando medios como 'The New York Times' informan, con fuentes de la Administración Trump bajo anonimato, que la Casa Blanca pide la salida de Díaz-Canel, especialistas consultados por France 24 en español opinan sobre las causas y la profundidad de las protestas.

“Si bien yo era bastante agnóstico a pensar que pudiese producirse algún tipo de malestar, creo que el hecho de que las personas estén saliendo, que tengan un tono político en sus manifestaciones, los gritos de libertad y las arengas en contra del Partido Comunista tienen mucho que ver con el hecho de pensar que pudo ocurrir en Venezuela, pudo ocurrir en Irán sin que necesariamente haya una transición, y sienten que ahora el siguiente en la lista puede puede ser Cuba, sobre todo desde los discursos públicos, principalmente de Donald Trump, en Estados Unidos”, afirma Sergio Angel, profesor e investigador del programa Cuba de la Universidad Sergio Arboleda.

Desde La Habana, Joel Suárez, miembro del Centro Memorial “Martin Luther King”, expone una mirada diferente. Sobre la base de una crisis que caracteriza como multifactorial, con orígenes en el denominado “período especial” y en la pandemia, identifica un malestar que disminuye el consenso.

“Nuestro Estado fue omnipresente en todos los órdenes de la vida cotidiana y el pacto social en torno a la revolución, centrado en la justicia, la igualdad, la alimentación, la salud y la educación. Todas esas son zonas de nuestra realidad que se han deteriorado en su rango fundamental”, advierte.

Al mismo tiempo, carga contra el “ecosistema” digital, capaz “de formatear las conductas del ser humano en términos de emociones”, y alerta contra las “estrategias de subversión que se hacen desde Estados Unidos”.

La comprensión del malestar de la población por parte de La Habana provocó cierta incredulidad entre analistas internacionales. No obstante, es materia de debate. “El disenso, la crítica y las protesta social, cuando se dieron en algún momento en Cuba, realmente fueron vistas bajo un prisma ideologizado de contrarrevolución”, observa Suárez.

Desde su perspectiva, las protestas de 2021 dieron lugar a una comprensión “más madura, en el sentido de no condenar ni descalificar a priori porque, realmente, el que tiene un refrigerador en condiciones de inflación con muy pocos alimentos, se somete a un apagón de 24 horas y tiene que alimentar a un anciano o a un niño (…) Lógicamente que eso produce malestar, indignación, encabronamiento y tú en esa situación no tienes a Marx ni a Dios regulándote la conducta. Tú revientas, tú protestas, tú te sales de ti, gritas”.

En sentido contrario, para Sergio Angel solo se trata de un reconocimiento aparente que no revisa las desigualdades de la nación caribeña.

“Yo creo que es un hecho importante en sí mismo, mostrar la división claramente marcada entre dirigentes y pueblo, entre quienes pueden tener acceso a una mejor alimentación, quienes acceden seguramente mucho más fácilmente a divisas o tienen algún tipo de prevenda o privilegio por pertenecer al aparato, mientras que el pueblo de a pie, que sigue ganando en pesos cubanos, tiene que comprar la mayoría de sus mercancías en divisas”, destaca el especialista.

Las razones profundas de la crisis social y humanitaria que se vive en Cuba activan un debate histórico, que cuenta con nuevos episodios en cada colapso.

La crisis de los misiles en octubre de 1962 dio inicio a un bloqueo económico que, con variaciones menores, continúa en la actualidad. Las leyes Cuban Democracy Act (1992) y Cuban Liberty and Democracy Solidarity Act (1996), sancionadas durante el Gobierno de Bill Clinton, endurecieron aún más las restricciones al comercio internacional.

Leer tambiénInforme desde La Habana: ministro de Exteriores presenta informe de impacto de bloqueo de EE. UU.

Con la Presidencia de Barack Obama llegó el llamado “deshielo”. En el marco de la mediación del papa Francisco, reabrieron embajadas, retomaron vuelos comerciales, aliviaron sanciones y se quitó a la isla de la lista de países “financiadores del terrorismo”. Políticas que fueron eliminadas, en su mayoría, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2017.

Desde 1992, cada año la Asamblea de Naciones Unidas rechaza sistemáticamente el bloqueo económico, pero el retorno del magnate al Despacho Oval ajustó aún más la presión desde que Estados Unidos bombardeó Caracas el 3 de enero y amenazó con sanciones a cualquier país que establezca comercio energético con La Habana.

Angel considera que la mayoría de las carencias del país comenzaron antes de que los misiles estadounidenses cayeran sobre territorio venezolano. En su análisis incluye tres cuestionamientos a las decisiones de Miguel Díaz-Canel: priorizar la inversión en turismo por encima del gasto social, desmontar progresivamente el estado social y permitir cortes de energía previos al comienzo de 2026.

“Las sanciones tienen impacto, sobre todo en materia de terceros países con quien se puede comerciar, por ejemplo México. Ahora bien, la pregunta es: ¿Cuba realmente comercializa? Lo que está recibiendo de México son donaciones, aún en el caso de los hidrocarburos. El Gobierno cubano no tiene recursos para importar. Esa es la razón por la cual China deja de enviar hidrocarburos o de enviar cualquier tipo de ayuda”.

Ante la pregunta por los motivos de la inexistencia de recursos para importar energía, el analista apunta a la falta de inversión en agricultura y ganadería, en comparación con lo que se destina al turismo.

“Uno cuando mira esto y se da cuenta que, al mismo tiempo, su propio pueblo está aguantando hambre y no puede acceder a la comida, a no ser que tenga familiares en el exterior o trabaje en el mercado que le permite acceder a divisas, pues me parece absolutamente incomprensible esto en materia de política pública”, concluye.

Suárez cuenta que el país trabaja en un esquema de sistemas agroalimentarios locales para tratar de estimular la producción en el sector, pero advierte las dificultades que implican no llegar a los niveles de inversión que se necesitan para adquirir semillas, fertilizantes y otros insumos.

En su interpretación, la responsabilidad del bloque no deja lugar a dudas: “Nosotros hemos vivido 63 años bajo asedio. Hemos sido una plaza sitiada. Estamos bajo una política técnica, política, jurídica y ética de genocidio”.

También enfatiza en las consecuencias de la pandemia: “Todos nos vimos involucrados en proteger la centralidad de la vida humana. Salimos con una crisis global y no pudimos recuperar el turismo a los niveles previos. El país tiene que decidir si compra un poco de medicamento, un poco de pollo o una pieza para la central termoeléctrica, o sea, son condiciones de mucho estrés”.

Fuente: news.un.org