Cuba

2026-03-18 02:28:46 - MUNDO


"Todo lo malo viene del norte", escuché decir a un periodista cubano hace poco. Esta vez, el norte tiene la figura de un megalómano obsesionado con las demostraciones de fuerza. La guerra entre Estados Unidos e Irán dio un respiro momentáneo a América Latina, pero en la lista de objetivos Cuba está marcada con tinta indeleble. "Tendré el honor de tomar Cuba", dijo Trump. Un honor, nada menos.

La isla está al borde del colapso. El bloqueo petrolero ha estrangulado al régimen con tal intensidad que evoca el periodo especial tras el colapso de la URSS. La información fidedigna escasea, pero vale la pena seguir a Yoani Sánchez, quien reporta en tiempo real desde adentro. El podcast El Hilo también dedicó un episodio a la crisis, con entrevistas a cuatro periodistas exiliados: Mónica Baro Sánchez, Carlos Manuel Álvarez, Carla Gloria Colomé y Abraham Jiménez Enoa. Lo traigo a colación porque urge salir de los lugares comunes. El relato del "experimento socialista del Caribe" desapareció hace demasiados años.

Fui a Cuba en 2023. Confirmé todo lo que me habían dicho: la calidez hacia los mexicanos (inevitables, por cierto, las referencias a Andrés Manuel); las peticiones constantes, desde shampoo hasta cualquier medicina que uno lleva consigo; la escasez de gasolina... La Fábrica de Arte Cubano, una antigua planta de aceite de cocina reconvertida en espacio cultural, también estaba ahí, repleta de juventud, de baile y de creatividad que no pedía permiso para existir. Sin afán de romanticismos, recuerdo que, pese a la carestía, la gente conserva una dignidad obstinada, difícil de explicar, pero imposible de ignorar.

Basta de anécdotas. Cuba importa hoy porque el cambio en la isla se antoja inminente. El problema es que ese cambio difícilmente desembocará en algo similar a una transición democrática. Lo que se perfila es algo más transaccional. Una apertura selectiva, de lógica comercial. Cuba no tiene el peso geopolítico de Venezuela, pero sí un enorme valor simbólico. Trump lo presentará como una victoria histórica. Un triunfo donde tantos otros fracasaron durante décadas, con el atractivo adicional de ser isla con potencial para construir complejos turísticos de lujo. Algo importante en la mente del empresario que hoy dirige Estados Unidos.

Es probable que parte de las restricciones del embargo se mantengan, pero con excepciones que permitan operar. Un esquema así le daría a Washington influencia directa sobre la economía cubana y sobre cualquier actor que quiera invertir en la isla, además de margen de maniobra para contener lo mismo la presencia de China que de otros países y privilegiar a empresas estadounidenses.

Paradójicamente, La Habana podría estar más dispuesta a aceptar un arreglo así que Miami. La ideología revolucionaria lleva años convertida en una cáscara retórica, y los mandos militares son lo suficientemente pragmáticos y corruptos como para negociar. Es posible que parte de la comunidad cubano-estadounidense reconozca la ausencia de una transición democrática real. Pero Marco Rubio probablemente defenderá este enfoque como un paso intermedio, una concesión en nombre de un cambio futuro. Como ocurre en Venezuela.

Una última cosa, más cercana. He escuchado a demasiados defensores del oficialismo mexicano repetir sobre Cuba esa narrativa grandilocuente y anacrónica que los propios cubanos encuentran chocante. No merece mayor análisis. Pero sí conviene señalar al expresidente, que prometió no reaparecer salvo en casos verdaderamente urgentes y lo ha hecho para defender la reforma judicial, promover su libro y pedir donaciones para el régimen cubano. Su reaparición no es deseable, todo lo contrario, y el costo político ya no es suyo. En México sobran urgencias harto más inmediatas y la factura, como siempre, la pagará Claudia.

Fuente: google.com