2026-06-30 02:30:29 - MUNDO
En Venezuela no había terminado de temblar la tierra cuando comenzaron los saqueos en La Guaira, la zona más devastada por el doble sismo. Las denuncias abundan en ese estado costero, vecino a Caracas y convertido en una gran montaña de escombros.
En un video en redes sociales, un grupo de personas se pasa cajas de electrodomésticos desde una tienda colapsada; en otros se ven cajas similares sobre techos de carros o en motos. También circulan en las redes acusaciones policías y militares que supuestamente roban en casas o incluso a los muertos.
“¿Es justo que nuestro pueblo se coma al pueblo?”, lamentó María Esther Bernal, de 71 años, que alquilaba locales a comerciantes chinos, todos saqueados. “No dejaron ni el papel de las paredes. Se llevaron hasta los cables (...) allí al lado un señor se murió, era un señor chino, pasaban por encima del muerto para saquear, eso era un automercado”, añadió.
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Las casas tampoco se salvaron. “Aquí no hay nada”, dijo a la AFP Zulay de Carvajal, de 72 años. “Nos robaron todo, la ropa... zapatos, corotos (utensilios), ollas, tazas, vasos”. “Encontramos un desastre”, agregó su hijo, Gregory Carvajal, de 37. “Estábamos sacando personas que estaban muertas y en ese momento estaban saqueando, la gente estaba loca, saqueando, llevándose todo”.
Otro video en redes muestra a un hombre que expulsa de su casa a un militar y otro funcionario que encuentra esculcando.
Este lunes, otro fuerte temblor sacudió a Venezuela. No provocó daños adicionales, pero revivió el temor en la población cinco días después del doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5.
Este ha dejado al menos 1.719 muertos, más de 5.000 heridos, según el último reporte del régimen venezolano, conocido al cierre de esta edición. Sin embargo, la ONU manejó una base inicial de 10.000 muertos, asumiendo que la cifra final se quedaría corta.
El Servicio Geológico de Estados Unidos informó de un temblor de magnitud 4,6 a las 07:01 a.m., (6:01 a.m. en Colombia), con epicentro a 27 kilómetros al norte de Caraballeda, y a una profundidad de 10 kilómetros.
La nueva réplica se sintió en Caracas y el vecino estado La Guaira, donde colapsaron hileras enteras de edificios como castillos de naipes y se transformaron en montañas de arena y escombros.
Ocurrió en un momento en que la esperanza de encontrar sobrevivientes disminuye, mientrascrece la frustración por la negligencia del régimen dictatorial de Delcy Rodríguez. “Se sintió bastante”, dijo a la AFP Isamel Díaz, un residente de La Guaira.
“No tenemos reportes de daños adicionales en ninguna parte del territorio nacional”, afirmó Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea y hermano de la líder interina de la dictadura, en un mensaje de la aplicación de mensajería Telegram.
En medio del cuestionado manejo que se le ha dado a la situación, el régimen de Rodríguez evita hablar de desaparecidos, una cifra que Naciones Unidas calcula en más de 50.000.
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La ventana crítica de 72 horas para rescatar con vida a personas atrapadas ya se cerró el fin de semana. Los expertos creen que, pasado ese plazo, la tarea se transforma básicamente en la recuperación de cadáveres.
“Todos dicen que ya no hay nadie, pero nosotros (seguimos) esperando aquí. A ver si se puede sacar a alguien más”, declaró Eduardo Cardozo, un operario agrícola que acudió a ayudar en las labores de rescate en Tucacas, en la costa, a unos 200 km al este de Caracas.
“Lo más difícil era cuando sentíamos esperanza en los túneles donde nos metíamos, rampando, quitando escombros, haciendo un trabajo de corazón, con mucha fe, y cuando llegábamos a los objetivos (las personas), los encontrábamos sin vida”, contó Luis Salas, otro voluntario, de 27 años.
En medio de la tragediaha habido casos de esperanza, como el de un hombre y su hijo adolescente, que fueron rescatados el domingo en La Guaira.
Desde Colombia siguen llegando vuelos humanitarios; el lunes aterrizó uno operado por la Fuerza Aeroespacial con 3.200 elementos de asistencia humanitaria para emergencias. En total, hay rescatistas de 24 países trabajando sin descanso, mientras helicópteros y aeronaves estadounidenses sobrevuelan las zonas afectadas.
Pero la población no esconde su ira por la lenta y escasa ayuda del gobierno de Rodríguez. El terremoto abrió grietas en la tierra y dejó ver las que la dictadura ha dejado en la institucionalidad.
“Nosotros somos los que hacemos todo. (...) Creemos que Dios nos sostuvo”, dijo a AFP Dayana Lean, de 51 años, en La Guaira.
“No tenemos el apoyo para sacar a nuestros familiares, nosotros mismos no podemos”, expresó Héctor Aguilera, de 60 años. Cuatro de sus familiares quedaron sepultados bajo un edificio colapsado. Recuperaron los cuerpos de dos personas.
El régimen dictatorial militarizó La Guaira, pero impuso el absurdo trámite de un salvoconducto para que rescatistas, médicos y voluntarios puedan acceder a la zona de desastre.
Es decir, mientras hay gente sin rescatar, quienes quieren ayudar deben hacer fila para obtener un permiso, como si la ayuda y el tiempo sobraran. La dictadura también intenta controlar la cobertura de la prensa internacional, trasladada en buses a zonas específicas; supuestamente para evitar epidemias.
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