2026-06-15 11:06:29 - MUNDO
La pobreza es un desafío persistente con múltiples raíces que afecta de manera desproporcionada a los diversos sectores de la población.
La desigualdad de oportunidades no inicia en la escuela ni hasta el primer empleo, sino desde el nacimiento, y las adversidades se van acumulando al paso de los años.
Los primeros mil días de vida son fundamentales, desde el embarazo hasta los primeros dos años de edad, etapa esencial del desarrollo neurocerebral, emocional y físico.
Por ello, las acciones para erradicar de raíz la pobreza deben iniciar desde la cuna, además de sostenerlas a lo largo de la trayectoria de vida en la que se van asociando diversas adversidades.
Con estrategias y políticas públicas adecuadas es posible lograrlo. Acción Ciudadana Frente a la Pobreza ha impulsado “10 rutas para un México libre de pobreza”, mediante las cuales busca nutrir el debate y posible acuerdo sobre acciones de gobierno, del sector empresarial y de la sociedad civil para crear trayectorias de desarrollo y garantizar el ejercicio de derechos para todas las personas.
Las primeras dos rutas se enfocan en la infancia: “Piso parejo desde la cuna” y “Las mejores escuelas a las zonas más pobres”.
La desnutrición es uno de los principales signos de pobreza, y lamentablemente el país tiene un alto índice de niñas y niños con esta condición, circunstancia que representa una hipoteca del futuro que afecta el desarrollo neurocerebral en los primeros años de vida.
James Heckman, premio Nobel de Economía en el año 2000, demostró que atender los primeros mil días de vida de las personas es la solución más efectiva y duradera para el desarrollo humano, con efectos sobre el resto de la vida en productividad y reducción de costos sociales de todo tipo: salud, seguridad, educación y asistencia social.
México tiene normas y programas para la primera infancia, pero no operan donde más se necesitan. Las políticas se han concentrado en lo urgente: vacunas, vida suero oral, monitoreo de peso y talla, así como control de infecciones estomacales y respiratorias, que fueron clave para reducir la mortalidad infantil, pero insuficientes para evitar la desnutrición crónica. La eliminación del componente nutricional de Progresa / Oportunidades afectó aún más la aplicación de estas medidas.
Garantizar el protocolo para el desarrollo infantil temprano requiere crear modelos adecuados para zonas rurales y urbanas y con atención prioritaria a niñas y niños en condición de pobreza.
Piso parejo desde la cuna no es una frase bonita, es la condición más básica para que la justicia social sea algo más que un eslogan. Y empieza justo desde el nacimiento de cada persona.
El paso siguiente depende de las escuelas. La educación básica debería ser el gran impulso para la igualdad de oportunidades. Pero en México ocurre lo contrario: las escuelas de las niñas y los niños de hogares pobres profundizan la desigualdad en lugar de remediarla.
El diagnóstico es preocupante. En el país se ha retrocedido en el desempeño de aprendizaje, y lo más grave es que quienes están peor son quienes más requieren una educación de calidad.
Esos resultados, malos para todos, son peores para quienes tienen más necesidad y menos recursos. Esto muestra que no es un problema de esfuerzo individual: es la mala distribución de oportunidades.
A las escuelas de las zonas más pobres llegan los docentes con menos experiencia y menos apoyo; en su mayoría tienen infraestructura deficiente, a veces no tienen agua o baños, ya no digamos conectividad a internet.
La desigualdad educativa refuerza la desigualdad socioeconómica del hogar de origen y construye una barrera más a la movilidad social.
Por ello la estrategia se debe enfocar hacia ofrecer mejor calidad educativa a escuelas en zonas de mayor pobreza para lograr equidad. Se debe invertir más y mejor en la infraestructura, en equipamiento, en la planta docente, directivos y asistentes técnico-pedagógicos en esas escuelas.
La calidad educativa es el principal antídoto contra la reproducción intergeneracional de la pobreza.
Hoy, el sistema educativo opera al revés. En lugar de compensar las desventajas de origen, las profundiza. Cambiar eso requiere voluntad política para poner el dinero y los mejores recursos educativos donde más se necesitan.
La escuela pública puede ser el ascensor social que México necesita o puede seguir siendo la puerta giratoria que devuelve a la pobreza a quienes nacieron en ella.
En próximas entregas ahondaremos en los detalles del resto de las 10 rutas, relacionadas con la situación de las personas jóvenes, de las mujeres y empresas comunitarias como alternativa económica frente a la pobreza, entre otros temas. ♦
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