Paloma Valencia: la heredera de Uribe que quiere ser la primera presidenta de Colombia

2026-05-25 20:02:42 - MUNDO


En Colombia hay familias que no eligen la política: la política las elige a ellas.

Paloma Susana Valencia Laserna nació en Popayán el 19 de enero de 1978 con dos apellidos que pesan y brillan al mismo tiempo.

Su abuelo paterno, Guillermo León Valencia, fue presidente de la República entre 1962 y 1966. Su abuelo materno, Mario Laserna Pinzón, fundó la Universidad de los Andes, una de las mejores instituciones de educación superior de Colombia y una de las más destacadas de América Latina.

Sin embargo, la mujer que hoy aspira a convertirse en la primera presidenta de Colombia insiste en que llegó hasta acá por méritos propios y no por su árbol genealógico.

Ante la primera vuelta de las elecciones presidenciales de este 31 de mayo, Valencia se posiciona como una de las candidatas más competitivas de la derecha con experiencia política real, la contracara del 'outsider' de extrema derecha Abelardo de la Espriella, y una rival temida por el oficialismo de izquierda en un eventual balotaje.

El peso del apellido viene de lejos.

Su bisabuelo, el poeta Guillermo Valencia, fue candidato presidencial en 1930. Su abuelo Guillermo León Valencia fue presidente entre 1962 y 1966.

Paloma Valencia estudió derecho y filosofía en la Universidad de los Andes, la misma que su abuelo materno, Mario, construyó desde cero.

Sumó una especialización en economía y una maestría en escritura creativa en Nueva York. Antes de llegar al Congreso, trabajó en la Procuraduría General de la Nación y en Planeación Nacional y escribió columnas en 'El Espectador', 'El País' y fue panelista de 'Blu Radio'.

Sin embargo, el origen familiar no le ha dado todo lo que podría esperarse.

En el Cauca, su propio departamento, la izquierda y los movimientos indígenas tienen fuerte presencia. "No es profeta en su propia tierra", dice a France 24 el analista político y profesor universitario Gabriel Cifuentes.

“En sus primeras elecciones al Congreso sacó menos de 3.000 votos allí”, agrega.

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Para Zulma González, coordinadora senior de Análisis Político para Latinoamérica en 'Prospectiva Public Affairs Latam', el origen es directamente un lastre.

"Viene de un departamento bastante golpeado por el conflicto. Su abuelo fue presidente, representante del conservadurismo institucional de toda la vida. Y esa narrativa de la política de siempre no se está vendiendo en este momento", explica en diálogo con France 24.

En 2006 intentó llegar a la Cámara de Representantes por Bogotá y no lo consiguió. Ocho años después, en 2014, entró al Senado por el Centro Democrático, el partido que Álvaro Uribe fundó un año antes.

Desde entonces no lo ha abandonado: tres períodos consecutivos, 12 años en la Comisión Primera Constitucional, la que debate las reformas constitucionales, de paz y de justicia.

En ese tiempo construyó una imagen de opositora implacable pero con conocimientos y argumentos. Sus detractores no encuentran escándalos de corrupción ni investigaciones penales en su contra, algo que ella misma subraya con una frase que utiliza en campaña: "Mi vida no tiene un solo escándalo de corrupción".

Pero su historial tampoco está exento de controversia. En 2018, durante un debate de control político sobre el caso Odebrecht, presentó en el Senado un video en el que se veía al entonces congresista Gustavo Petro recibiendo dinero en efectivo, sugiriendo posibles actos de corrupción.

El video desvió el foco del debate, que en ese momento ponía en aprietos al fiscal Néstor Humberto Martínez por su conflicto de interés con el mismo caso.

Medios de verificación como 'La Silla Vacía' luego dijeron que el video no probaba ningún acto ilegal. Para sus críticos, se trató de una operación política de manual. Para sus partidarios, una jugada válida y legítima de oposición.

En 2022 fue protagonista de otra polémica al defender públicamente la legitimidad del Estado colombiano pese a los crímenes cometidos durante el conflicto armado, en una serie de mensajes en los que dijo que el Estado, aunque cometió "errores y atrocidades", era “legítimo" y fundamentalmente “estuvo en la defensa de los ciudadanos”.

Varios sectores políticos y sociales interpretaron esas palabras como una justificación de los crímenes de Estado.

Si hay algo que define la trayectoria política de Paloma Valencia es su lealtad hacia el expresidente Álvaro Uribe. Fue precandidata del Centro Democrático en 2022 y dio un paso al costado para apoyar a Iván Duque.

En 2025 volvió a intentarlo y esta vez no se bajó. En diciembre del año pasado, tras imponerse en una encuesta interna frente a las también senadoras María Fernanda Cabal y Paola Holguín, fue proclamada candidata presidencial del partido.

"Cuando Paloma dice que Uribe es su papá, no lo dice en términos de conveniencia", explica Cifuentes. "Su trayectoria política se forjó bajo el auspicio y la guía del expresidente".

González va más lejos: "Paloma es una de las pupilas principales que ha tenido Álvaro Uribe. Son muy pocos los temas en los cuales uno encontraría una diferencia de criterio".

La elección interna no estuvo exenta de ruido. Cabal cuestionó públicamente el proceso y pidió que se publicaran los datos. El episodio reabrió una discusión que persigue al Centro Democrático desde hace años: quién decide realmente en el partido.

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En marzo de 2026, para despejar cualquier duda sobre su popularidad más allá del uribismo, Valencia se presentó a la Gran Consulta por Colombia, una primaria abierta de la centro-derecha, y arrasó con más de 3,2 millones de votos.

Paloma Valencia se presenta como una opción distinta a Abelardo de la Espriella y a Iván Cepeda: la promesa de orden, sin gritos ni estridencia. Eso, en esta campaña, ya es una postura.

Su eslogan: "Orden, Firmeza y Corazón", resume una propuesta que combina mano dura en seguridad.

Propone terminar con los diálogos de paz con grupos armados, construir megacárceles, retomar las fumigaciones con glifosato, impulsar el 'fracking' y fortalecer la alianza con Estados Unidos.

En materia económica, plantea reducción de impuestos, menor regulación y promoción de la inversión privada. Es pro-Trump y apoyó las sanciones que Washington impuso al presidente Gustavo Petro.

En lo social, su programa incluye posiciones conservadoras: se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo y al aborto.

La diferencia con De la Espriella no es solo de tono. "Abelardo la hace ver como una política tradicional, mientras que él recoge ese desprecio de la ciudadanía frente a las estructuras políticas", dice Cifuentes.

González coincide: Valencia apunta a un votante que siente incertidumbre o miedo ante un perfil tan disruptivo como el del abogado penalista. "No estamos acostumbrados en la política tradicional a tener ese tipo de figuras".

En el escenario de la recta final, De la Espriella es el principal candidato opositor, aunque sigue por debajo del oficialista Iván Cepeda, del Pacto Histórico —la coalición del presidente Petro—, que encabeza las encuestas con una intención de voto de entre el 37% y el 44%. 

De la Espriella oscila entre el 31% y el 23% según las distintas encuestadoras, y pelea el segundo lugar con Paloma Valencia, candidata del uribista Centro Democrático, con entre el 27% y 14%.

"Desde enero hasta hoy (Paloma Valencia) tuvo un crecimiento de más del 200%", señala González, "pero eso tampoco le da margen suficiente para ser competitiva en un escenario con más de diez candidatos".

La pregunta que más incomoda a su campaña es si, en caso de ganar, gobernaría ella o Uribe. Cifuentes cree que la influencia del expresidente será real pero acotada: "Uribe va a ser como un consejero, pero no un titiritero".

González agrega un dato que matiza la pregunta: el propio Uribe rechazó ser fórmula vicepresidencial y también declinó cuando Valencia mencionó públicamente que le interesaría tenerlo como ministro de Defensa.

"Ya ha mostrado la intención de aislarse", dice González, "aunque sigue jugando un rol importante como asesor y estratega de la campaña".

La incógnita es si Paloma Valencia llega al balotaje y cómo.

Colombia decide el 31 de mayo. Y por primera vez en su historia, una mujer tiene posibilidades reales de llegar a la Casa de Nariño.

Que esa mujer sea nieta de un expresidente y lleve 12 años construyendo un nombre propio en el Senado dice algo sobre el país que Colombia es. Y sobre el que podría llegar a ser...

 

Con medios locales

Fuente: france24.com