2026-05-23 15:36:42 - MUNDO
Por Patricia Zengerle
WASHINGTON, 23 mayo (Reuters) - La administración del presidente estadounidense, Donald Trump, ha intensificado la presión sobre la Cuba controlada por el régimen comunista, tras recurrir al Ejército en enero para derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro.
He aquí por qué Cuba podría no ser una "Venezuela 2.0", a pesar de que Caracas había sido un apoyo clave para el Gobierno de la isla.
¿QUIÉN TOMARÍA EL RELEVO?
En Venezuela, la entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió el poder cuando las fuerzas estadounidenses detuvieron a Maduro en una incursión relámpago el 3 de enero y ha ejercido como presidenta en funciones desde entonces.
Rodríguez era la vicepresidenta de Maduro, pero no existe una figura similar al lado del presidente cubano Miguel Díaz-Canel, ni del expresidente Raúl Castro, de 94 años, a quien Estados Unidos acusó esta semana en un intento por aumentar la presión sobre La Habana.
"El aparato de seguridad en Cuba ha desmantelado, desmantelado sistemáticamente, toda fuente de poder alternativa o potencialmente alternativa", afirmó Orlando Pérez, experto en relaciones entre Estados Unidos y América Latina de la Universidad del Norte de Texas en Dallas.
Venezuela también cuenta con una líder de la oposición muy popular, la premio Nobel María Corina Machado, que ganó las elecciones en 2024 pero a quien no se le permitió asumir el poder y que espera regresar a su país este año para unas elecciones libres. Cuba no tiene una figura similar.
Raúl Rodríguez Castro, nieto del expresidente, se reunió este mes con el director de la CIA, John Ratcliffe, durante una visita excepcional del jefe de los servicios de inteligencia estadounidenses a La Habana, lo que avivó los rumores de que podría aceptar colaborar con Washington.
Pero el joven Castro no ocupa ningún cargo oficial en el Gobierno cubano y no se espera que traicione a su familia. El viernes asistió a una manifestación en La Habana para protestar contra los cargos presentados contra su abuelo.
¿CUÁLES SON LOS BENEFICIOS Y LOS RIESGOS?
Cuba ha sido un antagonista de Estados Unidos durante décadas, desde la revolución de Fidel Castro en 1959. Trump cuenta con un fuerte apoyo de los cubanoamericanos de línea dura en Florida, que llevan décadas presionando para que Estados Unidos impulse un cambio de régimen. El presidente republicano de Estados Unidos ha dejado claro que quiere ver un cambio en su patria.
En el pasado, Cuba era vista como un satélite soviético amenazante, a una distancia incómodamente cercana de 90 millas de Florida, y más recientemente como un posible foco de influencia china en el hemisferio occidental. Pero la atención de Rusia se ha desplazado a otros lugares desde la caída del bloque soviético, y los problemas económicos de Cuba han mermado su capacidad para hacer frente a Estados Unidos.
Los expertos afirman que la inestabilidad en Cuba también amenaza con una crisis migratoria. Su población ha estado viviendo en gran medida sin electricidad debido al bloqueo estadounidense y podría optar por huir de la isla en caso de guerra o caos.
El Ejército cubano está más arraigado ideológicamente y es más cohesionado que el de Venezuela, y es más probable que oponga resistencia. Decenas de agentes cubanos murieron en Venezuela en enero mientras prestaban seguridad a Maduro, pero los supervivientes habrían aprendido de esa incursión cómo operan las fuerzas estadounidenses.
También se considera que Cuba está más avanzada en materia de vigilancia e inteligencia, especialmente tras años de cooperación con Rusia y China.
¿QUÉ APORTARÍA CUBA A EEUU?
Venezuela cuenta con recursos naturales, y las empresas estadounidenses han hecho cola para producir petróleo en el país sudamericano, que ha visto cómo se disparaban sus exportaciones.
Cuba no cuenta con ningún recurso similar. Su industria turística estatal ya estaba por detrás de otros destinos caribeños en cuanto a precio y calidad incluso antes de la fuerte caída de este año, que se ha visto agravada por la escasez ligada a la campaña de "máxima presión" de Trump, el bloqueo estadounidense y las amenazas de aranceles a los países que le suministran combustible.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, de línea dura frente a Cuba, es considerado la fuerza impulsora de la política cubana de la administración Trump.
Rubio, natural de Florida e hijo de inmigrantes cubanos, se ha presentado anteriormente a las elecciones presidenciales y se espera que vuelva a aspirar al cargo. Un cambio importante en Cuba podría reforzar sus ambiciones políticas, pero un fracaso plantea riesgos importantes en un momento en que Estados Unidos se enfrenta a enormes déficits presupuestarios y ya está llevando a cabo una campaña en Irán cuyo costo se ha estimado en miles de millones de dólares al día.
¿CUÁLES SON LAS CUESTIONES JURÍDICAS?
La capacidad de Washington para cambiar las relaciones con Cuba está limitada por la Ley Helms-Burton de 1996, que vincula el levantamiento del embargo estadounidense, vigente desde hace décadas, a cambios políticos específicos, como la creación de un gobierno elegido democráticamente.
Trump cambió las relaciones comerciales de Estados Unidos con Venezuela al destituir a Maduro, dejando a su gobierno en el poder sin siquiera anunciar planes para celebrar elecciones libres.
En Cuba, no podría hacerlo legalmente sin un cambio drástico por parte de los funcionarios cubanos, que hasta ahora se han negado a cooperar.
La situación de Cuba es más complicada porque la economía del país carece de un sector privado. Está dominada por Gaesa, un conglomerado militar sujeto a sanciones estadounidenses que controla la mayoría de los principales hoteles de la isla, el puerto más grande, el principal banco comercial y una amplia red de supermercados, gasolineras y empresas de remesas.
Washington también justificó la incursión en Venezuela alegando que el Gobierno de Maduro estaba involucrado en "narcoterrorismo". Las autoridades cubanas no se han enfrentado a tales acusaciones y, de hecho, su Gobierno afirma que ha estado cooperando con Estados Unidos contra el tráfico de drogas.
(Reporte de Patricia Zengerle; información adicional de Sarah Kinosian y Matt Spetalnick; edición de Sergio Non y Sanjeev Miglani; Editado en Español por Ricardo Figueroa)
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