2026-05-03 08:01:45 - MUNDO
La capital del país enfrenta una crisis silenciosa pero devastadora: el suelo se está hundiendo a un ritmo de casi 25 centímetros por año. De acuerdo con datos obtenidos mediante tecnología de radar satelital (InSAR) por la NASA y el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), este fenómeno es el resultado de la compactación de las capas de arcilla debido a la extracción masiva de agua de los acuíferos subterráneos.
Lo que alguna vez fue el lecho del Lago de Texcoco ahora se comprime de manera irreversible bajo el peso de la urbe y la falta de presión hídrica en el subsuelo. Esta deformación no es uniforme, lo que provoca que edificios, monumentos y vialidades se inclinen o fracturen, comprometiendo la estabilidad de la zona metropolitana más grande del país.
El impacto de este fenómeno trasciende lo estético y afecta directamente la operatividad de la ciudad. Enrique Cabral, investigador de geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, destaca la gravedad de la situación en el reporte de Associated Press.
“Daña parte de la infraestructura crítica de la Ciudad de México, como el metro, el sistema de drenaje, el agua, el sistema de agua potable, las viviendas y las calles”, de acuerdo con Cabral. El académico subrayó la magnitud del desafío al calificarlo como “un problema muy grande” que requiere atención inmediata.
La problemática genera una paradoja logística: la ciudad se hunde porque extrae agua, y al hundirse, rompe las tuberías que transportan esa misma agua. Según estudios de la UNAM, las fracturas en la red de suministro provocan que se pierda cerca del 40% del agua potable en fugas antes de llegar a los hogares.
Además de los daños estructurales, la pérdida de elevación ha alterado la pendiente natural necesaria para que el sistema de drenaje funcione por gravedad. Esto ha convertido a la Ciudad de México en una zona altamente vulnerable a inundaciones catastróficas, ya que ahora depende casi exclusivamente de sistemas de bombeo masivos para desalojar el agua de lluvia.
Las proyecciones científicas de la NASA indican que gran parte de este daño es permanente. Los expertos advierten que, incluso si el consumo de agua subterránea se detuviera hoy mismo, el suelo continuaría asentándose durante décadas antes de alcanzar un equilibrio. En el último siglo, algunas áreas de la capital ya han descendido más de 10 metros, alterando para siempre la geografía y el perfil urbano de una de las metrópolis más pobladas del mundo.
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