2026-04-25 10:43:46 - MUNDO
En el mundo hipermasculino de los carteles de la droga latinoamericanos, a veces son las mujeres a las que hay que vigilar.
Así fue como el Ejército mexicano dio caza a uno de los narcotraficantes más buscados del mundo –Nemesio “el Mencho” Oseguera Cervantes– en una audaz operación a principios de este año que incluyó a fuerzas especiales asaltando su escondite en el estado de Jalisco.
Entre los detalles llamativos de esa redada –que provocó una ola de violencia de represalia en todo el país que dejó a varios turistas estadounidenses varados– está cómo el Ejército finalmente localizó a un hombre que llevaba años prófugo, era buscado tanto por las autoridades mexicanas como por las estadounidenses y por quien se ofrecía una recompensa de US$ 15 millones por su cabeza.
Simplemente rastrearon a una de sus amantes, que inadvertidamente los condujo a una cabaña en las montañas de Tapalpa, en el oeste de México, donde uno de los criminales más notorios de su generación se escondía.
Aunque las autoridades han mantenido deliberadamente escasos los detalles en torno a la misteriosa mujer, su participación en una de las operaciones antidroga más importantes de México en los últimos años subraya el papel de las mujeres en los círculos internos de los carteles de la droga de América Latina.
Es un submundo que, aunque teñido por una fuerte cultura de machismo, tiene a mujeres abriéndose paso en roles en todos los niveles de la jerarquía: desde esposas trofeo hasta operadoras de contrabando y cerebros criminales.
Y aunque los sicarios y los soldados rasos todavía tienden a ser hombres, a menudo son las mujeres las más adecuadas para los aspectos logísticos y financieros de las operaciones de los carteles, dicen los expertos, especialmente si están casadas con jefes y tienen asientos en primera fila de la acción.
“Si eres la esposa de un alto jefe de cartel, es probable que estés al tanto de su logística, sus operaciones, sus estrategias”, dijo Henry Ziemer, experto en crimen organizado del Center for Strategic and International Studies. “Así que, cuando tu marido es capturado o asesinado, es posible que puedas hacerte cargo de una gran parte del negocio”.
Una de las jefas criminales más pintorescas de América Latina fue la Reina de la Cocaína de Colombia, Griselda Blanco, el foco de la serie de Netflix “Griselda”, quien tuvo nada menos que tres maridos (todos socios en sus empresas criminales) durante su ascenso a la notoriedad en las guerras de la droga de Miami de las décadas de 1970 y 1980.
En el apogeo de su poder, Blanco, también conocida como la Madrina, era responsable de enviar cargamentos de cocaína de varias toneladas desde Colombia a Miami, según las autoridades. Vinculada al fallecido narcotraficante colombiano Pablo Escobar y al Cartel de Medellín, fue la mente maestra de decenas de asesinatos, según investigadores de Miami-Dade, y supuestamente era igual de violenta, si no más, que sus homólogos masculinos. Infame por dirigir una red de sicarios conocida como los Pistoleros, tenía predilección por los tiroteos desde vehículos en marcha, uno de los cuales mató a un niño pequeño.
“Incluso en el contexto de cómo se encargaban los asesinatos en los carteles de todo el continente americano en los setenta y ochenta, ella sigue siendo bastante despiadada”, dijo a CNN Claire White, directora de Educación de The Mob Museum, en Las Vegas.
Pero la violencia no era la única forma en que Blanco ejercía el poder. Al igual que otras jefas criminales, su verdadera destreza era organizar los aspectos logísticos y financieros del imperio de su cartel, que según se informa valía cientos de millones de dólares. Hábil en el lavado de dinero y en supervisar las operaciones de distribución, dirigía un imperio inmobiliario y una fábrica que elaboraba prendas interiores con bolsillos ocultos diseñados para el contrabando.
Como mujer, también le resultó más fácil que a sus homólogos masculinos reclutar a otras mujeres, a quienes a menudo empleaba como contrabandistas.
“Tenía esa capacidad de reconocer habilidades y ver a las mujeres y colocarlas en esos puestos”, dijo Elaine Carey, historiadora y autora de “Women Drug Traffickers: Mules, Bosses, and Organized Crime”.
“Griselda estaba reclutando activamente a mujeres para que estuvieran dentro de la organización y trabajaran junto a ella”
Blanco también era hábil para evadir a la ley. A pesar de haber sido acusada en 1975 de cargos federales por conspirar para fabricar, introducir de contrabando y distribuir cocaína en Estados Unidos, no fue capturada hasta febrero de 1985, cuando fue arrestada por el agente de la DEA Bob Palombo, en Irvine, California. Según Palombo, cuando su equipo irrumpió, ella estaba en la cama, leyendo una Biblia.
En ese año, Blanco fue condenada a 15 años de prisión por cargos federales de narcotráfico. Nueve años después de iniciada su condena, el estado de Florida la acusó de ordenar tres asesinatos que databan de principios de los ochenta, incluido el del niño pequeño. Se declaró culpable y cumplió ambas condenas de manera concurrente. Tras su liberación, en 2004, fue deportada a Colombia, donde, según se informa, vivió una vida tranquila antes de ser asesinada a tiros al salir de una carnicería, en 2012.
Al hablar de su caso en el momento en que fue acusada por las muertes, Al Singleton, sargento del Departamento de Policía de Miami-Dade, dijo que las autoridades creían que Blanco era responsable de decenas de asesinatos en el área de Miami.
“Si no fue una de las traficantes más prolíficas en el área de Miami, claramente fue una de las más violentas. La tenemos, de manera conservadora, estimando que estuvo involucrada en al menos 40 homicidios entre Miami, Queens y el condado de Broward”, dijo.
Su hijo menor, Michael Corleone Blanco —nombrado por el personaje de “El Padrino”— dijo al Mob Museum, en 2025, que su madre nunca había sido de quedarse en segundo plano.
Recordó haber visto de niño cuando hombres armados mataron a su padre —el tercer esposo de Blanco, el ladrón de bancos y asesino Dario Sepulveda— tras una disputa por la custodia entre sus padres después de separarse.
Su madre siempre había negado las extendidas afirmaciones de que ella estuvo detrás del asesinato, dijo Michael. Aun así, señaló: “Aunque mi padre era un hombre entre hombres… ella [Blanco] era la jefa… y ella gritaba, y le decía qué hacer”.
Aunque técnicamente no era una esposa de cartel como Blanco, Antonella Marchant, quien dirigía el temido clan chileno Los Marchant junto con su padre, también se especializaba en finanzas y logística, según las autoridades chilenas.
Su cartel era conocido por importar grandes cantidades de cocaína desde Bolivia y distribuirla en la zona sur de la capital chilena, Santiago, dijo a CNN el fiscal chileno Yans Escobar.
Una de esas operaciones, en diciembre de 2021, involucró más de 300 kilogramos de la droga, según el Poder Judicial chileno, que, en 2023, condenó a Antonella y a su padre, Francisco Antonio Marchant Iglesias, a 15 años de prisión a cada uno, y a su hermano mayor, Ricardo, a 12.
Aunque Antonella, Ricardo y su padre admitieron el narcotráfico, Francisco insistió en que él era el punto focal de la operación y que no había querido que su familia se involucrara.
El Poder Judicial, sin embargo, no aceptó el relato de Francisco. Al describir el papel de Antonella como el de rastrear los envíos de droga y cobrar pagos, y el de su padre como el de coordinar su relación con los proveedores, dijo: “Quedó claro que el liderazgo de la banda recaía principalmente en Antonella Marchant”.
Su caso desmiente la idea de que siempre es el hijo quien se hace cargo del negocio familiar.
“La realidad es que el crimen organizado se está volviendo más equilibrado en términos de género”, dijo White, del Mob Museum.
La esposa del Mencho es otro caso ilustrativo. Rosalinda Gonzalez Valencia, conocida como la Jefa o The Boss, es alguien a quien Carey llama “realeza del narcotráfico”.
Su hermano Abigael y el cartel Los Cuinis, basado en la familia y que él lideraba, fueron sancionados por Estados Unidos y añadidos a la Lista de Nacionales Especialmente Designados del Tesoro, en 2015. Otro hermano, José González Valencia, fue líder y cofundador de Los Cuinis y fue condenado a 30 años, en 2025, por narcotráfico, pero había estado intentando importar cocaína a Estados Unidos desde al menos 2006, según el Departamento de Justicia de Estados Unidos.
Los Cuinis han estado estrechamente alineados con el Cartel Jalisco Nueva Generación, un vínculo que, según el Departamento de Justicia de EE.UU., se vio “fortalecido por lazos familiares”. Según la DEA, Los Cuinis actuaron como el brazo financiero y logístico del Cartel de Jalisco y supervisaron su “diversa red de operaciones de lavado de dinero”.
De hecho, el Mencho le debe su propio ascenso en el Cartel de Jalisco a Rosalinda, y no al revés.
“En realidad, el Mencho llegó al liderazgo del cartel [de Jalisco] mediante una estrategia diplomática a través del matrimonio”, dijo el experto mexicano en seguridad pública David Saucedo.
Las autoridades mexicanas han sospechado desde hace tiempo que Rosalinda es una de las mentes maestras financieras del grupo y la acusaron de lavado de dinero, en 2018, solo para liberarla meses después por falta de pruebas.
Luego, en 2021, fue arrestada y acusada de servir como operadora financiera de un grupo criminal. Las autoridades mexicanas describieron la detención como un “golpe significativo a la estructura financiera del crimen organizado en el estado de Jalisco”.
En 2023 fue condenada a cinco años de prisión por “operar con recursos de procedencia ilícita”, pero fue liberada en 2025 por “buena conducta”, según la oficina del fiscal general de México.
Deborah Bonello, autora de “Narcas: The Secret Rise of Women in Latin America’s Cartels”, advierte contra ver la influencia de Rosalinda meramente a través del lente de su matrimonio.
“El papel de Rosalinda en el cártel es bastante fundamental en el sentido de que siempre ha estado involucrada en el lado del dinero”, dijo. “[Además] cuando las personas en ese mundo están casadas, no están viviendo lo que tú y yo consideraríamos un matrimonio convencional. ¿Quién sabe si todavía estaban involucrados románticamente?”.
Aun así, no todas las esposas de narcos se lanzan de cabeza al negocio del cartel.
Una de las percepciones más estereotípicas de una esposa de narco es la de una “buchona”, un término de jerga de Sinaloa, en el noroeste de México, que se refiere a las parejas románticas de los jefes de cartel y evoca imágenes de “cirugía plástica, uñas incrustadas de diamantes e Instagram”, según el periodista y autor Ioan Grillo, quien informa sobre crimen y drogas en América Latina.
Una de las buchonas más famosas podría ser Emma Coronel Aispuro, ex reina de belleza nacida en California y esposa del notorio narcotraficante mexicano Joaquín “el Chapo” Guzmán. Desde 2019, él cumple una sentencia de cadena perpetua en una prisión de máxima seguridad en Colorado.
Coronel, quien conoció a su esposo en una fiesta, en 2006, cuando ella tenía 17 años —32 años menor que él— y se casó con él un año después, ahora es más conocida por su carrera como modelo. Ha desfilado en la Semana de la Moda de Milán, apareció en un video musical y ha modelado para varias marcas. También se ha convertido en una especie de influencer, con más de 500.000 seguidores en Instagram, y ha lanzado un negocio de fitness, vendiendo una guía que detalla planes de comidas y rutinas de entrenamiento para mujeres.
Ella ha minimizado cualquier participación en la línea de trabajo de su esposo. En noviembre, le dijo a un documental de Oxygen True Crime que no le preguntó sobre su asombrosa fortuna (estimada por Forbes, en 2009, en US$ 1.000 millones) “por mi falta de experiencia o quizá por conveniencia”.
Sin embargo, en 2021, Coronel fue arrestada en Virginia y condenada a tres años de prisión y cuatro años de libertad supervisada después de declararse culpable de lavado de dinero y de cargos federales de narcotráfico relacionados con el imperio de narcóticos de su esposo.
Aun así, Bonello dice que la participación relativamente de bajo nivel de Coronel en el cártel contrasta con los roles centrales desempeñados por otras mujeres.
A menudo, se mueven y operan como empresarias, en gran medida a diferencia de sus contrapartes masculinas, y se sienten orgullosas de hacerlo.
“Las mujeres que son líderes de las organizaciones dirán: ‘Soy una jefa, no soy una buchona’”, señala Carey, la historiadora.
Dice que una narca sinaloense le ha dicho: “No me voy a poner implantes de senos, porque personalizar un chaleco antibalas es muy muy caro”.
For more CNN news and newsletters create an account at CNN.com
2026-04-25 12:32:45
2026-04-25 12:25:46
2026-04-25 11:55:46
2026-04-25 11:53:45
2026-04-25 11:32:46
2026-04-25 11:28:46
2026-04-25 11:07:46
2026-04-25 10:43:46
2026-04-25 10:08:46
2026-04-25 10:00:46
Powered by TURADIOINFO.COM