2026-04-08 07:43:46 - MUNDO
De nuevo, el presidente Donald Trump echó para atrás lo que parecía una decisión tomada. Enhorabuena para Irán: la narrativa estúpida sobre el fin de su civilización exhibió, más bien, debilidad.
Otra vez, regresemos a lo que subyace: a la enorme oportunidad que tiene México.
La coyuntura obliga. Se lo pido a la presidenta: solicite más crédito a nombre del gobierno. El problema no es endeudarse; el problema es que no lo hemos hecho bien.
Ni damos el salto al abrirle camino a la inversión privada, ni pedimos prestado para invertir en cosas útiles, como lo haría un estadista.
¿El resultado? México no crece. Por eso sus ventas, las de ustedes, no crecen. Y por eso ustedes no pueden aumentar el salario de sus equipos.
En estos días me han llegado, por distintas vías, textos y reflexiones de quienes vivieron su juventud en los setenta y presenciaron el deterioro de una economía que antes creó colonias como Las Lomas, el Pedregal, o la Del Valle, en San Pedro, para luego observar décadas de mediocridad o, en el mejor de los casos, de bajo crecimiento económico.
Se quejan de un “disparo” de la deuda del gobierno mexicano durante los últimos siete años. No soy indiferente a sus temores. También me molestan la corrupción y los gastos inútiles.
Sepan que quien escribe nació en el sexenio de José López Portillo y conoció días en los que uno debía regresar a casa porque la leche había cambiado de precio respecto al día anterior. Respeto su experiencia. Tengo la mía.
Bien. El reacomodo global creó una oportunidad fenomenal para México, y solo podremos aprovecharla si hay inversión en cerebros, infraestructura y tecnología. No hay otro camino.
Ese dinero debe salir de las cuentas bancarias de inversionistas o de créditos para un gobierno mexicano que ya se llenó de gastos. No hay más. Ni se les ocurra tocar las pensiones, porque entonces se rompe la docilidad de la clase media que hace funcionar a este país.
¿A qué oportunidad me refiero? Norteamérica está entrando en una etapa de reorganización productiva que puede favorecer a los mexicanos mucho más de lo que muchos alcanzan a ver.
El viejo orden de la globalización, en el que Estados Unidos sacrificó parte de su capacidad industrial para sostener un sistema global de alianzas, se agotó.
Lo que vemos —con todo y la inteligencia artificial— no es el fin de la manufactura mundial, sino una reconcentración del consumo, la energía, las materias primas y la producción en espacios geográficos más seguros, más cercanos y más integrados.
En ese mapa, Norteamérica tiene ventajas difíciles de replicar.
Estados Unidos conserva mercado interno, capital, energía y músculo industrial; Canadá y México completan la ecuación con recursos, mano de obra y proximidad.
El resultado es una región que puede producir todavía más dentro de sí misma y depender menos de cadenas largas, frágiles y políticamente riesgosas.
En esa visión, México no aparece como periferia, sino como pieza central de una plataforma continental de manufactura, logística y abastecimiento.
Ésa es la oportunidad histórica para Claudia Sheinbaum: entender que el momento no exige prudencia administrativa, sino ambición estratégica. Apoye, presidenta, de manera abierta y decidida a los inversionistas, o invierta usted misma con deuda.
Ser agresiva no significaría romper equilibrios macroeconómicos, sino lanzar un proyecto de crecimiento que una infraestructura, energía, agua, seguridad, trenes de carga, puertos, carreteras, suelo industrial y formación técnica en las regiones que hoy siguen fuera del mapa del México ganador.
Insisto. El problema aquí no es la cantidad de deuda. La economía mexicana aguanta más. El problema es la calidad del gasto. Presidenta: vigile cada peso y castigue públicamente a corruptos. Bastarán unos cuantos ejemplos.
Pero gaste. Y gaste mucho en energía, en centros de datos, en centros de investigación y desarrollo, en tecnología en alianza con empresas. El proyecto de inversión en energía eléctrica y la capitalización del Fondo de Fondos de Nafin son un buen principio.
Lea The End of the World Is Just the Beginning, de Peter Zeihan, que coincide con esta lógica. No se quede a la mitad, presidenta. No en su hora.
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