Bolsas de nicotina: qué son, cómo funcionan y por qué están en el debate sobre reducción de daños en México

2026-03-24 11:58:46 - MUNDO


Seguramente las has visto en tiendas de conveniencia. Son pequeñas latas con bolsitas blancas, similares a las de té, aunque mucho más pequeñas. No producen humo, no se encienden y no contienen tabaco. Sin embargo, sí contienen nicotina.

Se trata de las bolsas de nicotina, un producto relativamente nuevo en el mercado mexicano que comienza a ganar presencia entre consumidores adultos. Su aparición abre un debate sobre regulación sanitaria, reducción de daños y el papel que pueden jugar como alternativa al cigarro.

Las bolsas de nicotina son productos de consumo oral que liberan nicotina de forma gradual a través de la mucosa bucal. En los países nórdicos los productos de administración oral de nicotina son de los más exitosos entre los considerados “alternativas sin humo o sin combustión”. La clave está en la combustión: al quemar un cigarro se generan miles de sustancias tóxicas responsables de la mayor parte del daño asociado al tabaquismo.

A simple vista son pequeñas bolsitas blancas que se colocan entre el labio superior y la encía. Permanecen allí durante varios minutos mientras liberan nicotina. Están hechas de materiales como celulosa o fibras vegetales, e incluyen saborizantes, edulcorantes y reguladores de pH que facilitan la absorción de la nicotina.

“Estas bolsitas de nicotina son como bolsitas de té… se colocan entre el labio superior y la encía, y la absorción gradual de nicotina se da por ahí”, explica la médica integrativa Mariana Hoyo.

A diferencia del cigarro, donde la nicotina se absorbe rápidamente por los pulmones, en estos productos la absorción es más lenta y sostenida, lo que genera niveles más estables en el organismo.

La diferencia es clave: mientras el cigarro implica combustión —y con ello la inhalación de miles de sustancias tóxicas— las bolsas administran nicotina sin generar humo.

Las concentraciones de nicotina pueden variar según la marca, normalmente entre 1 y 20 miligramos por bolsa, en algunos países europeos. Aunque en México el producto con mayor índice es de 8 mg.

Aunque no contienen tabaco ni producen humo, eso no significa que sean productos inocuos.

La nicotina es una sustancia psicoactiva que actúa sobre el sistema nervioso central. Se une a receptores nicotínicos y activa la liberación de dopamina, asociada a sensaciones de placer.

“La nicotina se une a los receptores nicotínicos y se relaciona con los sistemas de recompensa dopaminérgicos que generan sensaciones agradables”, explica Mariana Hoyo.

Ese mecanismo está asociado con la posibilidad de generar dependencia.

También puede provocar efectos fisiológicos temporales como aumento de la frecuencia cardiaca y la presión arterial.

Sin embargo, la evidencia científica distingue entre la nicotina y el daño asociado al tabaquismo. Diversos estudios han señalado que los principales riesgos del cigarro provienen de la combustión del tabaco, que genera miles de sustancias químicas, muchas de ellas cancerígenas.

Esto sugiere que pueden implicar menor exposición a sustancias tóxicas en comparación con el cigarro.

“Sí existen muchas alternativas que te pueden dar esos efectos buscados de la nicotina sin que tengan tanto riesgo. No significa que sean 100% seguras, pero sí son mucho menos dañinas que fumar”, señala.

El etnohistoriador Aldo Contró coincide en que el principal problema sanitario del tabaco está relacionado con la combustión.

“Se consume tabaco para obtener los efectos de la nicotina, pero la vía de administración más dañina es la inhalación del humo del cigarro”, explica.

 

Mito: la nicotina es la principal causa del cáncer por fumar

Realidad: el daño principal proviene del humo y los productos de combustión, no de la nicotina en sí.

Mito: todos los productos con nicotina son igual de dañinos

Realidad: el riesgo depende en gran medida de la vía de administración. Los productos sin combustión reducen la exposición a sustancias tóxicas.

Mito: son productos seguros

Realidad: no son inocuos. Generan dependencia y efectos fisiológicos, por lo que no deben ser usados por menores ni por personas que no consumen nicotina.

La evidencia sobre estos productos aún está en desarrollo, pero distintos organismos han comenzado a evaluarlos.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) autorizó en 2025 la comercialización de bolsas de nicotina tras revisar evidencia científica.

Según su evaluación, estos productos contienen menores niveles de sustancias nocivas en comparación con los cigarros y podrían beneficiar a fumadores adultos que cambian completamente a estas alternativas.

Por su parte, revisiones científicas como las de Cochrane documentan que las bolsas de nicotina no han mostrado efectos adversos graves en el corto plazo, aunque la evidencia disponible es aún limitada. El análisis también identificó una menor exposición a sustancias asociadas al humo del tabaco, como el monóxido de carbono y compuestos carcinógenos.

Uno de los ejemplos más citados en el debate internacional es el de Suecia. A lo largo de varias décadas, este país ha logrado reducir de forma sostenida el consumo de cigarros, al tiempo que ha permitido el acceso a alternativas sin combustión, principalmente productos orales como el snus -bolsas de tabaco-.

El resultado es significativo: Suecia registra una de las tasas de tabaquismo más bajas de Europa, con menos de 5% de su población adulta fumadora, un umbral que organismos internacionales consideran cercano a una “sociedad libre de humo”. Por ejemplo la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas Alcohol y Tabaco 2025 establece que nuestro país registró una prevalencia de uso de tabaco fumado en la población de 12 a 65 años de 15.1%.

Diversos reportes —incluidos los de la iniciativa Smoke Free Sweden— han documentado esta transición, destacando que no necesariamente disminuyó el consumo de nicotina, sino la forma de consumirla: de productos combustibles, como el cigarro, a alternativas sin humo.

“El problema no es el consumo en sí de una sustancia, sino la forma en que se consume”, explica el especialista Aldo Contró. “Cuando disminuye el consumo de tabaco vía combustión, también disminuyen las enfermedades asociadas”.

Los datos epidemiológicos refuerzan este punto. Suecia presenta algunas de las tasas más bajas de cáncer de pulmón en Europa, así como menores niveles de mortalidad asociada a enfermedades vinculadas al tabaquismo. En algunos indicadores, la incidencia de cáncer es hasta 40% menor que en otros países europeos.

Este fenómeno ha sido documentado en estudios científicos como Snus: a compelling harm reduction alternative to cigarettes (Harm Reduction Journal, 2019), que analiza la relación entre la caída del tabaquismo y la adopción de productos sin combustión.

Además, organismos como el Royal College of Physicians del Reino Unido han señalado que la disponibilidad de alternativas menos dañinas puede contribuir a reducir los riesgos asociados al tabaquismo, al disminuir la exposición a sustancias tóxicas generadas por el humo.

Como explica el neurofisiólogo Luis Fernando Hernández Lezama, el objetivo en salud pública no es eliminar completamente el riesgo —algo imposible— sino reducirlo a niveles socialmente aceptables.

En ese sentido, Suecia representa un caso relevante: muestra que cambiar la forma de consumo —de la combustión a alternativas sin humo— puede tener efectos medibles en la salud pública.

En México, las bolsas de nicotina ya se venden en tiendas de conveniencia. Sin embargo, su regulación es limitada.

Actualmente cuentan con regulación tributaria, pero no con un marco sanitario específico.

Para el neurofisiólogo Luis Hernández Lezama, el debate no debería centrarse en prohibir o permitir, sino en regular con base en el riesgo.

“No hay riesgo cero… lo que buscamos es un riesgo socialmente aceptable”, explica.

En este contexto se insertan las bolsas de nicotina que no es un producto inocuo, pero plantea una pregunta relevante para la salud pública: ¿pueden ser una alternativa menos dañina para quienes ya consumen nicotina?

La respuesta, coinciden especialistas, no es simple.

El reto será construir políticas públicas que combinen regulación, información y prevención, sin perder de vista la diferencia clave que atraviesa todo el debate: la combustión.

 

Nota del editor: Esta publicación se realiza con información de la ENCODAT, la FDA, Biblioteca Cochrane, Smoke Free Sweden, Harm Reduction Journal y las entrevistas realidad, como parte de las alianzas estratégicas de Grupo Animal.