Reclutamiento de menores en Colombia: espacios protegidos como antídoto

2026-03-20 13:08:46 - MUNDO


"Aunque aquí todos los edificios se ven iguales y está todo tranquilo y ordenado, uno trae de Colombia ese 'chip' de que nos pueden robar o incluso llevar", cuenta a DW Carlos Yu´Sek Mensa, adolescente nasa del Resguardo Toez, en el norte del Cauca.

Se refiere a los diversos grupos armados presentes especialmente en esa zona y que se disputan el control territorial para economías ilícitas. "Muchas veces ni siquiera estamos seguros dentro de la comunidad, ni en los colegios. Los grupos armados intentan adueñarse de esas instituciones, de las familias. Y buscan vincular cada vez más niños, para llevarlos a otros municipios y convertirlos en objeto de su guerra", sigue Carlos Yu´Sek, formado como Kiwe Thegna (Guardián del Territorio y de la Vida) desde los cinco años.

En el marco de una iniciativa de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), en 14 semilleros se transmite, valores ancestrales, respeto por el territorio. A estos "entornos protectores” asisten unos 1.200 menores de los diez mil que habitan en la región.

"Es la casa grande para todos, deben cuidarla, proteger los árboles y los nacimientos de agua. A través de la tradición oral y escrita de los abuelos, los vinculamos al territorio, para que no se vayan", explica a DW Laura Medina Quiral, cofundadora y orientadora de estos espacios protectores para niños, niñas y adolescentes (NNA). La espiritualidad de los nasa se les transmite tanto como la agricultura y el procesamiento de plantas, incluido el de las hojas de la coca y la marihuana para medicinas y bálsamos.

"Desde hace doce años, trabajamos en los semilleros. Nos apoyan las autoridades indígenas, los sabedores ancestrales y los médicos tradicionales. También organizaciones internacionales que saben del flagelo que significa la guerra para nosotros y apoyan estrategias de prevención", narra Laura Medina Quiral. Representando a ACIN, llevó el tema del reclutamiento forzado de menores al Consejo de Derechos Humanos en Ginebra. La cooperación de la Unión Europea, la cooperación española y agencias de Naciones Unidas apoyan su gestión.

El norte del Cauca es una de las regiones con mayor presencia de grupos armados en Colombia y, coincidentemente, es la zona donde más hay reclutamiento forzado de menores.

"Las comunidades más afectadas son indígenas y afrodescendientes, que resultan especialmente vulnerables ante actores armados vinculados al narcotráfico, al crimen transnacional y a dinámicas de explotación sexual con fines comerciales, incluida la trata de personas", señala a DW Juan Pablo Guerrero, subdirector del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP).

Por otra parte, "al raptar a los miembros más jóvenes de la sociedad y penetrar en el núcleo familiar, los grupos armados y criminales establecen su dominio”, se afirma en Menores en el frente de batalla: detener el reclutamiento infantil en Colombia, un reciente informe del centro de pensamiento Crisis Group.

En 2016 el número de niños combatientes en Colombia se redujo al nivel más bajo en una década: poco más de cien. Pero en 2024 se reportaron 620 casos. Dado que, por temor, las familias rara vez denuncian y que, según datos de Ministerio de Defensa, entre diciembre de 2024 y julio de 2025, los grupos armados aumentaron en unas 3.300 personas, es muy alta la probabilidad de que hoy haya más de mil niños combatientes en Colombia.

"Ningún reclutamiento de un menor de 18 años puede considerarse voluntario. Pero no todos se van a la fuerza. Hay niños que comienzan siendo utilizados para favores y mensajería, por ejemplo”, explica Laura Medina Quiral.

La integración en los grupos armados "suele seguir un ciclo: enamoramiento, desaparición y, finalmente, el reclutamiento forzado. Aprovechan los vacíos emocionales y las necesidades económicas de las familias. La seducción se da a través de celulares de alta gama, motos; para las niñas, operaciones estéticas. Algunas son utilizadas como 'espejos', van lindas y arregladas para seducir a más niñas", detalla la orientadora.

¿Y qué pasa después con la moto o el celular? "Cuando llegan al grupo armado, descubren que nada de lo prometido es real. Algunos son llevados a otros departamentos. Unos aparecen muertos en bolsas negras", detalla. "Cuando hay la fortuna de que aparezcan vivos, en los semilleros nos encargamos de recuperar su equilibrio emocional y espiritual", afirma Laura Medina Quiral, echando en falta la presencia y protección del Estado, así como avances en los diálogos con los grupos armados.

¿Cómo valora esta situación un joven de dieciséis años que no ha sido reclutado y que está siendo formado para líder de su pueblo? "Como organización, siempre hemos dicho que no debemos pelear con armas. Si combatimos con armas, generamos más guerra. Nuestro camino parte del diálogo, de la palabra, de llegar a instancias donde se puedan alcanzar acuerdos de paz y minimizar el conflicto que estamos viviendo", responde Carlos Yu´Sek.

Consciente de que la ambición de las economías ilícitas destruye sus territorios, el joven Kiwe Teghna recuerda que los pueblos indígenas son guardianes de la riqueza ambiental.

"Las ciudades se benefician de quienes cultivan la tierra. ¿Qué harían estas ciudades con tanta tecnología si los nasa no lleváramos a cabo el trabajo del campo, si no produjéramos los alimentos? Morirían de hambre”, concluye Carlos Yu´Sek, orgulloso de sus doce años en el semillero Luuck Kighe Teghna.

(rml)