2026-03-13 17:15:46 - MUNDO
A miles de kilómetros de Bogotá, Medellín o Cali, hay un rincón de Miami donde el aroma del café colombiano sale de las panaderías por la mañana, las conversaciones cambian sin esfuerzo del inglés al español y la cumbia o el vallenato se cuelan por las puertas de los restaurantes. Ese lugar es West Kendall, un suburbio del condado de Miami-Dade que muchos llaman, sin exagerar, “la pequeña Colombia”: un barrio donde la migración colombiana ha tejido una comunidad vibrante que refleja la creciente influencia latina en Florida.
West Kendall es un reflejo de la creciente presencia hispana en Florida, el tercer estado con mayor población latina en Estados Unidos. Con más de 6,7 millones de personas de origen latino, esta comunidad ha contribuido a consolidar a Miami como una urbe multicultural moldeada por la inmigración y una identidad que se siente en sus barrios, comercios y hogares.
No supera los 36.000 habitantes, según datos del Censo, y la gran mayoría (prácticamente 9 de cada 10) es de origen hispano, principalmente colombianos. De ahí que se haga llamar “la pequeña Colombia”.
La migración de colombianos hacia Estados Unidos aumentó en la década de 1990 impulsada por factores económicos, como la posibilidad de conseguir empleo o aumentar sus ingresos, y razones de seguridad relacionadas con el prolongado conflicto armado en el país, según la Cancillería colombiana, y Kendall se ha convertido en el nuevo hogar de muchos de ellos.
“Yo diría que es el vecindario más colombiano de todo Miami, hay mucho parse, no se extraña la comida, es chévere y muy tranquilo, me gusta acá”, dice a CNN José Luis Juárez, de 36 años.
Detalla que llegó a Miami en 2019, tras perder su empleo como contador en una tienda departamental en Bogotá. Primero llegó a Brickell –el principal distrito financiero de la ciudad–, pero la vida, dice, era muy costosa y sin empleo no podía quedarse a vivir ahí. “Cuando buscaba trabajo encontré algo en Kendall y no podía desaprovechar la oportunidad”, recuerda.
Pese a estar a más de 2.500 kilómetros de su país de origen, Juárez dice que se siente en un lugar muy familiar, donde hay muchos colombianos, puede comer sus platillos favoritos, incluso encontró a un excompañero de la escuela primaria.
“Antes de ir a trabajar puedo comprar un tinto (café) y pandebono o buñuelos, también la comida, hablo español y aprendí inglés, me adapté y me gusta acá”, señala.
Más del 60 % de la población de West Kendall es colombiana y su gastronomía es el pilar más visible. Desde comida callejera, restaurantes y camiones de comida, en esta zona es sencillo encontrar una bandeja paisa, empanadas, sancocho antioqueño o ajiaco.
Negocios con nombres como “Asados El Paisa”, “Tardes caleñas”, “Mondongo’s”, “Aroma colombiano”, “Restaurante Medellín”, entre otros, se encuentran en las calles.
Y el español se mezcla por igual con el inglés.
“No importa el shopping al que usted vaya, usted encuentra algún negocio colombiano: cafeterías y restaurantes con platillos ricos”, relata Juárez.
Además, hay arepas y panaderías donde el ritual del café con buñuelos, almojábana o pandebono son parte de la rutina de sus residentes y hay supermercados donde se pueden encontrar productos importados directamente desde Colombia.
Aunque se encuentra en los últimos lugares del ranking de WalletHub de las mejores ciudades para familias en Florida (173 de 183), Elizabet Camargo dice que ella y su familia llegaron a West Kendall por su ambiente familiar que describe como “muy cómodo y tranquilo”.
“Primero mi esposo vino a camellar [trabajar] como arquitecto por seis meses y mis hijos y yo nos quedamos en Medellín, pero en ese tiempo él vio que era un buen lugar para nuestros hijos y para su trabajo porque fue un momento en el que en Kendall había crecimiento inmobiliario”, detalla a CNN.
Camargo y su familia llegaron a West Kendall a finales de 2022 y aunque recuerda con nostalgia a sus padres y hermanos que se quedaron en Colombia, dice que se acostumbraron a su nuevo hogar con facilidad.
“Mi esposo ya conocía a otros paisas, todos bien trabajadores, y cuando llegamos con mis hijos nos apoyaron mucho, nos daban consejos, nos recomendaban lugares, el colegio, por ese lado no extrañaba tanto Medellín y acá el clima también es muy bello, sí”, agrega la mujer de 38 años.
Cuando se le pregunta qué es lo que más le gusta de “la pequeña Colombia”, Camargo habla de un ambiente muy “antioqueño” en el que se puede encontrar lugares para bailar y escuchar música popular y los productos que llegan desde Colombia para hacer comida tradicional.
“A veces vamos a parchar a un lugar, una discoteca de salsa, vallenato y otra música popular y es como estar allá”, dice y relata que estos géneros musicales son populares en las calles, restaurantes y fiestas.
Al igual que en gran parte de Miami, en Kendall los colombianos celebran en grande el Día de la Independencia de su país, el 20 de julio, muestran su bandera, organizan bailes, disfrutan de su comida típica y música. Esta fecha se ha convertido en una de las celebraciones latinas más importantes en el sur de Florida.
La influencia colombiana es tal que, en 2025, el comisionado de Miami-Dade, Roberto González, inauguró una calle con el nombre “Avenida Colombia”, en un evento que fue una suerte de homenaje al expresidente del país sudamericano, Álvaro Uribe, que ese mismo año fue condenado por fraude procesal y soborno a testigos en actuación penal después de un largo y complejo litigio judicial, cargos que Uribe ha negado.
El homenaje al exmandatario, según González, fue “por su liderazgo y compromiso con la democracia y libertad en Colombia”.
Juárez describe a West Kendall como un lugar para alejarse del bullicio de Miami. “Fue una buena decisión salir de Brickell, creo que fue una cosa del destino que llegara acá, una comunidad más pequeña, es un poco más barato, pero está creciendo”, cuenta.
Para Camargo, el ambiente tranquilo y familiar, los jardines que ofrece, así como la cercanía con sus raíces ha convertido a West Kendall en su hogar y no se arrepiente de estar ahí.
“No le voy a decir que aquí es perfecto, no, pero hoy hemos formado nuestra familia, tenemos nuestra casa, la educación de los niños es muy buena, tenemos amigos, estamos bien”, dice Camargo.
Así, los colombianos han hecho de West Kendall un hogar en el que se sienten unidos a sus raíces: no es solo el lugar en el que tuvieron un nuevo comienzo, es una comunidad que le brinda riqueza y diversidad a Florida.
No son solo los colombianos en West Kendall; migrantes venezolanos hacen de “Doralzuela” un suburbio donde el español y las arepas están siempre presentes, y Hialeah, la segunda ciudad más grande del condado de Miami-Dade, es el refugio de generaciones de inmigrantes cubanos. En esa diversidad de acentos, historias y raíces se entiende el Miami de hoy: una ciudad construida, una y otra vez, por quienes llegaron buscando un mejor futuro.
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