2026-06-29 05:49:29 - MUNDO
Las discusiones sobre el rumbo de la economía argentina transitan ultimamente un terreno más profundo que el dato mensual. No alcanza con saber si la actividad sube o baja: la pregunta gira sobre qué sectores empujan ese movimiento y qué implica para el empleo, la inversión y la estructura productiva.
El índice de producción industrial elaborado por la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) registró una caída interanual de 2%, lo que interrumpió dos meses consecutivos de mejora y llevó el acumulado de los primeros cinco meses del año a un retroceso de 0.6%. La serie desestacionalizada, además, mostró una baja mensual de 0.6%, también luego de dos meses en terreno positivo.
El movimiento no es lineal. De hecho, el propio informe sostiene que las señales de una nueva fase de recuperación “han mostrado un ligero debilitamiento”, una definición que resume mejor que cualquier número la ambigüedad del momento. Aun tomando como referencia septiembre pasado como inicio de ese ciclo, el crecimiento acumulado anualizado apenas alcanza un 5.2%, el registro más bajo entre las expansiones industriales desde 1980.
La foto sectorial explica buena parte del resultado. La mayor caída volvió a concentrarse en la industria automotriz, con un cuadro que combina once meses de contracción en la producción de autos, retroceso de exportaciones y ventas locales afectadas por altos niveles de stock y expectativas más débiles. El sector acumula un derrumbe de casi 20% en lo que va del año.
El segundo foco contractivo se ubicó en químicos y plásticos, donde se sumaron factores puntuales —como el cese de operaciones de la única productora de negro de humo, pigmento y material de ingeniería compuesto casi en su totalidad por carbono elemental puro— a una caída persistente en neumáticos que se arrastra desde 2023.
En el otro extremo, el mapa cambia de color. La refinación de petróleo se consolidó como el principal sostén de la actividad: encadena doce meses de crecimiento y acumula una suba de 9.7% en el año, con niveles de procesamiento que no se registraban desde 2008. También se ubicaron por encima del promedio las industrias metálicas básicas (+5%) y alimentos y bebidas (+2.7%).
La divergencia no se limita a ramas productivas. Aparece también al observar el destino de los bienes: los de consumo no durable crecieron 1.9% y los intermedios 1.3%, mientras que los bienes de capital cayeron 5.9% y los durables 8.7%. Ahí asoma otra señal sensible: la debilidad de la inversión productiva. En términos más amplios, cerca del 40% de la industria todavía muestra caídas interanuales, incluso dentro de un trimestre —marzo a mayo— donde mejoró levemente la difusión de la recuperación. El dato introduce un matiz clave: la actividad no cae de manera uniforme, pero tampoco se recupera de forma extendida.
Ese punto conecta con otra lectura que empieza a ganar terreno. Los sectores que mejor responden están vinculados a energía, minería y agro, mientras que buena parte de la industria más intensiva en trabajo y valor agregado sigue rezagada.
El cruce con los datos oficiales refuerza esa tensión. El INDEC había registrado para abril una caída de la industria manufacturera y una performance mayormente negativa a nivel sectorial, con 12 de 16 ramas en baja interanual.
Powered by TURADIOINFO.COM