Venezuela bajo escombros: mil 430 muertos y la sombra de 50 mil desaparecidos a mas de 72 horas del doble sismo

2026-06-28 02:18:30 - MUNDO


Más de mil 400 muertos, decenas de miles de desaparecidos y millones de damnificados dejan hasta ahora el doble sismo que sacudió Venezuela, que este sábado llegó a las cruciales 72 horas en la búsqueda de sobrevivientes.

El estado costero de La Guaira —vecino a Caracas— es el más golpeado por los dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que el miércoles a las 18h04 de Caracas sacudieron el país con segundos de diferencia.

Luego de tres días “la norma es que los cuerpos ya estén sin vida, pero gracias a Dios sería que podamos encontrar a las personas con signos vitales todavía”, dijo a la AFP en La Guaira un rescatista salvadoreño que pidió el anonimato.

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El balneario parece una zona de guerra, con edificios colapsados como castillos de naipes y transformados en montañas de arena y escombros.

En el terreno, el tiempo es oro. Luego de tres días de una tragedia de este tipo se reducen mucho las chances de encontrar gente con vida.

Los trabajos de rescate continúan mientras la población no esconde su ira por la lenta y escasa ayuda del gobierno para excavar entre los escombros en busca de sobrevivientes.

Marlon Ochoa, sobreviviente del desplome de un edificio en La Guaira, la ciudad más afectada, a 40 km de Caracas, cuenta que busca entre los escombros a su madre, a su esposa y a su hijo, desaparecidos tras el derrumbe de su edificio.

“Aún no veo a las autoridades encargándose de la situación aquí en esta zona”, dijo a la AFP, desesperado.

“Me dijeron que están deliberando. ¿Deliberando qué? (…) Si hoy no llega nadie aquí vamos a hacer una revolución porque aquí necesitamos cosas: maquinaria, plantas eléctricas, taladros, de todo”, exclamó.

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“Acá estamos enardecidos, necesitamos ayuda, hay gente viva (bajo los escombros) y no nos dan las manos ni las herramientas”, añadió.

La ONU estima que los sismos podrían dejar casi siete millones de damnificados y daños en 6 mil 700 millones de dólares, 6% del PIB del país petrolero.

Venezuela es un país sísmico, aunque desde 1997 no se registraba un gran terremoto.

El aeropuerto internacional que sirve a Caracas, que había cerrado por los daños provocados por los sismos, reabrió parcialmente el sábado y recibe vuelos de carga con ayuda de Estados Unidos, dijo a periodistas un alto funcionario estadounidense que pidió el anonimato.

También indicó que el “USS Fort Lauderdale”, un barco militar anfibio, está ahora frente a las costas de Venezuela, lo que permitirá hacer vuelos de rescate en La Guaira.

Estados Unidos ofreció 150 millones de dólares y el envío de dos buques de guerra, aviones de transporte y helicópteros para apoyar a Venezuela.

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Equipos internacionales de búsqueda y rescate de 21 países se han movilizado para ayudar.

“Es simplemente muy caótico, hace calor y está todo desorganizado. Ojalá haya más personas por encontrar”, dijo Craig Demeillon, bombero australiano de 43 años.

El último balance oficial da cuenta de mil 430 muertos, 3 mil 238 heridos y unos centenares de desaparecidos, lejos de la cifra de más de 50 mil que maneja Naciones Unidas.

En La Guaira, entre el polvo, el hedor a descomposición y el ruido constante de maquinaria improvisada, rescatistas pidieron silencio al escuchar a un posible sobreviviente entre las ruinas de un edificio colapsado. Gritaron “¡Jonathan!” y Bárbara Palacios comenzó a temblar: era el nombre de su esposo atrapado entre los escombros.

“¡Aquí, aquí! ¡Gracias, padre!”, exclama al cielo Palacios, de 34 años. Jonathan Suárez, un vendedor de 36 años, quedó atrapado entre los restos de una licorería de un pequeño hotel de cinco pisos en el balneario de La Guaira que se borró del mapa tras los sismos.

“Todo se vino abajo, intentó salir y no le dio chance”, cuenta conmocionada.

La adrenalina la invade, las lágrimas le corren. “Sí, está vivo, sí”, consigue decir temblorosa, esperanzada.

Pero el tiempo pasa, van casi 72 horas y los rescatistas ya no lo escuchan.

Palacios aún no lo asimila. No quiere creer que Jonathan se sumará a la estadística de más de mil 400 muertos de la tragedia.

La brigada de rescate tardó en llegar como en muchos lugares de La Guaira, la zona cero del desastre invadida por un fuerte hedor a descomposición que opaca su característico olor a salitre.

La gente trató de mover los escombros con sus propias manos, mientras esperaban por la ayuda que no llegaba. Una historia repetida en esta tragedia.

“Pasaban de largo”, recuerda indignada Palacios, que decidió bloquear el paso de la vía principal junto a los familiares de al menos cinco personas también atrapadas.

El caos forzó a Protección Civil, bomberos y algunos voluntarios a abocarse a ese edificio caído.

Mientras avanza la operación, los escombros pasan de mano en mano por una cadena humana de decenas de voluntarios.

Luis Flores toma un balde lleno de baldosas rotas, piedras y polvo, lo lanza a un costado. “Es muy duro. Esto lo estamos haciendo a punta de pura mano”, se queja este comerciante de 54 años.

“Hemos sacado cuatro vivos, entre esos una niña. Tres muertos”, cuenta como un rezo.

“El gobierno no estaba preparado para atender un desastre como este”, añade Jesús, un voluntario que prefiere reservar su apellido.

Una planta eléctrica da vida a un gastado esmeril, mientras una bombona de oxígeno y otra de gas combustible producen oxicorte que abre paso entre vigas, acero y cabillas.

Una retroexcavadora llega casi a las cinco de la tarde. “¡Por fin llega maquinaria!”, exclaman algunos entre aplausos.

La máquina abre en minutos grandes boquetes que la fuerza humana tardó horas en romper.

Palacios no se quiere mover. Mantiene el caminar nervioso frente a las ruinas donde los brigadistas escucharon voces de su marido.

“Yo no me voy de aquí hasta que saquen a mi esposo”, afirma.

No tiene casa adonde volver, quedó también destruida por los sismos. Un familiar le dio refugio.

Está a punto de caer el sol cuando 25 miembros del Ejército de México se presentan en el lugar con perros adiestrados para el rescate, como parte de varias brigadas extranjeras que han llegado al país.

Dos caninos buscadores suben y bajan por las ruinas varias veces, olfatean sin éxito.

“¿Hay alguien ahí? ¡Haga un grito o un ruido! ¡Ahora!”, grita un oficial al vacío.

Seis horas después de los primeros sonidos, nada.

Bárbara está “en estado de shock”, explica su hermana Alix Palacios, de 37 años. Parece “todavía incrédula a asimilar la realidad”.

La noche se fue en sacar escombros, aún sin rastros de Jonathan. Pasan casi 72 horas y la búsqueda sigue mientras el silencio se impone.


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