Una Colombia dividida elige a su nuevo presidente entre De la Espriella y Cepeda: ¿qué está en juego?

2026-06-20 12:00:29 - MUNDO


Colombia elige presidente este domingo entre el ultraderechista Abelardo de la Espriella, apoyado por Donald Trump, y el izquierdista Iván Cepeda, candidato del oficialismo, en una votación que enfrenta dos modelos opuestos del país en economía y seguridad y puede marcar un giro abrupto en la diplomacia de una nación clave en la postura de la región frente a Estados Unidos.

El abogado De la Espriella, de 47 años, con una promesa de orden y mano dura especialmente frente a la violencia de grupos criminales armados, dio la sorpresa hace tres semanas cuando lideró la votación de la primera vuelta con el 43,7 % y casi tres puntos de ventaja, desbaratando toda expectativa de algunos sectores del Pacto Histórico que se proyectaban ganadores sin balotaje.

El senador Cepeda, de 63, trató de cambiar el tono de su campaña para remontar la carrera, aunque siguió bajo la sombra del presidente Gustavo Petro, quien en agosto concluirá su mandato como primer gobierno de corte progresista en la historia moderna de Colombia. En un escenario ya complicado, el mandatario no reconoció el conteo de la primera vuelta y hay expectativa sobre cómo reaccionará a los resultados de este domingo.

“Hay dos visiones de país que claramente están encontradas”, dijo a CNN la politóloga Karol Solís Menco, docente de la Universidad del Norte. “De una parte (Cepeda), una visión que tiene una apuesta social más intensa, buscando caminos dialogados en la consecución de la paz frente a los grupos armados, una mirada más pacifista de cómo llegar a esa solución. Por otra (De la Espriella), un descontento generalizado, una visión reaccionaria a cómo fueron estos cuatro años (…). Una mirada guerrerista, un enfoque militarizado, masculinizado de la política”, comentó.

En el debate entre continuidad y cambio, con una evaluación sobre el legado de Petro, Solís señaló que los ajustes realizados por la campaña de Cepeda, como los cambios a la controvertida política de “paz total” del presidente y la desmarcación del proyecto de una Asamblea Constituyente, podrían haber llegado muy tarde ante el avance del autodenominado “Tigre”.

El politólogo Carlos Prado Becerra, profesor de la Universidad Militar Nueva Granada, consideró que el oficialismo “se confió” en que la popularidad de Petro (quien mantiene un balance positivo en las encuestas) sería suficiente para respaldar al Pacto Histórico, mientras que De la Espriella fue “ganando el espacio en símbolo, mensaje e identidad”, lo que le permitió apoderarse desde la primera vuelta de los votos que se pensaban del partido uribista Centro Democrático.

“El Gobierno pensó que le iba a alcanzar”, coincidió Solís. “El que ya decidió que va con Abelardo lo apoya porque castiga el proyecto de Petro. Hay un voto castigo muy claro”, indicó la analista.

Entre las preocupaciones del electorado, Prado afirmó que la campaña giró en torno a tres ejes. “Son problemáticas principales que se han venido presentando en Colombia, dos de ellas ya vienen desde hace bastante tiempo, que son la corrupción y la inseguridad. El otro es el tema de la salud”, dijo. Esta fue una de las grandes cuentas pendientes de Petro, quien no logró que el Congreso apruebe su reforma sanitaria y apeló a algunas asignaciones de recursos.

Hubo otras promesas que el Pacto Histórico no consiguió cumplir, pero destacan avances concretados como la reforma tributaria y laboral, así como un fuerte aumento del salario mínimo y quizás su principal estandarte: la reducción de la pobreza monetaria, que en 2025 bajó a 28 % (ocho puntos menos que en 2022), el número más bajo de la historia del país.

La contracara es un fuerte déficit fiscal, inflación al alza (5,6 %) y una tasa de crecimiento moderada (2,4 %) que no convence a la oposición, aunque está ligeramente por encima del promedio regional.

“Hay un clivaje de clase entre la trabajadora y la empresarial”, dijo Solís. “Hay una clase ascendente que se siente muy afectada por los impuestos”, comentó, y destacó que los sectores medios han sido los más golpeados por este tema.

Al respecto, Prado afirmó que la inequidad social “es un problema que no se puede negar en Colombia” y que De la Espriella insiste en la idea de que el cambio que prometió Petro nunca llegó. “Dice que no solo no funcionó, sino que el cambio está generando inseguridad o inestabilidad (…). Lo que propone es un recambio de volver a la idea tradicional del orden”, añadió.

En la disyuntiva están los más de tres millones de colombianos que votaron a otros candidatos, así como otros que no participaron en la primera vuelta y que podrían hacerlo en la segunda. La votación llega en un momento de buen humor social tras el triunfo en el debut en el Mundial, adonde viajaron decenas de miles de ciudadanos que no podrán votar.

Si bien De la Espriella recibió el apoyo de la derechista Paloma Valencia, que quedó en tercer lugar, hubo una intensa búsqueda en las últimas semanas del votante moderado y centrista que podría terminar de inclinar la balanza.

La campaña polarizada se basó más en ataques que en propuestas. “La ciudadanía está capturada por el miedo y la intensidad de las emociones. Quien va punteando tiene la capacidad de hacer una campaña muy alrededor de la esperanza, en oposición al miedo como emoción movilizadora. A Cepeda le faltó hacer eso antes de la primera vuelta. Ahora estamos viendo una intensidad en la negatividad, el ataque es la principal estrategia como diferenciador”, afirmó Solís.

Para la investigadora, el recurso del miedo es aplicado con advertencias de aumento de inseguridad o lo que llamó “el fantasma del comunismo”, aunque señaló que la disputa entre izquierda y derecha “es difusa”, ya que “no hay una ideología exacta que nos permita ubicar a los líderes ni a las personas”. Y remarcó: “Hoy quien dirime la elección es lo que llaman el centro, de opinión indecisa”.

Dentro de la división del voto, Prado destacó el contraste geográfico, con De la Espriella dominando el centro, oriente y los Llanos Orientales, mientras que Cepeda lidera la Costa Caribe, la región Pacífica y el sur. Ello también marca una división entre el centro y la periferia. El analista puso énfasis en la importancia de la costa: “Es una región de disputa política, y ha pesado mucho en las elecciones. La mayoría de presidentes, por no decir todos, obtuvieron una importante votación allí”.

En tanto, Solís pone esa distinción en términos del conflicto armado. “Hay un clivaje adicional entre zonas afectadas por el conflicto y las zonas más urbanas. Es muy importante, un diferenciador. El votante de Abelardo es más urbano, conservador”, observó.

El presidente de EE.UU. mantiene una tensa relación con Petro, pero no se había pronunciado sobre la campaña. Trump rompió el silencio una vez que De la Espriella ganó la primera vuelta y se convirtió en el favorito para este domingo.El mandatario estadounidense dijo que “es un honor” darle su “respaldo completo y total”.

De la Espriella, quien hizo alarde en una entrevista con CNN de sus relaciones con Washington, promete un giro de la política exterior y mayor coordinación con EE.UU. en temas de seguridad y lucha contra el narcotráfico, como ocurrió durante décadas en las que Colombia fue un sólido aliado del Departamento de Estado.

Prado apuntó que mientras el Gobierno de Petro “claramente buscó tender puentes a otros países, con una visión mucho más de negociación en aras de un proyecto político o social”, el apoyo de Trump y la preferencia de De la Espriella por las políticas de la Casa Blanca marcan una visión “totalmente diferente”.

“Es volver a mirar efectivamente al norte histórico tradicional de América Latina. Si gana De la Espriella, va a tener una mirada directamente hacia Estados Unidos”, aseguró.

El politólogo opinó que el respaldo de Trump no causaría un impacto tan significativo entre los votantes. “No tanto en el electorado como sí de sectores importantes, como el productivo, el exportador, teniendo en cuenta que EE.UU. es nuestro principal socio comercial, y son los sectores que brindan elementos de apoyo a las campañas políticas”, apuntó. En cuanto a los votantes indecisos, dijo que muchos jóvenes son “generalmente más críticos en temas como el intervencionismo de Estados Unidos”, pero cree que, en términos generales, si es que hay un impacto del factor Trump, podría ser levemente favorable a De la Espriella.

Otros presidentes aliados de la Casa Blanca, como el ecuatoriano Daniel Noboa, el argentino Javier Milei, el hondureño Nasry Asfura y el paraguayo Santiago Peña, también respaldaron al candidato outsider.

Para Solís, Colombia deberá tomar una decisión: “Plantear una visión sobre a quién quiere parecerse, si queremos ser Brasil o México, o parecerse al Chile de Kast, al Ecuador de Noboa”. Además, indicó que un alineamiento directo al trumpismo puede pasar factura si el presidente sufre un revés en las elecciones legislativas y pierde poder. “No sabemos qué se vendrá para Estados Unidos y qué se vuelve a poner patas arriba para Colombia”.

De la Espriella, que durante su carrera legal defendió a polémicas figuras como el empresario Alex Saab y un exministro condenado por crear un esquema masivo de captación de dinero, negó tener vínculos personales con sus exclientes.

Aunque anteriormente se definía como ateo, ahora enarbola valores religiosos. Propone la pena de muerte para asesinos, rechaza el aborto y defiende lo que llama la “familia tradicional”, así como una fuerte reducción del tamaño del Estado para combatir el déficit.

Para Prado, el ultraderechista es quien más logra instalar la idea de estabilidad.

“Nosotros los colombianos tenemos históricamente algo muy particular y es que si bien nosotros criticamos a las personas que han ocupado ciertos cargos en las instituciones, somos un país en el fondo muy institucional, porque nosotros consideramos que la institucionalidad genera estabilidad”, opinó.

Prado explicó que es por ello que Cepeda se alejó de la propuesta de una Constituyente y De la Espriella, aunque prometa un viraje fuerte, “tiene una visión tradicional de las instituciones”, más conservadora. “El tema es cuál de las visiones está generando mayor grado de incertidumbre”, agregó. “Es la visión conservadora que permanece, la visión tradicional del uribismo, de que Colombia debe volver a la estabilidad, porque genera seguridad económica, institucional”.

Pero quien gane el domingo tendrá varios desafíos, gobernando sin mayoría propia en el Congreso y obligado a negociar. “Tendríamos que ver si (De la Espriella) busca subsanar la ruptura discursiva de cara a su eventual gobierno. Hay una lógica de disenso en la campaña, pero una vez en el Gobierno es diferente a la comunicación electoral”, analizó. En cualquier caso, más allá de que el Pacto Histórico tenga la primera minoría en el Legislativo, “es más esperable una crisis de gobernabilidad en el corto plazo que se subsane sólo con alianzas y capacidad de consenso”.

Para esa búsqueda de puentes, Prado afirmó que será clave el resultado para ver con cuánto margen se impuso el ganador. Una amplia diferencia daría un baño de legitimidad al ganador y más margen de cálculo político. “Si la diferencia es estrecha, pues efectivamente el ganador tiene que replantearse en aras de una visión de país en la que se busque reducir el conflicto. No digo la polarización, porque siempre va a haber, pero sí reducir las opciones conflictivas”, dijo el politólogo.

Sea cual sea el resultado, Solís enfatizó que el desafío más grande del próximo presidente será el conflicto armado, con posibles cambios en la política contra las drogas y mayores ataques de las Fuerzas Armadas. “Una de las grandes críticas de estos cuatro años fue el aumento de la capacidad de organizaciones al margen de la ley, el fortalecimiento de disidencias de las FARC, del ELN. Es necesario recuperar el control y la presencia del Estado, porque hay una ausencia en algunos territorios donde lograron expandirse, será el principal reto. Tenemos un comercio muy extorsionado, eso se le está cobrando al gobierno nacional y regional”, subrayó.

Entre esas deudas sistémicas, Solís también resaltó que la población, como en otras partes de la región, está creyendo menos en la democracia. “La gente la sigue valorando, pero no la estima como un sistema que le garantice dos condiciones fundamentales como la seguridad y la buena economía”.

Ante ese déficit de las promesas democráticas, que para millones significa no tener garantizados derechos como el agua, la vivienda o la educación, hay consensos sobre el sistema de gobierno que se van rompiendo. Solís aseguró que puede ser un punto clave cuando estas elecciones sean analizadas dentro de unos años: “Esa ruptura del pacto más básico creo que va a estar en el centro de la discusión del análisis en un futuro”.

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Fuente: cnn.com


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