Esta es la esquina de Barrancas que guarda los secretos de Luis Díaz, la gran figura de la Selección Colombia

2026-06-11 22:02:42 - MUNDO


La casa donde creció el futbolista más famoso de Colombia por estos días, está ubicada en una esquina del barrio Lleras de Barrancas, La Guajira, a pocos metros de la vía que atraviesa ese municipio cuando se viene desde Fonseca y se quiere ir para Maicao, en la zona fronteriza.

Identificarla es fácil. En la pared frontal hay pintado un mural de Luis Díaz jugando con la Selección. La obra tiene dos facetas. En una, por el gesto de tener la mano en el pecho, se ve que fue inspirada por una imagen en la que estaba cantando el himno nacional con la camiseta amarilla.

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En la otra, donde tiene la casaca azul que se utilizó como prenda alterna en laCopa América del 2021 que se jugó en Brasil, en la que terminó goleador, corre con un balón dominado. En el fondo de las dos imágenes está la bandera del país y, al lado izquierdo de la puerta, los escudos de casi todos los equipos en los que ha jugado.

Arriba se ve el escudo del Club Barrio Lleras, el equipo creado hace 30 años por Luis Manuel Díaz, su padre, y Gabi Díaz, uno de sus tíos más cercanos, en el que “Luchito” empezó a jugar cuando era niño.

Debajo están los escudos delBarranquilla FC, Junior, Porto y el Liverpool. Sí: el mural fue pintado antes de agosto de 2025, cuando el guajiro pasó al Bayern Múnich alemán, que pagó 75 millones de euros por sus servicios.

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La pared es una “tapia” que protege un lugar que es fundamental en la vida de Lucho: el patio de la casa deJacob Díaz, su abuelo paterno. Dicen sus familiares que, durante los 17 años que vivió en Barrancas —antes de irse para Barranquilla—, el extremo pasaba casi todas las horas en ese lugar.

El patio es grande y en su suelo se mezclan tierra con piedras. En el medio, como en la casa de los Buendía en 100 años de Soledad, hay un par de árboles que dan gran sombra y reducen el impacto de los rayos del sol, que el jueves llegó hasta los 34 grados.

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Ese lugar fue el mundo para Luis Díaz, sus hermanos y primos durante mucho tiempo. Antes, junto a uno de los árboles que queda cerca de la pared lateral de la propiedad, había “una cancha” con arcos de madera para que los chicos jugaran.

Al lado izquierdo de donde los niños Díaz jugaban, había un estanque hecho por el abuelo cuando, en lugar de una tapia que encerrara el terreno de su casa para darles un poco de privacidad, había un alambrado que les permitía tener contacto con sus vecinos.

Los Díaz son una familia conocida en Barrancas. No solo por ser la casa del futbolista famoso, sino por el impacto que han tenido varios miembros en la comunidad. Don Jacob, un hombre delgado, de piel dorada por el sol, barbilla y bigote leve, como el que alguna vez utilizó Lucho cuando jugaba en Liverpool, ha vivido casi todos sus 90 años en la zona contigua a su barrio.

“Yo hice la cancha que está aquí al frente. También ayudé con la construcción de la vía que lleva a la gente a Fonseca y pasa por aquí al frente”, aseguró, con su tono de voz suave, el abuelo de Luis Díaz. Un hombre que, durante sus años mozos, se dedicó a hacer música: tocaba la guitarra y la flauta, y también cantaba en las parrandas que organizaba.

Lucho, uno de sus nietos mayores, heredó el amor por la música. Además de la participación en la canción “El Ritmo que nos une” de Ryan Castro, el futbolista guajiro tiene una canción que se llama “La Promesa” en la que, al ritmo de champeta, pregona que les cumplió a sus papás la promesa de construirles la casa que ahora tienen en Barrancas.

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Don Jacob también jugó fútbol. Por eso hizo la cancha del barrio, que primero fue de arena, después pasó a ser de césped natural y ahora es sintética, con algunas sillas que hacen las veces de graderías; en la que Luis Díaz empezó a jugar de manera competitiva y sus familiares promovieron la escuela de fútbol que se convirtió en la base de la Fundación. Esa pasión también la heredó Lucho, quien la potenció y la llevó a un nivel internacional con el rendimiento que ha alcanzado producto de su disciplina y esfuerzo.

Díaz, que está a una semana de debutar en el Mundial, tiene comunicación constante con su abuelo. Por lo general se llaman. El abuelo lo aconseja. Le dice que se cuide. También lo invita a seguir siendo tranquilo, sencillo. Esto último lo pregona con el ejemplo: don Jacob sigue recibiendo en su casa, que adentro tiene cuatro habitaciones grandes, el baño y cuya cocina está afuera, a los amigos de toda la vida.

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A ese lugar, que ha sido muy importante en su vida, Lucho suele ir cuando va a Barrancas. Al principio de su carrera, cuando estaba en Junior, Luis Fernando iba seguido. Sin embargo, después de que fue campeón y llegó la Copa Sudamericana, la gente empezó a abarrotarse para verlo, tomarse una foto, pedirle un autógrafo. Por eso fue necesario poner una pared para que la familia tuviera privacidad.

En una de ellas, la más cercana al lugar donde Lucho jugaba fútbol con sus primos siendo niño, el abuelo armó “un museo” este jueves para que un grupo de periodistas lo visitáramos, con las camisetas firmadas por el futbolista de todos los equipos donde ha jugado, así como los premios que le ha otorgado laAcord Guajira como deportista del año en varias oportunidades y algunas medallas.

En esa casa esquinera de un pueblo del sur de La Guajira, donde viven otros tíos y primos de Lucho, creció el hombre más famoso del país.

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