2026-06-11 12:50:42 - MUNDO
México abre el Mundial 2026 frente a Sudáfrica, una selección que ya forma parte de la memoria futbolera del Tri desde aquel partido inaugural de 2010 en Johannesburgo. Pero antes de mirar al rival desde la cancha, también vale la pena leerlo desde la mesa.
La cocina sudafricana es una gastronomía construida por pueblos originarios, colonización neerlandesa y británica, comunidades esclavizadas llevadas al Cabo desde Asia y África, trabajadores indios en KwaZulu-Natal, cocinas de township, costa, campo, fuego abierto y vino.
Si México puede explicar parte de su vida pública a través del taco, Sudáfrica tiene en el braai —su parrillada nacional— una escena equivalente: fuego, carne, cerveza, pan, maíz, salsas y gente reunida alrededor de las brasas. En un día de futbol, el partido no empieza sólo cuando rueda el balón; empieza cuando alguien prende el fuego, corta el pan, sirve el chakalaka (platillo picante) o abre una bolsa de biltong (carne curada y secada al aire) para compartir.
Estos son los sabores del país que enfrenta a México en la inauguración del Mundial 2026.
Uno de los platos más reconocibles de Sudáfrica nació en Durban, ciudad costera de KwaZulu-Natal, una provincia marcada por la presencia de comunidades de origen indio. El bunny chow no tiene conejo, aunque su nombre pueda confundir. Se trata de un pan blanco ahuecado y relleno de curry.
Puede llevar pollo, cordero, res, frijoles, lentejas o verduras. Primero se usa la miga para recoger la salsa; después se van rompiendo las paredes del pan hasta que el curry desaparece por completo.
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El braai es mucho más que una carne asada. En Sudáfrica, prender el fuego es una forma de convivencia nacional. La palabra viene del afrikáans y suele traducirse como barbecue, aunque su sentido cultural es más amplio: implica brasas, tiempo, carne, conversación y alguien que asume el control de la parrilla.
A diferencia de otras parrilladas, el braai se cocina sobre carbón o leña, no sobre gas. Puede incluir res, cordero, pollo, cerdo, pescado o carne de caza, pero uno de sus elementos centrales es el boerewors, una salchicha en forma de espiral hecha con carne molida gruesa y especias.
El boerewors suele prepararse con mezcla de res y cerdo, y se condimenta con ingredientes como cilantro, pimienta, clavo, nuez moscada o allspice. Se cocina entero, enroscado, hasta que queda dorado por fuera y jugoso por dentro. Puede servirse en plato, con pap y salsa, o dentro de pan, como una especie de hot dog sudafricano.
El pap es uno de los acompañamientos más importantes de Sudáfrica. Se prepara con harina de maíz y puede servirse suave, espeso o firme, según la región y la costumbre familiar. A simple vista parece un plato discreto, pero sostiene buena parte de la comida diaria.
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Al lado suele aparecer el chakalaka, una mezcla especiada de verduras que puede llevar jitomate, cebolla, zanahoria, pimientos, frijoles y curry. Es picante, vegetal, ácido y muy útil para acompañar carnes, panes o pap.
En una mesa de braai, el chakalaka cumple una función parecida a la de una buena salsa mexicana.
Pap con chakalaka puede aparecer en una comida familiar, en un puesto, en un restaurante o junto a una parrilla durante un partido. Es cocina cotidiana, pero también cocina de reunión.
Si Durban se cuenta desde el curry del bunny chow, Ciudad del Cabo se entiende en parte desde la cocina Cape Malay. De esa tradición vienen preparaciones marcadas por especias como cúrcuma, curry, cardamomo, comino, canela, jengibre, ajo y chiles.
Uno de sus platos más conocidos es el bobotie, una preparación de carne molida especiada, a veces con pasas, chutney o almendras, horneada con una capa de huevo y leche. El resultado es un plato dulce, salado y aromático que suele servirse con arroz amarillo, chutney o ensalada.
El bobotie cuenta una historia compleja. Está ligado a la cocina Cape Malay, formada por comunidades descendientes de personas esclavizadas y exiliadas que llegaron al Cabo desde territorios como Indonesia, Malasia, India, Madagascar y otras regiones.
Para ver futbol, Sudáfrica también tiene su propia botana de carne: el biltong. Se elabora con carne curada y seca, generalmente de res, aunque también puede hacerse con carnes de caza. Se corta en tiras o láminas y se come como snack, en la carretera, en casa, en bares o durante un partido.
Otra preparación importante es el potjiekos, cuyo nombre puede traducirse como “comida de olla pequeña”. Se cocina en una olla de hierro fundido de tres patas, colocada sobre brasas. Lleva carne, verduras, papas, caldo o vino, y se deja cocer lentamente durante horas.
El potjiekos no es comida rápida. Se prepara al aire libre, sin prisa, mientras la gente conversa alrededor del fuego. La olla se vuelve el centro de la reunión, casi como la parrilla.
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En Ciudad del Cabo también existe un plato callejero que puede entenderse desde el exceso: el Gatsby. Es un sándwich grande, pensado para compartirse, preparado en una baguette o pan largo y relleno con papas fritas, carne, pollo, embutidos, pescado, huevo, salsas y ensalada.
El malva pudding es un bizcocho húmedo, esponjoso y dulce, servido con una salsa caliente de crema, mantequilla y azúcar. Es postre de casa, de restaurante familiar y de sobremesa.
Los koeksisters son trenzas de masa frita bañadas en almíbar. Crujientes por fuera, dulces y pegajosas, son uno de los postres más populares del país. También está la melktert, o tarta de leche, una preparación suave y cremosa, generalmente perfumada con canela.
Estos postres muestran otra cara de la cocina sudafricana: no sólo fuego, carne y curry, sino horno, azúcar, canela, masa frita y memoria doméstica.
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Sudáfrica también es país de vino. Las regiones del Cabo Occidental, con nombres como Stellenbosch, Paarl y Franschhoek, forman parte de una tradición vitivinícola con presencia internacional. En una mesa sudafricana contemporánea, el vino puede acompañar desde un bobotie hasta carnes al fuego, curries Cape Malay o cocina de autor.
México y Sudáfrica se enfrentarán en la inauguración del Mundial 2026 con una historia compartida: ya se vieron las caras en el partido inaugural de Sudáfrica 2010, aquel encuentro que terminó 1-1 y que quedó marcado por el gol de Siphiwe Tshabalala. Ahora, el reencuentro ocurre en México. Pero fuera del estadio, la gastronomía ofrece otra forma de mirar al rival.
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