Las más recientes estadísticas alemanas sobre muertes relacionadas con drogas reflejan un creciente número de víctimas jóvenes, así como de fallecimientos asociados con el crack, la cocaína y la mezcla de sustancias cada vez más peligrosas como los opioides.
En toda Europa, las muertes por drogas siguen siendo un importante problema de salud pública, impulsado sobre todo por el policonsumo y los opioides (incluidos los sintéticos de alta potencia).
Y, aunque estas muertes siguen afectando principalmente a adultos, el Informe Europeo sobre Drogas 2026 alerta de un aumento significativo de las sobredosis mortales entre adolescentes y jóvenes europeos durante la última década.
¿Cuál es la situación en las Américas y, específicamente, en América Latina?
Según la base de datos internacional más actualizada y completa de la Universidad de Harvard y el Informe Mundial sobre las Drogas 2025 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), América del Norte sigue siendo el claro epicentro mundial de la mortalidad por drogas, especialmente por opioides sintéticos.
Estados Unidos registró 48.422 muertes relacionadas con opioides sintéticos (principalmente fentanilo) en 2024, mientras Canadá notificó 7.057 muertes asociadas al fentanilo y otras 3.356 vinculadas a análogos de esta sustancia en 2023.
No obstante, la UNODC señala una noticia positiva: los datos más recientes muestran una reducción de las muertes por sobredosis de opioides sintéticos. Concretamente, un 36 por ciento menos en Estados Unidos entre 2023 y 2024, y una reducción del 12 por ciento en Canadá durante los primeros nueve meses de 2024 respecto al mismo período de 2023. Según el informe, estas podrían ser las primeras señales de estabilización de la llamada crisis del fentanilo.
Latinoamérica aún está lejos de las altísimas tasas de mortalidad por drogas observadas en Estados Unidos y Canadá. Pero el crecimiento récord del mercado de cocaína, la expansión de las drogas sintéticas, el auge del policonsumo, la aparición de opioides sintéticos altamente potentes como los nitacenos (ya detectados en Brasil) y la baja cobertura de tratamiento indican que la región podría estar entrando en una fase de mayor riesgo sanitario, si no refuerza sus políticas de prevención y atención temprana.
Los expertos de la UNODC destacan especialmente el incremento de las muertes relacionadas con la cocaína en Brasil y el aumento de problemas sanitarios asociados al consumo de metanfetamina en México.
En la misma línea, un reciente estudio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) concluye que los trastornos por consumo de drogas se han convertido en una de las causas de mortalidad y discapacidad que más rápido crecen en las Américas, impulsados principalmente por los opioides, con un impacto especialmente grave en jóvenes, sobre todo en hombres, pero con un incremento cada vez más visible entre las mujeres.
Además, este trabajo de la OPS identifica sobre todo a Brasil como el principal foco de preocupación en América Latina, con uno de los aumentos más rápidos de mortalidad por trastornos por consumo de drogas. El estudio también detecta aumentos relevantes en Argentina, Chile, Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay y otros países de la región como Guatemala y Honduras, donde la carga sanitaria asociada a las drogas crece con mayor rapidez, impulsada sobre todo por la cocaína y otros estimulantes.
Según el estudio de la OPS, la incidencia y prevalencia más altas de los trastornos por consumo de drogas se concentran entre adolescentes y adultos jóvenes en América Latina: los nuevos casos alcanzan su máximo entre los 15 y 19 años, y la prevalencia más alta se observa entre los 20 y 24 años, aunque la mortalidad aún alcanza su pico entre los 35 y 44 años.
El análisis de la UNODC subraya que los daños provocados por las drogas "no son inevitables y sí prevenibles". En primer lugar, adoptando respuestas centradas en la salud pública y los derechos humanos, además de perseguir las redes de tráfico.
Entre las medidas concretas, sugieren el acceso universal a tratamientos basados en evidencia científica, la disponibilidad de medicamentos para tratar trastornos por consumo de opioides, programas de reducción de daños que incluyan la distribución comunitaria de agujas, jeringuillas o naloxona para evitar las muertes por sobredosis, así como la prevención temprana dirigida a adolescentes, y la atención específica para mujeres y otros grupos vulnerables.
Además, el informe de Naciones Unidas insta a vigilar estrechamente la llegada de opioides sintéticos a América Latina antes de que pueda replicarse la crisis observada en Norteamérica. En este sentido, la OPS considera también esencial reforzar los sistemas estadísticos y epidemiológicos para identificar cambios rápidos en los patrones de consumo y mortalidad.
(rml/ms)