Nieto de Raúl Castro quiere negociar con Trump el futuro de Cuba: entrevista exclusiva

2026-07-06 08:26:29 - MUNDO

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LA HABANA — El teléfono fijo junto al escritorio de Raúl Castro sonó en la oficina revestida de madera como si el tiempo se hubiera detenido en 1984. Pero esta vez, otra persona quien contestó.

Raúl Castro – expresidente de Cuba y hermano de Fidel Castro – esperaba casa noticias de nieto favorito y hombre de mayor confianza, quien debería llegar para almorzar.

Raúl Guillermo Rodríguez Castro, de 42 años, conocido entre los cubanos como "El cangrejo", ocupa ahora el asiento de poder en esa misma oficina. Alto, de complexión robusta, con un par de penetrantes ojos verde claros, la cabeza rapada, ropa de diseñador y una voz grave que recuerda a la de su tío abuelo Fidel, estaba demasiado ocupado para atender la llamada de su abuelo de 95 años.

"No me considero un político. Nunca me ha interesado la política", dijo Rodríguez Castro durante una serie de entrevistas exclusivas concedidas a USA TODAY a lo largo de dos días en junio en La Habana. "Pero si en algún momento la Revolución me lo pide, lo haría". También dejó claro que nunca sacrificaría los principios de la Revolución Cubana de 1959 ni la soberanía del país.

Fuera de Cuba, Rodríguez Castro sigue siendo un personaje prácticamente desconocido. No ocupa ningún cargo oficial en el gobierno y rara vez aparece en los medios estatales cubanos. Tampoco había concedido antes una entrevista a un medio de comunicación de Estados Unidos. Opera entre bastidores, pero ejerce una influencia, autoridad y peso político difíciles de ignorar, en gran medida gracias a su apellido.

Ahora es el joven Castro quien está en posición de negociar el futuro de su país. El exguardaespaldas de su abuelo dice que podría tratar directamente con el presidente Donald Trump.

"Si me designan puedo negociar con cualquiera seleccionado por el gobierno de Estados Unidos," afirmó Rodríguez Castro. "Dada la oportunidad, claro que con Trump".

El tiempo apremia. Cuba enfrenta una economía devastada, una crisis humanitaria y un bloqueo petrolero impuesto por la administración de Trump. La isla busca evitar convertirse en la próxima Venezuela mientras Estados Unidos endurece las sanciones y eleva una amenaza militar que no se veía entre ambos países desde la Crisis de los Misiles de Cuba de 1962.

Rodríguez Castro podría convertirse en el puente entre ambos gobiernos.

USA TODAY habló con más de una docena de personas quien han tenido trato con Rodríguez Castro. Muchas aceptaron hablar bajo condición de anonimato porque sus conversaciones con él fueron privadas o porque no están autorizados para dar declaraciones públicamente.

En la época de mayor poder de Raúl Castro y de su hermano Fidel, era casi imposible verlos sin sus característicos uniformes militares verde olivo. Rodríguez Castro, en cambio, vestía unos jeans ajustados azul claro, una camiseta negra entallada de Hugo Boss y tenis Hermès.

Sentado en la antigua oficina de su abuelo, ubicada en la parte superior del Palacio de Convenciones de La Habana —sede de la Asamblea Nacional — Rodríguez Castro expuso su visión para el futuro de Cuba y explicó por qué cree que es la persona indicada para hacerla realidad.

Rodríguez Castro apenas ha comenzado a salir de la sombra de su abuelo, aunque fue preparado para liderar desde muy joven.

Es el nieto mayor de Raúl Castro e hijo del fallecido general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, quien dirigió GAESA, el conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas cubanas que sostiene una parte importante de la economía de la isla.

Rodríguez Castro creció en el mismo edificio donde vivían sus abuelos y se mudó con ellos cuando cumplió 18 años. Pasó buena parte de su juventud rodeado de altos funcionarios del régimen, generales, oficiales de seguridad, agentes de inteligencia y, por supuesto, de su todopoderoso abuelo. Ese era el mundo que conocía.

"¿Sabes cuales son esos escoltas y personal de seguridad? Desde niño me fascinaba y era lo que aspiraba ser", contó Rodríguez Castro.

Pero con el tiempo dejó atrás aquellas aspiraciones infantiles inspiradas en el mundo del espionaje.

Raúl Castro se aseguró de que, desde la adolescencia, su nieto asistiera a todas las reuniones importantes sobre los asuntos del Estado cubano, incluidas largas y acaloradas discusiones entre Fidel y Raúl Castro. De ahí surgió otro de sus apodos: Raulito.

"Es el nieto preferido", dijo Frank Mora, profesor de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Florida.

"Raúl Castro confiaba en su padre y él es el nieto al que más quería", agregó Mora.

The federal government's moves to indict former Cuban President Raúl Castro will ramp up pressure for regime change in Cuba and could be a prelude to a U.S. military operation, just as the Trump administration sent troops into Venezuela in January to capture indicted Venezuelan President Nicolás Maduro.



The possible charges are related to a 30-year-old case that involved the Cuban government shooting down two planes operated by a humanitarian group in 1996.



Look back at Castro's history amid escalating tensions, starting here in 1959. The photograph shows Commanders Raul Castro, from left, Antonio Nunez Jimenez, Ernesto "Che" Guevara, Juan Almeida and Ramiro Valdes in Havana during the first year of the Cuban revolution.

The federal government's moves to indict former Cuban President Raúl Castro will ramp up pressure for regime change in Cuba and could be a prelude to a U.S. military operation, just as the Trump administration sent troops into Venezuela in January to capture indicted Venezuelan President Nicolás Maduro.



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Look back at Castro's history amid escalating tensions, starting here in 1959. The photograph shows Commanders Raul Castro, from left, Antonio Nunez Jimenez, Ernesto "Che" Guevara, Juan Almeida and Ramiro Valdes in Havana during the first year of the Cuban revolution.

Raúl Castro apodó a su nieto "El cangrejo" porque nació con polidactilia en la mano derecha. El sobrenombre se quedó. Antes de cumplir ocho años fue sometido a tres cirugías en esa mano. Mientras hablaba, doblaba el pulgar debajo de los otros cuatro dedos.

Rodríguez Castro estudió en el sistema público de educación de Cuba y se graduó de la Universidad de La Habana con una licenciatura en Contabilidad y Finanzas. Según el Miami Herald, no fue un buen estudiante. (Una afirmación que él rechaza).

También cursó estudios en la escuela militar conocida como "Los Camilitos," llamada así en honor al fallecido héroe revolucionario Camilo Cienfuegos. Con el tiempo alcanzó el rango de coronel en el Ministerio del Interior.

La mayoría de los días se despierta alrededor de las 5 de la mañana. Durante varias horas revisa informes clasificados de los ministerios del Interior, Relaciones Exteriores y las Fuerzas Armadas de Cuba. Guarda esos documentos en un portafolio de cuero Salvatore Ferragamo y más tarde los comenta con su abuelo, a veces durante el almuerzo.

Rodríguez Castro aseguró que creció en una familia cariñosa y que sus abuelos ayudaron a forjar su carácter. Sin embargo, afirmó que antes que nada son sus compañeros, y los llamaba por su primer nombre, resaltando la igualdad, la solidaridad y el propósito común, ideales sobre los que, según él, se fundó la revolución.

En público llama a su abuelo "Ministro", el cargo que ocupó durante casi medio siglo al frente de las Fuerzas Armadas de Cuba. En privado, cuando teme que pueda tropezar o caerse, simplemente es Abuelo.

Aseguró que tiene una "comprensión diferente" de la forma en que su abuelo y su tío abuelo trataron al pueblo cubano. Cuando Fidel Castro tomó el poder tras derrocar a Fulgencio Batista, construyó un país con sistemas universales y gratuitos de salud y educación. Pero también encarceló a generaciones enteras de cubanos, supervisó juicios sumarios, les negó derechos humanos fundamentales, nacionalizó la economía y obligó a cientos de miles de personas a exiliarse.

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Rodríguez Castro contó que leyó por primera vez algo negativo sobre su familia cuando tenía 12 años. Lo descartó de inmediato. "Yo conozco a estos hombres. Son buenas personas", insistió. "Los hombres que hicieron esta revolución eran justos, pero no eran bobos".

Habla de la Revolución cubana y de sus abuelos con una mezcla de nostalgia, relato histórico y tradición oral. Se refiere a ellos como lo haría cualquier nieto cubano profundamente admirador, desde una visión idealizada de Cuba.

"Mi abuela era una persona extremadamente dulce. Ella me enseñó el rol que debería tener la mujer cubana en la sociedad," dijo Rodríguez Castro sobre Vilma Espín, integrante de la familia propietaria del ron Bacardí, quien luchó junto a Fidel y Raúl Castro en la Sierra Maestra durante la revolución. Más tarde se convirtió en una de las figuras más influyentes del Partido Comunista de Cuba.

"El Cangrejo" también formó su propia familia. Tiene dos hijas con su primera esposa, Sheyla Puentes, y otra con su segunda esposa, Daliene Gómez Tomás. Su tercera esposa, la modelo cubana Sheila Mariño, dio a luz a su hijo en junio.

"Ya sabíamos cual iba ha ser su nombre. Raúl por mi abuelo y Alberto por mi papa," dijo.

Mientras hablaba de su familia, llevó la mano al cuello y sacó de debajo de la camiseta una cadena de oro.

"Yo no se si tu eres creyente," comentó mientras mostraba un medallón de oro con las iniciales "FCR" y "RCR" grabadas a cada lado: Fidel Castro Ruz y Raúl Castro Ruz.

"Pero si hay algo en lo que yo creo," afirmó,"es en estos dos hombres".

Muchos aspectos del estilo de vida del joven Castro contrastan con la imagen de un eventual dirigente comunista.

Rodríguez Castro creció rodeado de privilegios.

En un país que ha vivido décadas de escasez casi permanente, disfruta de una vida con acceso a aviones privados, yates de lujo y la posibilidad de viajar libremente, algo fuera del alcance de la mayoría de los cubanos, aunque él mismo también está sujeto al embargo estadounidense heredado de la Guerra Fría.

Durante sus 20 y 30 años ganó fama de fiestero mientras recorría el mundo como agregado de Raúl Castro. Habla con entusiasmo del ritmo incesante de Nueva York, donde asistía a partidos de los Yankees desde asientos cerca del terreno de juego. (Su pelotero favorito era Derek Jeter). También admira el romanticismo y la gastronomía de París, e imagina una Cuba donde sus ciudadanos puedan comprar foie gras en los supermercados. De Moscú destaca su opulencia.

Fidel Castro era conocido por usar dos relojes Rolex al mismo tiempo y regalarlos a comandantes militares de su confianza. Rodríguez Castro lleva un Rolex de acero inoxidable en la muñeca izquierda. (Ambos son zurdos).

Entre 2024 y finales de 2025, Rodríguez Castro realizó al menos 23 viajes privados a Panamá a bordo de un avión privado, donde fue visto realizando compras de artículos de lujo. Así lo documentó una investigación conjunta del diario panameño La Prensa, el medio venezolano Armando.Info, la organización Transparencia Venezuela en el Exilio y el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística, con sede en Costa Rica.

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En uno de esos viajes, confirmó que estuvo acompañado por la general de brigada Ania Guillermina Lastres Morera, quien heredó el imperio de GAESA tras la muerte, en 2022, de Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, padre de Rodríguez Castro. Recientemente, Estados Unidos la sancionó por su vinculación con GAESA.

Rodríguez Castro, ahora en sus 40 años, no negó que esos viajes ocurrieran. Afirmó que el objetivo era buscar oportunidades de inversión para Cuba.

"Me duele mucho que las personas no puedan vivir como yo. Mi mayor pesar es que la gente pase trabajo. Pero me levanto todos los días para revertir esa situación," dijo.

GAESA extiende su influencia por buena parte de la economía cubana: hoteles, inversiones inmobiliarias, constructoras, puertos, casas de cambio, servicios aduaneros y otros sectores. Según registros financieros filtrados y publicados por el Miami Herald, sus ingresos en 2023 superaron en más de tres veces el presupuesto total del Estado cubano.

Rodríguez Castro ayuda a supervisar GAESA, participa en algunas de sus operaciones y actúa como enlace entre el conglomerado y su abuelo. Afirma que el término que mejor describe su función es "apoyar". También sostiene que GAESA representa una porción mucho menor de la economía cubana de lo que habitualmente se informa, alrededor del 15%. Según dijo, esos recursos se destinan a la compra de alimentos, medicinas y combustible. (USA TODAY no pudo verificar de forma independiente ninguna de esas afirmaciones).

En los documentos oficiales, Rodríguez Castro figura como responsable de la seguridad de los principales dirigentes de Cuba. En la práctica, también asesora sobre oportunidades de inversión, negociaciones y decisiones de política pública, en cualquier ámbito que los dirigentes con funciones oficiales —como el presidente Miguel Díaz-Canel— consideren necesario.

La familia Castro ha sido vinculada, principalmente a través de GAESA, con un lucrativo entramado de hoteles, bancos, monopolios comerciales, negocios en divisas, complejos privados para extranjeros y cuentas en paraísos fiscales. Antes de su muerte, a los 90 años, la revista Forbes estimó la fortuna personal de Fidel Castro en unos 900 millones de dólares, una cifra que él rechazó rotundamente.

Rodríguez Castro insistió en que no posee riqueza propia. Asegura que su ropa de diseñador, los vehículos de lujo que utiliza en el extranjero y sus costosos viajes internacionales son financiados por amigos adinerados y admiradores. Pocos de sus críticos consideran creíble esa explicación.

Rodríguez Castro también es un apasionado del gimnasio. Aficionado al levantamiento de pesas, asegura que entrena al menos seis veces por semana. Incluso contó que en una ocasión hizo ejercicio a bordo de un avión, a unos 30,000 pies de altura, para sorpresa y molestia de los asistentes de vuelo.

"Es el Hegseth de Cuba", dijo una persona familiarizada con la disciplina física de Rodríguez Castro, en alusión al secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, quien en ocasiones entrena junto a soldados estadounidenses. Según esa fuente, Rodríguez Castro proyecta una imagen similar de hombre fuerte.

También disfruta cantar y bailar.

Un video de 2017 lo mostró bailando sobre el escenario junto al popular dúo de reguetón Gente de Zona en Varadero, un destino turístico famoso por sus playas de arena blanca y, al mismo tiempo, prácticamente inaccesible para la mayoría de los cubanos. En las imágenes aparece con una camiseta de los New York Yankees, bailando de forma sugerente al ritmo de la percusión y de las voces sincopadas del grupo.

En la espalda de la camiseta se leían dos palabras: "El Cangrejo".

La administración Trump ha evitado dejar claro quién, si es que considera a alguien, puede ser un interlocutor confiable con Cuba.

Rodríguez Castro cree que esa persona es él.

Con el tiempo ha desarrollado canales de comunicación, directos e indirectos, con altos funcionarios estadounidenses como el secretario de Estado Marco Rubio; empresarios con buenas conexiones políticas; y personas cercanas a la Casa Blanca, entre ellas Victor Mellor, candidato republicano al Congreso por Rhode Island, quien viajó dos veces a La Habana en junio para reunirse con Rodríguez Castro. (El Departamento de Estado dijo que no autorizó ese viaje).

Todos buscan influir en la política de la administración Trump hacia Cuba.

Cuando habla de negociar con la Casa Blanca, Rodríguez Castro lo hace con absoluta convicción. Gesticula con sus manos y alterna un tono de voz pausado. Asegura que está decidido a no renunciar a la ideología por la que luchó su familia. Después de todo, afirma, fue su abuelo quien lo eligió para asumir ese papel.

"Los lideres históricos (de la Revolución) siempre tendrán su lugar," afirmó en La Habana.

Sin embargo, según una persona que compartió varias comidas con Rodríguez Castro en La Habana durante los últimos meses, no parece ambicionar el poder político. Esa fuente sostiene que Rodríguez Castro cree ser quizá el único capaz de responder a las exigencias de cambio de Estados Unidos sin renunciar a los ideales de la revolución.

"Raulito les ofrece mayor flexibilidad porque es una figura cuasi oficial. Es un militar. Pero su papel es mucho más amplio de lo que refleja oficialmente", afirmó Pablo Uchoa, especialista en temas de seguridad en América Latina del University College London.

Rodríguez Castro habló por primera vez con Rubio en enero, poco después de que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos capturaran al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, durante una operación en Caracas. En el operativo murieron 32 soldados cubanos que integraban el equipo de seguridad de Maduro. Rodríguez Castro aseguró que conocía a muchos de ellos personalmente.

Un mes después coincidió con Rubio en San Kitts y Nevis. En abril sostuvo una reunión en el Palacio de Convenciones de La Habana con Jeremy Lewin, funcionario del Departamento de Estado que hasta hace poco supervisaba toda la asistencia exterior de Estados Unidos y era, en la práctica, el principal enviado de Rubio para los asuntos relacionados con Cuba. Rodríguez Castro también estuvo presente cuando el director de la CIA, John Ratcliffe, visitó La Habana en mayo.

La administración Trump ha impuesto sanciones contra decenas de empresas vinculadas al gobierno cubano, así como contra altos funcionarios del régimen y sus familiares, incluido el propio presidente.

Hasta el momento, Rodríguez Castro no ha sido sancionado.

Según Ricardo Herrero, director ejecutivo del Cuba Study Group, una organización no partidista de líderes cubanoestadounidenses que promueve la reconciliación con Cuba, esa decisión parece haber sido deliberada. Tras la operación militar estadounidense en Venezuela, la administración Trump apostó a que Rodríguez Castro podría convertirse en el interlocutor capaz de impulsar cambios económicos y políticos en la isla. Un exfuncionario estadounidense confirmó que, desde hace meses, Washington evalúa discretamente a Rodríguez Castro como un posible canal de comunicación.

Herrero sostiene que Estados Unidos optó por negociar con Rodríguez Castro en lugar de Alejandro Castro Espín, único hijo de Raúl Castro y quien encabezó las negociaciones con la administración Obama durante el breve acercamiento bilateral que Trump posteriormente revirtió en parte. De esa manera, dijo Herrero, un eventual acuerdo no sería visto como un "Obama 2.0".

"Esta administración ha contribuido a crear a Raulito", afirmó Herrero. "Ha logrado construir consenso entre los distintos grupos del Estado cubano a favor de una apertura del mercado. Pero eso no basta para quienes rodean a Rubio, que buscan un cambio político, no solo económico".

En contraste, ningún integrante de la administración Trump ha mantenido un diálogo directo con el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, el primer mandatario del país que no lleva el apellido Castro. Rodríguez Castro insiste en que trabaja en sintonía con Díaz-Canel, a quien llama cariñosamente "Miguelito", y asegura que ambos comparten la misma visión.

Según Rodríguez Castro, Cuba está cumpliendo con su parte al impulsar lo que considera reformas profundas e históricas a su economía estatal. El 18 de junio, las autoridades cubanas presentaron un plan —que aún no ha sido ratificado por el Parlamento— con más de 170 medidas de amplio alcance para privatizar una parte importante de la economía socialista del país. Rodríguez Castro aseguró que utilizó su influencia para sacar adelante esas reformas. La concesión más significativa, afirmó, contempla compensar a cubanos y estadounidenses cuyos bienes fueron confiscados durante la revolución.

Rodríguez Castro también sostiene que, pese a lo que afirman Rubio y otros funcionarios de la administración Trump, Cuba no representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos ni debe ser considerada un Estado patrocinador del terrorismo. Añadió que, bajo las condiciones adecuadas, el gobierno estaría dispuesto a liberar a "personas consideradas presos políticos". La organización jurídica con sede en Madrid Prisoners Defenders estima que actualmente hay más de 1,200 presos políticos en Cuba.

"La verdad no es absoluta," afirmó Rodríguez Castro.

El Departamento de Estado calificó públicamente las medidas anunciadas por Cuba como un simple gesto de apariencia, sin cambios de fondo.

Rodríguez Castro presenció cuando su abuelo firmó el acuerdo con la administración Obama. Cree que esa experiencia lo convierte en una persona especialmente preparada para el momento actual.

Pero, sobre todo, Rodríguez Castro no es su abuelo.

En mayo, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó formalmente a Raúl Castro por el incidente ocurrido en 1996, cuando aviones militares cubanos derribaron dos aeronaves civiles con base en Miami. En el ataque murieron tres ciudadanos estadounidenses y un ciudadano cubano. En ese momento, Raúl Castro era ministro de las Fuerzas Armadas de Cuba.

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El hombre de los tenis Hermès optó por un camino distinto para la diplomacia.

A mediados de abril, Rodríguez Castro envió una carta secreta a Trump que, según dos personas cercanas a la administración Trump que no estaban autorizadas para hablar públicamente, tenía la apariencia de una comunicación diplomática oficial y llevaba un sello del gobierno cubano.

El documento estaba concebido como un mensaje enviado por un canal discreto. Planteaba propuestas de cooperación económica y de inversión, solicitaba a Estados Unidos levantar las sanciones contra Cuba y advertía que el gobierno cubano estaba preparado para resistir cualquier acción militar estadounidense.

El plan fracasó cuando un agente de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos interceptó la carta en el Aeropuerto Internacional de Miami. El documento era transportado por el empresario cubano Roberto Carlos Chamizo. El agente confiscó la carta y lo envió de regreso a La Habana. No está claro si Trump llegó a conocer su contenido.

Rodríguez Castro y Chamizo, su amigo, negaron a USA TODAY que la carta estuviera dirigida al presidente Trump.

Aun así, el episodio es una de las múltiples señales de que Rodríguez Castro intenta abrir una nueva etapa en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Mientras tanto, Rodríguez Castro ha intentado demostrar que sabe negociar.

A mediados de junio respaldó personalmente un acuerdo para el suministro de combustible con Vanguard Energy, una empresa con sede en Coral Gables, Florida, dedicada al comercio de combustibles en el Caribe y América Latina, confirmaron dos personas cercanas a las gestiones.

El acuerdo no habría resuelto la creciente crisis energética de Cuba. Pero sí representaba un alivio.

La Casa Blanca bloqueó la operación a último momento por objeciones al uso de instalaciones de almacenamiento pertenecientes a Cuba Petróleo (CUPET), la mayor empresa petrolera estatal del país. Rubio sancionó a CUPET el 11 de junio, el mismo día en que se anunció el acuerdo.

El episodio puso de relieve la capacidad de Rodríguez Castro para impulsar acuerdos entre Estados Unidos y Cuba. Pero también dejó en evidencia que su margen de maniobra depende de las decisiones de los principales responsables de la política estadounidense hacia la isla, entre ellos Rubio, quien sostiene en términos generales que no existe un verdadero sector privado en Cuba, según una persona familiarizada con el asunto.

A principios de junio, Rubio declaró ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes que no había encontrado a ningún funcionario cubano capaz de liderar una "transición" hacia un gobierno alineado con los intereses de Estados Unidos, similar al papel que desempeñó Delcy Rodríguez en Venezuela como presidenta interina reconocida por Washington.

"Realmente no creo que este sistema sea capaz de reformarse, a menos que nuevas personas asuman el poder o prevalezca una nueva forma de pensar," declaró Rubio durante su testimonio.

Según una persona familiarizada con la visión de la administración Trump sobre Cuba, los Castro pretenden heredar el control del país de una generación a otra, como si se tratara de un patrimonio familiar.

Algunos expertos en Cuba dudan de que Rodríguez Castro pueda asumir un papel de liderazgo dentro del gobierno formal. Argumentan que el sistema político cubano, basado en instituciones superpuestas, está diseñado para privilegiar el consenso por encima del liderazgo individual. Un alto funcionario conocedor de la dinámica política interna de la isla coincidió con esa valoración.

"No ocupa ningún cargo oficial en el gobierno. Los funcionarios cubanos son muy claros sobre quiénes representan oficialmente al Estado", afirmó el representante demócrata por Illinois Jonathan Jackson, quien visitó Cuba en abril para reunirse con altos funcionarios del país.

Jackson no considera que Rodríguez Castro sea un actor determinante en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

"Raulito es poderoso Tiene acceso. Es alguien con quien la Casa Blanca puede hablar. Pero no puede actuar al margen del sistema político cubano", dijo Uchoa, del University College London.

También queda la incógnita de qué ocurrirá con la autoridad de Rodríguez Castro cuando fallezca su abuelo.

Raúl Castro conservó su poder gracias a su cercanía con su hermano Fidel. La historia demuestra que las sucesiones familiares, ya sea en Corea del Norte o en Siria, suelen producirse mediante un férreo control autoritario, donde el verdadero traspaso del poder depende de quien controle las Fuerzas Armadas.

El principal jefe militar de Cuba, el general Álvaro López Miera, de 82 años, ha sido un aliado incondicional de Raúl Castro desde que ambos combatieron juntos siendo adolescentes durante la Revolución Cubana. No está claro qué piensa López Miera sobre el nieto de su antiguo compañero de lucha.

"Rodríguez Castro es el avatar de Raúl Castro y concentra mucho poder mientras su abuelo siga con vida", afirmó María José Espinosa, directora ejecutiva del Center for Engagement and Advocacy in the Americas, con sede en Washington.

Esa relación fue la que le abrió las puertas. Rodríguez Castro no quiso revelar detalles de sus conversaciones con Washington, aunque aseguró que comprende la complejidad del momento. Lo dijo desde la oficina que perteneció a su abuelo y que hoy ocupa él.

A su alrededor había sillones de cuero sintético color beige distribuidos alrededor de mesas bajas decoradas con flores de seda. Detrás de él, colgaba un cuadro con caballos galopando en silueta, una imagen apropiada para alguien que tiene entre sus pasatiempos la caza y la equitación.

Dentro de la oficina apenas se escuchaba el zumbido constante de un aire acondicionado de ventana. Más allá de esas paredes, gran parte del edificio permanecía a oscuras.

Las luces permanecían apagadas para ahorrar electricidad en medio de la escasez de combustible que afecta a Cuba desde principios de año. El inmenso Palacio de Convenciones de La Habana transmitía una sensación de penumbra. Un palacio del poder para un solo hombre.

Varios días después, Rodríguez Castro entró por la puerta trasera del restaurante El Antojo, en La Habana Vieja, escoltado por sus guardaespaldas.

Volvía a vestir sus característicos jeans ajustados azul claro. Esta vez los combinaba con una camiseta blanca entallada de Dolce & Gabbana y tenis de diseñador a juego.

Mientras un DJ ambientaba el lugar con música dub lounge, Rodríguez Castro se acomodó en un sofá de cuero de la cava de puros ubicada en el tercer piso de El Antojo, un restaurante donde una ropa vieja cuesta 4,200 pesos, cerca de dos tercios de lo que la mayoría de los cubanos gana en un mes. Allí mismo se había reunido días antes con el empresario Victor Mellor, aspirante republicano al Congreso por Rhode Island.

"Siéntate, mi corazón", le dijo a la mesera que lo atendia quien permanecía de pie afuera del salon.

Nadie encendió un puro. Pero Rodríguez Castro mantuvo la conversación durante más de cinco horas, en una escena que recordaba las largas reuniones nocturnas de Fidel Castro.

Afuera, las calles oscuras de La Habana Vieja se extendían por kilómetros. Decenas de cubanos caminaban por el Paseo del Prado intentando escapar del calor sofocante de sus viviendas. Muchos se reunían cerca de los hoteles en busca de una señal de Wi-Fi para sus teléfonos celulares.

El Floridita y Sloppy Joe's, dos establecimientos turísticos inmortalizados por el escritor estadounidense Ernest Hemingway, permanecían cerrados y a oscuras.

Dentro del restaurante, Rodríguez Castro comenzó la noche con un Aperol Spritz y luego pidió un vino tinto de California que no figuraba en el menú. Contó que fue Fidel Castro quien le enseñó a beber vino mientras comía chicharrones con limón. Al terminar la noche, interpretó a capela una canción de Nicky Jam.

Su visión para Cuba, dijo, pasa por alcanzar "tanta prosperidad que es difícil imaginarla."

El modelo que imagina será "innatamente cubana", incluso si toma elementos de China o Vietnam, dos países que evolucionaron desde economías de estilo soviético hacia modelos capitalistas con resultados exitosos, aunque imperfectos.

"Pronto", aseguró, los cubanos podrán encontrar en Cuba todo aquello que buscan en otros países". No dio más detalles.

Al salir del restaurante, un desconocido se acercó para abrazarlo.

"Mi sangre", expreso el desconocido, "yo se que contigo regresara la luz a La Habana".

Resulta evidente que Rodríguez Castro se ha convertido en una figura central de un proceso cuyo desenlace ha eludido a todos los presidentes de Estados Unidos desde 1959: el inicio de una nueva etapa para Cuba.

Puede que Rodríguez Castro llegue o no a ocupar la cúspide del poder formal en la isla. Puede incluso que nunca logre concretar el acuerdo que ambas partes buscan. Pero, en cierto sentido, ya ejerce el mando.

En las reuniones con altos funcionarios cubanos, todos le ceden la palabra. Cuando recorre un pasillo, quienes lo ven se ponen de pie. En un restaurante, su mesa es la única ocupada.

Y cuando camina por la calle, los cubanos paran lo que están haciendo para seguirlo con la mirada.

Romina Ruiz-Goiriena, editora ejecutiva de Investigaciones y Narrativas de USA TODAY, reportó desde La Habana.

Kim Hjelmgaard es periodista de investigación de USA TODAY y cubre historias internacionales, desde hogares hasta zonas de conflicto. Síguelo en X: @khjelmgaard.

Rick Jervis es corresponsal nacional del equipo de Investigaciones de USA TODAY. Síguelo en X: @MrRJervis.

Francesca Chambers es corresponsal de la Casa Blanca para USA TODAY y cubre política exterior. Síguela en X: @fran_chambers.

Nick Penzenstadler es reportero del equipo de Investigaciones de USA TODAY. Puede ser contactado en npenz@usatoday.com, en X: @npenzenstadler o a través de Signal al (720) 507-5273.

Traducción: Boris Q’va es reportero nacional de noticias en tendencia en español para Connect/USA TODAY Network. Puedes seguirlo en X como @ByBorisQva o escribirle al correo BBalsindesUrquiola@gannett.com.

Edición: Carlos Frías, editor adjunto de Investigaciones y Narrativas de USA TODAY.

Ilustraciones: Ariana Torrey.

Video: LeeAnne Lowry y Connor Ling.

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Fuente: usatoday.com