La Habana, 2 jul (EFE). -Los edificios en La Habana con más de un siglo de construidos, con derrumbes parciales o a punto del colapso, pero en los que aún viven personas, reflejan el severo deterioro del fondo habitacional en la isla, una crisis ante la cual, la respuesta del Gobierno cubano ha sido la adaptación de los contenedores en casas.
El déficit en Cuba supera las 800.000 viviendas, según cifras oficiales, un problema irresuelto por décadas y agravado con los eventos climatológicos y las limitaciones materiales.
La situación se profundiza en un contexto marcado por una crisis energética desde hace dos años y agravada por el bloqueo petrolero de EE.UU. desde enero, que mantiene a la economía estatal casi paralizada.
Los adultos mayores representan uno de los sectores más vulnerables y así lo demuestra Rolando Din, de 82 años, quien sobrevive entre escombros y bajo un techo improvisado en la esquina de Perseverancia y San Lázaro en Centro Habana, tras derrumbarse su antiguo hogar por condiciones climáticas y las demoliciones parciales del Estado de las edificaciones a su alrededor.
"Vivo aquí, duermo aquí y mi condición sanitaria es la intemperie”, detalla con dureza Din, quien para subsistir se dedica a recoger basura y cuenta que para cocinar lo hace en hornos improvisados de "ladrillo y leña", en medio de apagones que superan en la capital cubana las 20 horas consecutivas.
Al ser cuestionado por el apoyo institucional, decepcionado y con tono desconsolado afirma que "la única respuesta que me pueden dar es, vamos a esperar que vaya para el cementerio y allí te daremos una habitación".
A pocas calles, Vilma Rosa de la Cruz, de 75 años, experimenta un calvario similar. Jubilada por cuestiones de salud y actualmente beneficiaria de la asistencia social tras sufrir una isquemia transitoria, habita con temor extremo en un inmueble en riesgo inminente de desplome, en la esquina de Sol y Monserrate, en La Habana Vieja.
"No puedes dormir porque sientes cómo caen los pedazos", confiesa De la Cruz, cuyos nervios dice, se agravaron tras el colapso reciente de una pared contigua.
"Estoy esperando por la inspección de la Oficina de Eusebio Leal porque yo quiero irme para otra parte", detalla la anciana en referencia a la oficina del Historiador de La Habana Vieja que se ha encargado desde la década de los 90 del siglo XX, del programa de la restauración y preservación de La Habana Vieja.
"Si no vienen, yo me voy como quiera", afirma decidida la anciana, aunque dice aún no saber a dónde.
Casas en contenedores
Frente a la crisis habitacional, el Gobierno cubano anunció en marzo pasado que impulsaba un “ambicioso proyecto” para convertir más de 3.500 contenedores marítimos de metal en viviendas en varias provincias del país, en una isla donde las temperaturas alcanzan más de 30 grados celsius.
En el municipio Plaza, uno de los más acomodados de La Habana, fueron entregadas dos de estas casas, que poseen aislamiento térmico para tratar de combatir el calor y compuestas por dos dormitorios, una cocina-comedor y el baño; mientras, en el municipio Marianao, en la periferia de la capital, se construye un asentamiento con unos 80 de estos contenedores.
El arquitecto cubano y exprofesor de la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría, Abel Tablada, señaló a EFE que esta solución "es viable", teniendo en cuenta "la situación actual en que la industria de materiales de la construcción está casi detenida como el resto de las industrias en el país”.
Sin embargo, advierte que "no debería ser el único programa de desarrollo de vivienda emergente en el país, pues la demanda es inmensa".
Ante la posibilidad de que estas casas resistan los fuertes huracanes, uno de fenómenos naturales que más afecta la isla, el arquitecto cubano, explica que los contenedores están "preparados para resistir fuertes vientos por su propio peso", pero, "cuando se adaptan para viviendas, su estructura se debilita con las aberturas y la adición de elementos de protección solar, la doble cubierta o tanques de agua".
Aunque el Gobierno cubano no ha dicho si ésta será una solución temporal o permanente, Tablada, indica que "al albergar a una población de muy bajos recursos que no tendrá la posibilidad de comprar una nueva vivienda y al no haber posibilidad real de construir alternativas más convencionales y duraderas, se puede prever que esas familias vivirán en ellas más de cinco años".
Claudia Dupeirón
(c) Agencia EFE