2026-03-27 18:27:46 - ARGENTINA
En un discreto tramo de Ives Dairy Road, en el norte de Miami-Dade, un edificio de oficinas ofrece “oficinas virtuales” en alquiler: direcciones postales y salas de reuniones por $50.
No hay letreros que identifiquen a las compañías que, sobre el papel, recibieron decenas de millones de dólares vinculados a una de las mayores investigaciones de corrupción en el fútbol argentino.
Sin embargo, registros bancarios confidenciales y documentos corporativos revisados por el Miami Herald ubican esa dirección —y otras en el sur de Florida— en el centro de una red financiera que movió al menos $260 millones relacionados con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
“Estamos hablando de al menos $260 millones… y es una cifra provisional que va a crecer”, dijo Nicolás Pizzi, periodista de investigación del diario argentino La Nación, quien destapó el caso, durante un foro reciente en Miami organizado por el Instituto Interamericano para la Democracia.
El escándalo se expande ahora a una investigación internacional que coloca a Miami como un nodo clave en una trama de empresas fantasma, transferencias offshore y flujos financieros opacos. El patrón, según expertos, es conocido: dinero que circula con rapidez, estructuras que ocultan a sus verdaderos dueños y controles que no logran seguir el ritmo.
Pero algunos de los hallazgos más llamativos van más allá de las estructuras corporativas y apuntan directamente al uso del dinero.
Según La Nación, la AFA pagó $340,000 a la familia de un supuesto “guía espiritual” que acompañó a la selección argentina en torneos como la Copa América y el Mundial.
Los pagos —17 transferencias de $20,000 —fueron enviados al hijo de José Almaraz, un exfutbolista cercano a la dirigencia. Su función nunca fue formalmente definida, pero dirigentes creían que traía buena suerte, y todos sus gastos de viaje eran cubiertos.
La investigación también identificó otras transferencias cuestionadas: $468,000 a una empresa vinculada al tesorero de la AFA, Pablo Toviggino; $40,000 a su pareja; y $2.3 millones a una compañía registrada en Estados Unidos a nombre de una persona sin un perfil financiero claro.
En total —incluyendo $42 millones canalizados a través de empresas fantasma en Florida y al menos $16.5 millones en gastos de lujo— los investigadores han rastreado cerca de $90 millones en posibles usos irregulares.
El hecho de que las transacciones hayan pasado por bancos estadounidenses y compañías registradas en Florida ha captado la atención de autoridades en Estados Unidos. Las agencias analizan posibles violaciones relacionadas con lavado de dinero y normas financieras, en coordinación con investigadores argentinos. Expertos advierten que casos de esta magnitud pueden tardar años en resolverse.
La historia no comienza en Miami, sino tras una victoria.
En 2021, Argentina ganó la Copa América, poniendo fin a una sequía de 28 años. Semanas después, se creó en Florida una empresa: TourProdEnter LLC.
Para diciembre de ese año, la compañía —sin trayectoria visible en la industria— había firmado un contrato clave con la AFA. Según La Nación, se convirtió en el “agente comercial exclusivo para el exterior”.
En la práctica, dicen los investigadores, funcionó como intermediario financiero: recaudando ingresos por patrocinios, derechos de televisión y partidos internacionales, pagando gastos en el extranjero y transfiriendo fondos.
“No tenía empleados, ni estructura, ni antecedentes… no prestaba un servicio. Simplemente, cobraba el dinero y lo distribuía”, dijo Pizzi.
Durante cuatro años, TourProdEnter acumuló al menos $260 millones en cuentas en Estados Unidos, en bancos como Bank of America, Citibank, Synovus y JPMorgan Chase.
La cifra rivaliza —y podría superar— los montos del escándalo de corrupción de la FIFA que sacudió al fútbol mundial hace una década.
Pero la pregunta clave no es cuánto dinero entró. Es a dónde fue.
El uso de intermediarios no era nuevo.
Según La Nación, la AFA ya había utilizado empresas en jurisdicciones como Guernsey, Delaware y España para manejar ingresos internacionales, con comisiones de hasta 30%.
TourProdEnter sería la continuación de ese esquema, pero a mayor escala.
Documentos revisados por el Miami Herald muestran que al menos $42 millones fueron transferidos a cuatro empresas registradas en Florida sin empleados, sin actividad comercial visible y sin operaciones reales.
Según el diario argentino, estas entidades estaban “gestionadas por personas con escasos recursos económicos”. Los perfiles llaman la atención: un empleado de farmacia, un trabajador de tienda, un empresario en quiebra. Personas sin experiencia en manejar millones.
Aun así, estaban vinculadas a compañías que recibieron grandes sumas de dinero.
Los investigadores creen que se trata de “empresas vehículo”, estructuras utilizadas para mover fondos y dificultar el rastreo de su destino final.
El caso también expone las facilidades del sistema corporativo en Florida.
Crear una empresa es rápido, barato y requiere poca información. Las oficinas virtuales permiten operar sin presencia física, y los agentes registrados pueden ocultar la identidad de los verdaderos dueños.
Para muchos, es una herramienta legítima.
Pero también puede ser aprovechada para mover dinero sin dejar rastro claro.
Los registros muestran transferencias frecuentes y rápidas entre cuentas, en algunos casos incluso después de que las empresas habían sido disueltas.
La ruta del dinero tampoco termina en Miami.
Otros $109.9 millones fueron enviados a través de una firma en Uruguay y gestionados mediante una estructura en las Islas Vírgenes Británicas.
Estas operaciones no son necesariamente ilegales, pero dificultan seguir el rastro.
Parte del dinero, sin embargo, sí dejó huella.
Los documentos muestran gastos millonarios en lujo: aviones privados, yates, propiedades, actividades ecuestres y entretenimiento VIP.
Según La Nación, los pagos incluyeron “aviones privados, equitación, yates, peluquería, autos, residencias de verano y entradas VIP al teatro”.
En total, al menos $16.5 millones se destinaron a este tipo de gastos.
En el centro del caso están figuras cercanas a la dirigencia de la AFA.
Aunque los documentos no siempre mencionan nombres directamente, los investigadores han reconstruido vínculos a través de fechas, transacciones y relaciones personales.
Las solicitudes de comentarios han sido en gran parte ignoradas.
La AFA no ha explicado en detalle su relación con TourProdEnter, más allá de referencias generales a servicios comerciales.
Ese silencio ha aumentado las dudas.
“El mismo sistema que expusimos sigue funcionando”, advirtió Pizzi.
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