2026-06-27 09:02:29 - ARGENTINA
EL CALAFATE.- El frío de la Patagonia desafina las guitarras y entumece los dedos. Joaquín Sturzenbaum lo sabe. Pero su objetivo era urgente: quería grabar el himno nacional argentino sobre el hielo antes del primer partido de la selección argentina en el Mundial 2026.
Cuando se subió al glaciar Perito Moreno con su guitarra eléctrica celeste, una computadora y un dron, se propuso no dejar que el frío le ganara la sesión. Tenía apenas unas horas de luz y la dificultad de que las baterías se consumen rápido a temperaturas bajo cero.
“En cuanto arranqué a tocar, estaba tan feliz que ni me acordé del frío”, cuenta ahora a LA NACION, con la calma de quien ya sabe que la historia salió bien, pero también con una pausa en el hablar que cultiva quien vive en la estepa patagónica. “Yo estoy acostumbrado a agarrar la guitarra en el campo y tocar igual. Cuando llegamos al glaciar, solo estaba enfocado en que salga la canción, aunque ya había subido varias veces. Poder tocar arriba fue un sueño”.
Sturzenbaum tiene 24 años y vive entre Santa Cruz y Buenos Aires. Se recibió de licenciado en Turismo en la Universidad del Salvador, pero la pasión de su vida es la música que compone desde chico y en la que busca que se entrelacen todos sus mundos. Hoy su vida se divide entre su trabajo en un campo de Santa Cruz —con el que financia su veta artística— y su vida en Buenos Aires, donde se mudó para estudiar y donde desarrolla, en paralelo, su actividad musical.
La idea de tocar el himno había nacido unas semanas antes, de regreso de un show en el pub Makena, en Buenos Aires. Su objetivo era dar a conocer su música y transmitir un mensaje patriótico con algo que fuera genuinamente patagónico. Y así, en vísperas del Mundial, la ecuación se armó sola: el glaciar es de todos, el himno es de todos, y el primer partido era la excusa perfecta para unirlos.
Siguieron semanas de trámites y permisos. Debía obtener la autorización de la intendencia del Parque Nacional Los Glaciares, con el apoyo logístico de Hielo y Aventura, la empresa que opera las excursiones sobre el glaciar.
Creó una versión con arreglos propios que tomó como base las melodías de cancha que se escuchan antes de cada partido de la selección. “Quería una versión que comunicara la esencia de lo que somos como proyecto”, explica. “Una versión que estuviera a la altura de lo que es el glaciar.”
El día de la grabación, él y su equipo estuvieron cinco horas en el hielo. Su padre Juan lo acompañó y ofició de camarógrafo con el celular, mientras un dron contratado los sobrevolaba. Los guías de la empresa les indicaban los caminos, los tiempos y también las pausas, ya que, si bien es junio, aún hay algunos grupos haciendo trekking sobre el glaciar.
El clima cambiaba cada 20 minutos. Joaquín enchufó la guitarra eléctrica directo a la placa de audio, conectada a su computadora, y era el único que escuchaba lo que salía. “Cero contaminación auditiva”, asegura. Él, su guitarra y apenas el sonido glacial de fondo.
Con el material en la computadora, puso todo en manos de dos equipos que se ocuparon de la producción, mezcla y mastering del material, al que le sumaron las voces y coros de Catalina Rey. Una semana después de la grabación, el video estaba editado y mezclado. Salió el día previo al primer partido de la selección argentina.
Sturzenbaum nació en Río Gallegos y desde los 11 años su padre le inculcó la importancia de conocer el trabajo en el campo, al que se dedica buena parte de la familia. Así fue aprendiendo las tareas en la estancia La Querencia —margen norte del lago Argentino— y Santa Teresita, sobre el lago Viedma. Señaladas, corrales, mangueo, clasificación de animales, reparación de tractores, alambrado. “En el campo tenés que hacer de todo”, dice sin dramatismo. “Tratar de arreglar un tractor, hacer alambre...Hay mucho laburo de logística y mucha rutas y mucho viaje”, agrega.
Es esa vida la que alimenta Ruta Cero, su proyecto musical. El nombre no es casual: la ruta cero no existe en los mapas, pero para él es el camino que va hacia adentro, hacia el campo, donde termina el asfalto y empieza el ripio. “Vos estás en la nada misma, donde la Patagonia no te da nada, pero te da todo”, le dijo una vez su productor, Damián Silva. Esa frase se convirtió en el eje de todo lo que compone.
“Tenemos que reconectarnos con nosotros mismos”, explica cuando intenta resumir el mensaje del proyecto. “Ese lugar del que sos y desde donde salís a buscar la vida. Ir a tratar de hacer lo que te hace feliz, aprender, crecer. Que te reconecte con tu esencia”, afirmó el músico.
Cuenta que su abuelo, Heinz Sturzenbaum, de 85 años, también un conocido productor de campo, le repite siempre lo mismo: no hay que conformarse, siempre tenés que buscar algo mejor.
Musicalmente, Sturzenbaum creció escuchando a Andrés Calamaro, Pink Floyd y Coldplay. Después llegaron el blues, BB King, Clapton y más acá, Charly García y Spinetta. Todo eso convive en Ruta 0, un rock con raíces criollas y textura patagónica, en inglés y español. “Hay canciones que tienen mucho blues”, admite. “Indirectamente, en la música está todo eso”, se refiere a su primer disco que va saliendo en etapas: “When you least expect it”.
El proyecto es completamente autofinanciado. Cuando no está grabando o componiendo, Joaquín está en el campo. Lo que gana trabajando con las ovejas se convierte en horas de estudio, en mezclas, en diseño gráfico y en los sueldos de los músicos que lo acompañan.
La imagen del músico rockero que esquila ovejas en la Patagonia y graba el himno sobre un glaciar podría parecer construida. Pero en Sturzenbaum todo parece encajar con naturalidad.
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