De Berisso a Lituania: su empresa quebró y empezaron de cero en Europa, de la mano de recetas argentinas tradicionales

2026-06-22 20:20:29 - ARGENTINA


Los primeros meses no fueron sencillos. “Fue difícil, como lo es todo comienzo. El idioma es una barrera importante y no toda la gente con la que tenés que tratar para comprar máquinas o insumos habla inglés. El lituano es muy difícil; yo sé apenas cuatro palabras”, explicó el argentino Carlos Araujo, de 68 años, oriundo de Berisso, desde su nuevo hogar, en Lituania.

Tenía ya 65 años cuando, junto a su mujer, Mónica Petronis, de 51, decidieron dejar Buenos Aires y empezar de cero. El matrimonio había estado durante años al frente de una empresa dedicada a la limpieza de superficies. Hoy, manejan un restaurante de comida argentina que conquista tanto a los lituanos como a los argentinos que viven en el exterior: La Empanada.

Se conocieron en el trabajo, en 1998, cuando ambos trabajaban en una estación de servicio. En 2007, tras su salida de la empresa, abrió un negocio de ropa femenina y decidió contactar a su antigua compañera de trabajo para que fuera la encargada del lugar. Al tiempo comenzaron a salir y, algunos meses después, se pusieron de novios.

El 15 de febrero de 2013, Mónica y Carlos se casaron. Ese mismo año, él decidió abrir un segundo emprendimiento, una empresa de limpieza de superficies. “Yo comencé con este negocio y ella siguió con la tienda de ropa hasta 2015, cuando la cerramos. Ahí empezó a ayudarme con facturación y con toda la parte administrativa de esta nueva empresa. Nos dedicábamos a limpiar monumentos o trabajábamos después de incendios, por ejemplo, en tareas de limpieza tras los siniestros”, contó Araujo.

La situación de la compañía, que en un principio fue exitosa, comenzó a empeorar. "Teníamos problemas para conseguir insumos y, como las cosas no funcionaban, decidimos cerrarla”, suma su fundador. La pandemia fue el batacazo final. En julio de 2022 decidieron cerrar.

El matrimonio decidió que quería iniciar un nuevo emprendimiento, pero esta vez fuera de la Argentina. La inseguridad también pesó en la decisión de irse. “Tuve un episodio en el que me apuntaron con un revólver y me gatillaron. Estoy hablando con vos porque la bala no salió. Fue una suma de acontecimientos los que hicieron que decidiéramos irnos”, recordó Araujo.

El destino elegido no fue casual. Aunque Carlos es descendiente de italianos, su esposa Mónica tiene raíces lituanas y una parte de su familia pertenece a la histórica comunidad de inmigrantes instalada en Berisso. Antes de viajar ya sabían lo que iban a abrir en Vilna: un restaurante.

“Mi esposa se había preparado con una diplomatura de cocina, así que ya teníamos el proyecto en mente y lo llevamos a cabo. Además, ella tiene ciudadanía, así que ayudó mucho. Nos mudamos con su hijo y los tres empezamos una nueva vida”, señaló. También ayudó el hecho de que su mujer conocía el idioma: “Lo entiende bastante porque de chica lo hablaban sus abuelos y su padre en la casa”, destaca.

Carlos admite que no sabe si volvería a atravesar un proceso similar. “La verdad es que fue un estrés tremendo. Alquilamos una casa desde la Argentina y, por suerte, mi señora tenía algunos familiares que nos contuvieron y nos ayudaron a pasar los momentos más difíciles”, señaló.

“Acá hay aplicaciones para buscar autos, casas o locales comerciales. Nosotros encontrábamos un lugar, enviábamos un mensaje en inglés y después nos contactaban. Así conseguimos alquilar el primer local”, relató Araujo.

Su primer restaurante abrió el 5 de junio de 2023. Antes hubo meses de preparación y aprendizaje. “Alquilamos un utilitario grande y fuimos a comprar máquinas, recorrimos mucho. Nos costó bastante, no fue fácil”, recordó.

En febrero de 2024 tuvieron que cerrar el lugar porque el edificio donde estaba ubicado se vendía y los nuevos dueños tenían otros proyectos. Lograron encontrar otro lugar una semana antes del cierre, esta vez dentro de un centro comercial. Según Carlos, es como “tener un negocio sobre la avenida Corrientes, a una cuadra y media del Obelisco”.

La propuesta gastronómica busca mantenerse fiel a la tradición argentina. “Mi esposa, Mónica, cocina todo al estilo argentino. Por ejemplo, no hacemos empanadas al horno. Pensamos que la verdadera empanada argentina es la empanada frita. Comercialmente convendría hacerlas al horno porque duran más, pero nosotros preparamos todo fresco y las cocinamos en el momento”, explicó.

La única elaboración que quedó a cargo de Carlos son las tapas. “Compré la máquina para hacerlas. Entre los dos producimos todo. Queríamos que el producto fuera lo más auténtico posible”, contó.

Aunque el restaurante nació con la idea de acercar los sabores argentinos a la comunidad emigrada, hoy la mayoría de sus clientes son lituanos. “Los argentinos vienen todos, pero son muy pocos. Deben ser unos 100”, dijo el dueño del espacio.

A ellos se suman los argentinos que viven en otros países europeos y los visitan cuando pasan por Lituania. “Un segmento de nuestros clientes son argentinos que viven en Suecia, Dinamarca, Inglaterra, Suiza y otros lugares. En Europa, viajar es muy sencillo. A veces un pasaje de avión a París cuesta 40 euros, por ejemplo. Entonces vienen un fin de semana, buscan en Google un restaurante argentino y terminan acá”, sostuvo.

Entre las anécdotas que más recuerda aparece la de una clienta que llegó desde Inglaterra. “Nos dijo: ‘Ustedes me hicieron llorar’. Le pregunté por qué y respondió: ‘Porque con la empanada de ustedes recordé mi infancia, a mi abuela, que hacía empanadas fritas igual que estas’”.

La carta apuesta por los clásicos de la gastronomía argentina: ofrecen milanesas clásicas y a la napolitana, además de empanadas de carne, pollo, choclo, caprese, jamón y queso, y espinaca y ricota. Además, en distintas épocas incorporan productos importados desde la Argentina. “A veces traemos dulce de leche, alfajores Havanna y cerveza Quilmes, hacemos humita, revuelto gramajo y otros platos tradicionales. Mi esposa hace chocotorta, lemon pie, flan con dulce de leche y pan casero”.

Para el propietario, el éxito del proyecto también tiene que ver con la curiosidad gastronómica de los lituanos. “Prueban todo. Es una sociedad muy abierta a nuevos sabores. No desconfían como pasa en otros lugares. Nos apoyan mucho porque están dispuestos a conocer comidas distintas. Además, es una ciudad muy cosmopolita y casi todos los clientes hablan inglés, lo que facilita mucho el contacto”, sostuvo.

La apertura del restaurante coincidió, además, con un fenómeno televisivo que despertó el interés de los lituanos por la cultura argentina. Se trató de Tango Manía, un exitoso reality en el que celebridades recorrían Buenos Aires para aprender tango y conocer los lugares más emblemáticos de ese universo. “Fue un programa muy exitoso acá y mucha gente empezó a identificarse con la Argentina gracias a ese ciclo. Incluso hay personas que hoy bailan tango en un teatro que queda sobre la avenida principal de Vilna, donde trabajan artistas argentinos”, contó.

El restaurante mantiene una calificación de 4,8 sobre 5 en Google Maps y recibió durante dos años consecutivos una distinción de Restaurant Guru, uno de los principales portales internacionales de recomendaciones gastronómicas. “Las distinciones corresponden a 2024 y 2025. La de este año todavía no se entregó”, señaló.

Su próximo objetivo es mudarse a un local propio y más grande para ampliar la propuesta gastronómica. “Dentro de poco tal vez podamos mudarnos a un local propio. Vamos a ver cómo nos va. El menú no es muy grande porque el espacio es reducido”, explicó.

Y concluyó: “Si tenemos la oportunidad de instalarnos en un local propio, seguramente vamos a ampliar mucho las recetas, traer más vinos argentinos y seguir creciendo. Tenemos muchos proyectos y, despacio, esperamos poder concretarlos”.

Fuente: google.com