2026-05-30 11:19:42 - ARGENTINA
Durante mucho tiempo, el año sabático y las pausas largas fueron prácticas reservadas a ciertos momentos de la juventud, como el fin de la secundaria o el fin de una carrera universitaria. Pero hoy son cada vez más los argentinos que, ya adultos e insertos en el mercado de trabajo, deciden frenar, abandonar la rutina y probar otra forma de vida.
Algunos lo hacen después de una crisis personal. Otros, por agotamiento, curiosidad o la sensación de estar atrapados en una estructura que dejó de entusiasmarlos. Lo que encuentran en el camino no siempre es ideal, pero muchos coinciden en algo: la experiencia los transforma.
“Me dedicaba al marketing: trabajaba en el área de inteligencia comercial, como analista de datos y business intelligence. Entré muy joven, me formaron ahí y todo lo que aprendí lo hice en ese lugar. Estuve siete u ocho años en la misma empresa, llevaba una vida muy lineal, muy rutinaria”, contó Belén Johnson, de 36 años y oriunda de Florida, Vicente López.
En ese entonces, Johnson estaba en pareja desde hacía varios años: convivía, alquilaba una casa, tenía auto y vacaciones una vez al año. El punto de inflexión llegó con la muerte de su padre. “Falleció por una enfermedad muy dura. Más allá del proceso en sí, el duelo posterior me hizo despertar y preguntarme qué estaba haciendo con mi vida, si tenía sueños pendientes y si realmente los iba a cumplir. Estaba por cumplir 30 años y seguir con esa rutina no me entusiasmaba”, explicó.
Después de atravesar el duelo de su padre, comenzó a investigar alternativas y descubrió las visas Working Holiday. “Te permiten vivir durante un año en otro país, trabajar y recorrer. Se me empezó a meter esa idea en la cabeza y me puse a investigar. Conseguí la visa para Dinamarca y me fui en marzo de 2020, poco antes de cumplir 30, que, en muchos casos, es el límite de edad”, recordó.
Y añadió: “Dejé el trabajo en el que estaba hacía ocho años, dejé la rutina, la casa que alquilaba. También nos separamos con mi pareja. Pero yo tenía clarísimo que quería salir a explorar y ver qué había afuera. Sentía que no quería morir, como mi papá, sin haber cumplido un montón de sueños. Era ahora o nunca”.
Para Natacha Tombesi, de 48 años, la necesidad de cambio surgió después de que su hijo menor se fuera de casa. “Soy mamá soltera de dos hijos: Luna, de 28, y Lautaro, de 22. Los dos ya eran independientes y, cuando el más chico empezó su vida, me quedé con el nido vacío. Entré en una especie de depresión, desmotivada, sin ganas de salir de la cama”, relató.
En ese entonces tenía un emprendimiento de delantales de cocina de jean y cuero, aunque ya no la hacía feliz. “A los cuatro meses de que se fue mi hijo menor se terminaba mi contrato de alquiler. No sabía adónde quería ir, qué lugar me gustaba ni qué quería hacer. No sentía pasión por nada”, contó. Una tarde, desde la cama, buscó en Google “intercambio de trabajo por hospedaje” y descubrió el mundo de los voluntariados.
“Ahí conocí el término voluntariado. No tenía idea de que existía algo así ni de que había aplicaciones para hacerlo. Seguí investigando y encontré Worldpackers. Me descargué la app y descubrí que había todo tipo de destinos y experiencias”, recordó. Después de hablar con sus hijos, tomó la decisión. “Mi hija me regaló la membresía y me dijo: ‘Ma, es tiempo de que hagas algo por vos. Ya nos criaste, ahora te toca vivir a vos’. Vendí la máquina de coser y muchas de mis cosas. Preparé el bolso y me fui”, relató.
Su primer voluntariado fue en Las Vegas, Potrerillos, Mendoza. Eligió un destino cercano porque todavía sentía miedo e incertidumbre. La experiencia consistía en colaborar en tareas de bioconstrucción en plena montaña, ayudando a levantar una casa. “Iba a estar sola, en el medio de la nada, y eso también me asustaba”, admitió.
En la Argentina son cada vez más las personas que, ya adultas, deciden hacer una pausa y cambiar de rumbo. Aunque no existen mediciones específicas sobre los años sabáticos o voluntariados en adultos, el fenómeno se vincula con transformaciones sociales más amplias y está aumentando.
“Hoy las personas viven más años y, sobre todo, proyectan trayectorias vitales más largas y menos lineales. Si la expectativa de vida se extiende, también se reconfigura la manera en que pensamos el tiempo productivo: ya no es una carrera continua hasta la jubilación, sino un recorrido con posibles pausas, reinvenciones y etapas de formación”, explicaron desde la consultora Voices.
Además, remarcaron que la baja sostenida de la natalidad y la menor carga de responsabilidades familiares directas permiten que más personas prioricen proyectos personales, salud mental o exploración vocacional. “Más que una excepción, creemos que estas pausas empiezan a formar parte de una nueva lógica de organización de la vida adulta”, sostuvieron.
Por su parte, Luciana Rinaudo, directora de Psicopedagogía de la Universidad Siglo 21, explicó: “Hoy ya no pensamos las trayectorias vitales y profesionales como caminos previsibles y únicos. Durante mucho tiempo predominó una lógica bastante estable: estudiar, recibirse, conseguir trabajo, crecer dentro de una misma organización y sostener ese recorrido hasta la jubilación. Ese modelo ofrecía cierta seguridad, pero respondía a un contexto social, económico y cultural muy distinto al actual”.
Y agregó: “Vivimos en un mundo más dinámico, cambiante e incierto. No solo los adolescentes, sino también jóvenes adultos y personas en etapas más avanzadas de su vida laboral buscan detenerse, revisar, explorar y resignificar sus elecciones. En ese sentido, tomarse un año sabático o decidir viajar al exterior puede ser mucho más que hacer una pausa: puede ser una oportunidad de autoconocimiento. Las personas buscan nuevas experiencias, conocer otras culturas y, en definitiva, realizan un trabajo interior estando lejos de su lugar de origen”.
Según señaló, cada vez recibe más consultas de personas que viven en el exterior y quieren replantear su futuro profesional: “Estas pausas también son una nueva forma de profundizar en el propio interior. A mí me gusta tener una mirada esperanzadora: creo que tomarse un año sabático puede ser una forma de construir futuro, siempre que exista un verdadero trabajo de autoconocimiento”.
En muchos casos, el voluntariado funciona como puente hacia una nueva identidad laboral, una reinvención profesional. Aurora Moreni, de 30 años, trabajaba como project manager en tecnología y sentía que, aunque le iba bien, necesitaba un cambio. “Me vine hacer un voluntariado a Italia hace casi tres años. Había algo dentro mío que me pedía moverme”, contó.
Durante mucho tiempo había participado en grupos vinculados a la ciudadanía italiana y personas que emigraban. A comienzos de septiembre de 2023, vio una publicación sobre un voluntariado en la Toscana que ofrecía alojamiento y comida, además de la posibilidad de fijar residencia, algo clave para tramitar la ciudadanía.
“A cambio tenía que ayudar con tareas del hogar y acomodar habitaciones de huéspedes. Era una villa dedicada al agroturismo. Les escribí, hicimos una videollamada con la dueña. Yo no hablaba italiano y ella apenas inglés, y me dijeron que sí, pero que tenía que llegar a mediados de octubre. En un mes vendimos todo, compramos los pasajes y el 20 de octubre llegué al voluntariado”, recordó.
“No fue solo una pausa, fue un punto de inflexión”, sostuvo. Renunció a su trabajo remoto, redujo su carga mental y empezó a explorar su costado creativo. Durante ese proceso se compró un iPad y descubrió la ilustración digital. Hoy vive en España y trabaja como ilustradora.
Para Belén Johnson, la experiencia también derivó en una transformación profesional. Actualmente trabaja como chef pastelera. “Tiene mucho que ver con todo este camino que fui recorriendo y con las cosas que fui aprendiendo sobre mí misma: lo que me gusta y lo que no”, explicó.
Y agregó: “Hoy, a mis 36 años, siento que puedo reconciliarme con cierta estabilidad y hasta con algunas rutinas con las que antes estaba peleada. A los 30 quería romper con todo, irme y descubrir el mundo. Ahora siento que encontré una estabilidad distinta y que estoy preparada para volver a algunas cosas desde otro lugar”.
Por otro lado, Bárbara Casabianca de 29 años era profesora de educación inicial en Santa Fe y trabajaba como reemplazante dentro del sistema público. “Es muy difícil titularizar y hay mucha desmotivación docente en mi provincia”, contó. Como sabía que tendría libres los meses de vacaciones de verano, empezó a buscar oportunidades en hostels y se descargó la aplicación Worldpackers.
“Me respondió un hostel de Bariloche. Al otro día tuve una videollamada muy cortita y me dijeron que fuera. Quería mejorar mi inglés, así que saqué un pasaje de ida y vuelta y me vine”, recordó. Durante el voluntariado consiguió trabajo en un jardín de infantes de la ciudad y decidió quedarse.
“A partir de ese trabajo decidí pausar mis estudios en Santa Fe para trabajar en Bariloche y dedicarme también al idioma”, explicó. En el hostel se encargaba de hacer check-in y check-out, orientar a los huéspedes, limpiar espacios comunes y asistir a quienes se alojaban allí. “El plan es dejar el voluntariado y quedarme solo con el trabajo porque las dos cosas demandan mucho tiempo. Pero quiero vivir el invierno acá, conocer la nieve y experimentar algo completamente distinto a lo que viví siempre. Después la idea es volver a Santa Fe y terminar mis estudios”, afirmó.
“Un año sabático no necesariamente es un año para no hacer nada o ‘rascarse las pestañas’. Puede ser un espacio para frenar el piloto automático y reconectarse laboral y profesionalmente con aquello que realmente entusiasma”, explicó la psicóloga Romina Halbwirth.
Y concluyó: “En orientación vocacional vemos cada vez más consultas de personas mayores de 25 años que no están eligiendo una carrera por primera vez, sino revisando una trayectoria. Ya no preguntan solamente ‘¿qué estudio?’, sino también ‘¿cómo quiero vivir?’, ‘¿qué estoy sosteniendo por inercia?’ o ‘¿qué hago con todo lo que construí si ya no me representa?’. El año sabático, bien pensado, puede funcionar como una pausa de reorganización subjetiva. No es un vacío: puede ser un tiempo fértil para explorar, descansar, formarse, viajar, revisar decisiones y elegir con más conciencia”.
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