Argentina respira un aire distinto, cargado de nostalgia. "Estamos viviendo un duelo que no queremos que pase", sostiene Matías, un argentino que a su hijo le puso como segundo nombre el del ídolo que no quiere despedir. "Se llama Benito Lionel por Messi", explica y agrega, apesadumbrado: "Son 20 años siguiéndolo, no sé cómo voy a hacer porque nunca vi a la Selección sin él dentro de la cancha".
Este martes el Estadio Monumental de Buenos Aires se convertirá en el escenario de una ceremonia tan inevitable como postergada: el último partido de Lionel Messi con la camiseta de la selección de Argentina. Después de más de dos décadas de magia, sufrimientos, resurrecciones y gloria, el capitán argentino se calzará la diez albiceleste en el país por última vez en un partido que, quizás, no esté a la altura de semejante acontecimiento: el equipo argentino, subcampeón del mundo y bicampeón de América, enfrentará a la selección de Benín, un rival africano que como mejor actuación internacional ostenta haber llegado a cuartos de final en la Copa Africana de Naciones 2019, pero que sirve de marco para una jornada donde el resultado será lo de menos.
Lionel Messi durante un entrenamiento de la selección argentina en el predio de la AFA en Ezeiza, Buenos Aires, el 5 de octubre de 2026, antes del amistoso contra Benín. - JUAN MABROMATA/AFP/Getty Images
Todo eso poco importa, la atención sólo está puesta en él. Por eso, la atmósfera en las calles porteñas, en los alrededores del estadio y entre los miles de hinchas que llegaron desde todos los rincones del país —y del mundo— no es la de un simple partido de fútbol; es la de un rito de despedida.
En las inmediaciones del estadio la palabra que se repite como un mantra poco tiene que ver con cuestiones técnicas o de táctica sobre las que a los fanáticos del fútbol les encanta debatir y polemizar. Es amor, que en estas circunstancias se procesa con dolor. "A los que lo amamos nos da una tristeza terrible. Se va a extrañar todo de él, lo que es adentro y afuera de la cancha. No sé si habrá otro igual en algún momento", resume Roxana, otra fanática, luciendo la camiseta argentina con el diez en la espalda. Para ella, la imagen que queda grabada no es solo la de sus goles, sino sus lágrimas desconsoladas en el banco de suplentes durante la última Copa América, una estampa de vulnerabilidad que conmovió al país.
El fenómeno de Messi trasciende fronteras y pasaportes. Hasta la capital argentina llegaron, entre otros, hinchas de la República Checa y Chile, solo para respirar el ambiente de este adiós. Ágata, visitante checa que le puso Lionel a su segundo hijo, lo define sin titubear como "el ser humano más importante de Argentina y del mundo". Pero además destaca algo fundamental: "Lo que lo hace especial es que sigue siendo completamente normal. Es como un chico normal de cualquier barrio, su actitud es perfecta". Por su parte, Fernando, llegado desde Santiago de Chile, reconoce el impacto continental del astro: "Messi ha dejado un arraigo impresionante en toda América y el mundo". Pero también, ubica a Messi en un altar no exento de polémica: "Es el mejor jugador de los últimos tiempos, incluso por encima de Diego Armando Maradona"
Entre las historias que retratan el arraigo popular del '10', se destacan las de quienes viajaron miles de kilómetros aún con el trago amargo de no haber conseguido entrada para el partido despedida. Pablo, rosarino como Messi y fanático de Newell's Old Boys —el club de la infancia de Leo—, llegó a Buenos Aires tras una confusión al comprar su boleto en el sitio web. Aunque no podrá estar en la tribuna el martes, no oculta su devoción: "Es lo más grande que hay. Es la persona que me hizo más feliz y lo más fuerte de mi vida. Solo puedo decir que lo amo". En la misma sintonía, Alberto, un enfermero llegado desde Río Negro, en el sur de pais, revela la dimensión terapéutica y emocional que Messi tuvo para los argentinos en los momentos más oscuros: "Yo soy enfermero y durante la pandemia de COVID él me sacaba mucho mentalmente de nuestro trabajo. Por eso lo amo. Todo lo que hacía, lo hacía por nuestro país".
Lionel Messi, de la selección argentina, durante un entrenamiento en el predio Lionel Messi, el 5 de octubre de 2026, en Ezeiza, Argentina. - Marcos Brindicci/Getty Images South America/Getty Images
A diferencia de otras épocas donde la exigencia asfixiante marcaba la relación con el ídolo, el sentimiento actual es de una gratitud absoluta y de respeto a su decisión. Aunque algunos fanáticos, como Cristian, bromeen con "hacer un corte de calle para pedirle que juegue dos años más", la mayoría entiende que el paso de Messi por la Selección nacional ha alcanzado su cima natural. No obstante, el reclamo popular sigue siendo unánime: "Todos los argentinos queremos que siga porque físicamente está para dar un poco más, pero también es su momento de descansar", reflexiona otro hincha en la previa.
Un aficionado argentino muestra un cartel en apoyo al futbolista argentino Lionel Messi antes del partido amistoso internacional entre Argentina y Burkina Faso, en el estadio Más Monumental de Buenos Aires, el 3 de octubre de 2026. - ALEJANDRO PAGNI/AFP/Getty Images
Más allá de las copas levantadas —la dos Copa América, la Finalissima y el Mundial en Qatar 2022—, el verdadero legado de Lionel Messi en la Argentina es haber enseñado a no rendirse nunca. Como concluye Matías con la voz quebrada: "Agradecerle por no bajar los brazos y seguir intentándolo cuando mucha gente le daba la espalda. Se dieron cuenta de que hay que intentarlo siempre".
Termina una era irrepetible que colocó a Messi en la cima del fútbol mundial, a la par de otro argentino inmortal: Diego Armando Maradona. Este martes por la noche, cuando el árbitro pite el final y Messi levante sus manos para saludar por última vez con la camiseta albiceleste a su gente, no habrá reproches ni cuentas pendientes. Solo el eco de un estadio y de un país unánimemente repitiendo "gracias, Leo."
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