ATLANTA (enviado especial).- En el estadio de Atlanta, techado, con aire acondicionado y pasillos de shopping center, los argentinos no querían irse más. Había pasado una hora desde el épico triunfo frente a Egipto por los octavos de final del Mundial y la cabecera detrás del arco donde la selección metió los tres goles para dar vuelta la historia, parecía una tribuna de cualquier estadio argentino. Camisetas revoleadas al aire, saltos y los hits que suenan en cada presentación de la selección en este Mundial retumbaban en la impresionante estructura de acero.
Con el segundo gol egipcio, el semblante de la hinchada argentina viró del tímido aliento a la resignación. El equipo no respondía en la cancha y el reloj corría.
Faltaban 11 minutos cuando la historia empezó a cambiar para transformarse en épica. Primero llegó el centro preciso de Messi a la cabeza de Cuti Romero. Desahogo y una muestra de carácter para ir por más. El capitán, exhausto y con un equipo al que siempre se le hizo cuesta arriba el encuentro, guardó para el minuto 38 del segundo tiempo una de las mayores explosiones de los últimos tiempos. El zurdazo que se clavó en la red después de tocar en las manos del arquero y el travesaño provocó gritos desaforados y llantos. En Atlanta y en Argentina. Cuando Enzo Fernández sentenció el 3-2, los pasillos del estadio se colmaron de argentinos que salieron a exteriorizar el grito atragantado.
Las calles de la prolija ciudad del sudeste de Estados Unidos vivieron por largas horas la fiesta de la hinchada argentina, que ayer se había movilizado al banderazo en un parque de la ciudad.
La definición del partido contra Egipto trajo a la memoria aquí y allá aquellas noches de Qatar. Contra Países Bajos, en cuartos, y en la final contra Francia los argentinos pasaron de ese estado de angustia a la euforia en minutos. La diferencia fue que esta vez la selección siempre estuvo en desventaja con un rival incómodo y un equipo que todavía no mostró su potencial.
En el mismo instante que la selección consumó su pase a la siguiente ronda del Mundial, miles de hinchas salieron a festejar en cada pueblo y cada ciudad de la Argentina. En Buenos Aires, día laboral y con un frío que se resiste a irse, miles de personas se congregaron desde la tarde en el Obelisco. Hubo caravanas, bocinazos y abrazos en las principales plazas del país. Aquel recuerdo de la tercera estrella sigue todavía demasiado fresco en la sensibilidad nacional.
La próxima estación será donde todo empezó en esta Copa del Mundo. La caravana argentina que está viajando por los Estados Unidos, a la que se sumarán los que vengan desde la Argentina, apunta ahora hacia Kansas.
En el estadio Arrowhead de la ciudad del estado de Misuri la selección debutó con triunfo ante Argelia y triplete de Leo Messi. Ahora será el turno de Suiza, el próximo sábado a las 19 (21 de la Argentina) en busca de una nueva semifinal. La esperanza está intacta. Con el gran capitán todo es posible.