Colombia define su modelo de estado: ¿más derecha o más izquierda, por Daniel Valero

2026-05-31 11:38:42 - MUNDO


__El autor es jefe editor de Política del medio de noticias colombiano El Espectador__*

La ruta electoral por la que va Colombia, y que tiene su parada principal el próximo 7 de agosto cuando se dé la transición democrática entre el saliente Gobierno del presidente Gustavo Petro y quien finalmente se imponga en urnas, se reacomodó en las últimas semanas en dos vías que marcan un giro más profundo. Un viraje hacia posturas aún más extremas de los espectros ideológicos que hoy se disputan el poder.

Esa es la polarización que se profundizó en un país que al menos en este momento de su historia republicana no quiere puntos medios; no viabiliza lo que se denomina centro. Hay un oficialismo que promueve una izquierda más potente, más arraigada; y una oposición que busca el retorno de la derecha a la Casa de Nariño –la sede principal del poder Ejecutivo colombiano– con un relato más fuerte, con mayor peso en el grueso de la sociedad.

Y son distintos, en especial en lo discursivo, pero no tanto en las formas. Desde ambas orillas saben que este 31 de mayo, cuando se celebra la primera vuelta presidencial en Colombia, hay una fórmula que definitivamente no sirvió para seducir votantes: en el país se bautizó como “tibieza”.

Esa instantánea, según las más recientes encuestas de intención de voto del mes de mayo (Invamer, Guarumo y –entre otras– la realizada por el Centro Nacional de Consultoría), tiene como protagonistas a Iván Cepeda, del Pacto Histórico, y a Abelardo de la Espriella, de Defensores de la Patria. La tercera vía, aunque también de la derecha, es Paloma Valencia (Centro Democrático), aunque las proyecciones no le son favorables.

Cepeda, congresista de esa corriente que también se hace llamar progresista y un huérfano de la guerra que se afronta hace más de seis décadas (su padre, el entonces senador Manuel Cepeda, fue asesinado por agentes paraestatales en 1994), es la ficha con la que el presidente Petro busca la continuidad de su proyecto. Y el propio candidato, a sus 63 años y con formación académica como filósofo, ha sido explícito en que su programa es para profundizar las “transformaciones” que promovió el actual jefe de Estado durante los últimos cuatro años.

Como la reelección presidencial está proscrita en la normatividad colombiana, Petro no puede aspirar a un segundo mandato consecutivo. Eso explica por qué –también andando sobre el filo de las reglas que impiden la participación indebida en política de quienes lideran al Estado– la última semana la dedicó por completo a promover a Cepeda a través de una narrativa en torno a lo que considera son los logros de su administración y lo que ve como la necesidad de continuarlos. Reducción de los índices de pobreza, la baja de la tasa del desempleo o el reacomodo de cargos claves de la administración pública para garantizar pluralidad hacia sectores que antes no habían gobernado (la vicepresidenta Francia Márquez es la primera mujer afrodescendiente en llegar a esa instancia); eso sí, todo con bemoles.

Y De la Espriella, un abogado que a sus 47 años se hace contar por primera vez en urnas luego de una carrera que lo ha relacionado con personas duramente cuestionadas –entre ellas Álex Saab, señalado testaferro colombiano del ahora detenido dictador venezolano Nicolás Maduro–, entró duro en la actual campaña rompiendo canales con los sectores tradicionales de la derecha que ahora quiere liderar.

Se quedó con el relato del “outsider”, del antisistema, del que representa a “los nunca”; y todo con un verbo fuerte, sin formas clásicas, enfocado en la disputa digital. También con matices, y muchos, pero con resultados que de acuerdo con las mediciones le han servido. Está de segundo, detrás de Cepeda, en las encuestas de intención de voto.

El candidato filósofo y el aspirante abogado, además, trazaron líneas muy distintas en materia de relaciones internacionales. Por eso, con un Donald Trump al frente de la Casa Blanca dispuesto prácticamente a todo para que su línea ideológica se irrigue en la región, la decisión que tome Colombia este domingo también repercutirá en el relacionamiento con Washington. Y, de paso, con otros Estados; entre ellos Perú.

Cepeda habló en toda la campaña de “no arrodillarse”, de no permitir la injerencia extranjera en asuntos internos. Un mensaje tácito en torno a la forma en que la Oficina Oval actúa sobre países distantes de sus preceptos. De la Espriella, por el contrario, aseguró que la relación con Estados Unidos debe potenciarse y regresar a cauces de cooperación incluso más fuertes de los que había antes de que el presidente Petro asumiera el poder en 2022. Otro punto: el primero rechaza sin medias tintas los bombardeos a lanchas supuestamente cargadas con cocaína que desde agosto de 2025 promueve Trump; el segundo las apoya bajo la tesis de la “mano dura” contra la criminalidad.

Y hacia Latinoamérica esa misma línea se refleja. Por ejemplo, Cepeda apoya la postura de Petro de mantener una relación fría con Lima hasta que no se resuelva la situación del capturado Pedro Castillo, quien de acuerdo con la justicia peruana intentó un golpe de Estado en 2022; de hecho, fue crítico de Dina Boluarte y en su entorno no quieren proyectar diálogos con aspirantes estilo Keiko Fujimori.

De la Espriella, por el contrario, sí ve viable este último escenario. Incluso, yendo hacia otras naciones, como Brasil o Argentina, quiere puentes con quienes representan su visión. Los Bolsonaro (Eduardo y Flávio, hijos del expresidente Jair), con los que dialogó en la última semana, y Javier Milei, el presidente que usó la motosierra como símbolo y cuya forma de hacer política emula casi que milimétricamente, en especial en la estrategia digital de viralizar contenidos cortos y con mensajes directos de crítica al establecimiento. Nayib Bukele, de El Salvador, es otro de sus líderes a emular, sobre todo en el trato a grupos criminales y el despliegue de megacárceles para recluir a sus integrantes.

Aquí es clave que Cepeda prefirió la institucionalidad de la izquierda internacional, pues se reunió en los primeros meses de este 2026 con los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) y Claudia Sheinbaum (México), además de Pedro Sánchez (España), para mostrar que los aliados de Petro son también los suyos. Y, de paso, ratificó su intención de hacerle contrapeso a lo que representa Trump.

Pero más allá de estas formas, que al final son matices ideológicos porque la diplomacia se requiere para mantener los diálogos binacionales –y más en una región convulsa–, los modelos de país que promulgan y que sí son diferentes tendrán un examen duro en urnas este 31 de mayo. La profundización del Estado en el accionar de la sociedad, lo que incluye que sea más amplio, y la reducción del mismo para darle mayor realce al sector privado, es en definitiva lo que están llamados a definir los 41,4 millones de colombianos habilitados para sufragar. En Colombia el voto no es obligatorio, por lo que hay niveles de abstención que superan el 50 %, en promedio, de ese censo electoral; a veces, en otros comicios presidenciales, ha sido más alto.

No obstante, con un presidente en campaña abierta y un alto nivel de polarización –y un orden público golpeado por ataques en Cauca, La Guajira y, entre otros departamentos, Antioquia–, la movilización hacia las urnas puede crecer. Las campañas están haciendo lo propio y figuras que gravitan entre las mismas, como el expresidente Álvaro Uribe en la de Paloma Valencia, se mueven con fuerza. Eso último lo hace con especial énfasis el exmandatario, porque su legado y peso electoral de las últimas dos décadas puede caer si su pupila no logra el protagonismo que quiere.

En definitiva, por lo que dicen las encuestas y lo que reconocen las mismas campañas con más opción de llegar al poder, Colombia deberá ir a una segunda vuelta, prevista para el 21 de junio siguiente, cuando solo los dos que más votos obtengan este domingo definirán en urnas realmente quién será el sucesor de Gustavo Petro. Además, de todo lo que se movió en campaña, quedó claro que el centro no será determinante, pues aspirantes que lo representan como el exgobernador Sergio Fajardo y la exalcaldesa Claudia López no llegan a dos dígitos en intención de voto.

Ahora bien, si nadie se impone este 31 de mayo –para hacerlo debería sumar la mitad más uno de los votos válidos–, la campaña por la siguiente cita a urnas será mucho más dura, porque si las mediciones no fallan el enfrentamiento sería entre dos punteros diametralmente opuestos. Aunque pueden no acertar y que Paloma Valencia crezca de la mano de Uribe o que todo se resuelva este domingo; eso hay que tenerlo claro.

Y una pincelada más. Cepeda también es un reconocido defensor de derechos humanos, cuyas investigaciones sobre nexos de la clase política tradicional con sectores ilegales han sido claves en la historia reciente. Fue parte del expediente por el que procesaron al expresidente Uribe por “soborno a testigos” y “fraude en actuación penal”; y también por el que sentenciaron al hermano del exmandatario, Santiago, por nexos con paramilitares. Eso sí, ambos casos están en revisión de instancias judiciales superiores a las que fallaron en un primer momento.

De la Espriella tiene una fuerte disputa con Paloma Valencia para no perder el terreno que ganó en la derecha y además es un millonario con ciudadanía estadounidense y propiedades y negocios en el exterior.

El matiz es que en política no hay heridas eternas, por lo que quienes ahora mismo se atacan pueden terminar unidos en la otra etapa electoral; si la hay. Y quien camina de la mano del actual establecimiento, que paradójicamente ahora es la izquierda que por primera vez llegó a la Presidencia con Gustavo Petro, sabe que solo no se impondrá en urnas.

Todo está aún en juego, en disputa, por lo que la expectativa es alta. El camino hacia un modelo aún más a la izquierda de lo que representa Petro o más hacia la derecha de lo que significa Uribe es lo que se definirá en las urnas. Y la región está pendiente.

Fuente: google.com