2026-05-28 13:07:43 - MUNDO
Casi una década pasó para que Venezuela pudiese encarar un proceso de reestructuración de su deuda soberana. Entre incumplimientos propios y sanciones de Estados Unidos, el país quedó gradualmete fuera del radar de los mercados voluntarios de crédito desde 2017, una situación que derivó en aislamiento global y en un fuerte impacto en la economía.
“Es obvio que Venezuela hubiese querido hacer esto hace mucho tiempo”, observa el economista venezolano y presidente de la consultora Datanálisis, Luis Vicente León, que explica además que esto se ha demorado por la situación interna del país y la falta de reconocimiento de Estados Unidos del gobierno del derrocado presidente Nicolás Maduro, siempre teniendo en cuenta que la mayor parte de la deuda del país tiene jurisdicción en la primera potencia mundial.
Para todos los países, reestructurar una deuda que siempre procede de un impago es un gesto de confianza del mercado a un posible ordenamiento en términos financieros, pero también términos políticos. Es cierto que Venezuela se encuentra recién en una etapa de anuncios. Resta todavía una negociación y luego pactar las condiciones de entendimiento con los acreedores. Recién ahí se conocerá el grado de aceptación y respaldo de todo este proceso. Pero el camino ha comenzado.
De acuerdo con estimaciones difundidas por la agencia Reuters unos meses atrás- Venezuela no difunde estadísticas oficiales sobre su pasivo- el total de la deuda externa del país asciende a entre US$ 150.000 y US$ 170.000 millones. Esto incluye todos los préstamos bilaterales, los laudos arbitrales y las obligaciones de la compañía estatal, Petróleos de Venezuela (PDVSA).
La relación entre deuda y PBI está entre 180% y 200%, de acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Para decirlo más sencillamente, el total de la deuda del país supera en casi un 200% a lo que Venezuela produce en un año. Es un porcentaje superior al promedio de la región. Según los últimos datos del mismo organismo, el vínculo promedio entre deuda y producto en América del Sur es del 79,7%.
“Es un tema muy complejo, es una deuda muy grande, con muchas aristas. Va a ser un proceso difícil. El anuncio es positivo. El tema central es que mientras un país tiene una deuda que desde 2017 está en default se acumulan intereses estrambóticos que aumentan la carga día a día. No se puede esperar el momento perfecto para hacerlo, hay que arrancar ese proceso. Hay que parar el sangrado de los intereses”, sostiene Luis Vicente León. En ese sentido, el economista entiende que Venezuela intentará renegociar en primer lugar la deuda cuantificada, documentada, que es la emitida bajo legislación de Nueva York, papeles del Estado y de PDVSA que cotizan en bolsa. “Eso facilita la negociación”, agrega. Y estima que la deuda más difícil de revisar será la bilateral, la que Venezuela tiene con organismos multilaterales y la que proviene de juicios, que es la mayor porción del total de acreencias.
Otros economistas venezolanos aseguran que para que el proceso sea exitoso, el país deberá renegociar al mismo tiempo todas sus deudas, no solamente las financieras.
Venezuela se asoma a la renegociación de su pasivo con el apoyo de Estados Unidos, en el contexto de una relación bilateral que ha cambiado desde la captura del presidente Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero. Donald Trump le dio impulsó a este proceso al reconocer al gobierno venezolano, encabezado por Delcy Rodriguez. Y luego al emitir una licencia para asesorar al país caribeño en términos legales y financieros.
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“El anuncio de reestructuración debe ser visto como un paso más hacia el restablecimiento de vínculos entre Venezuela y los mercados internacionales y es consistente con la reaproximación, forzada por el ataque militar estadounidense de enero, a Washington”, sostiene el analista internacional, Gabriel Puricelli, que asegura además que nada de lo que hace el gobierno venezolano se puede entender sin ponderar la amenaza de una nueva intervención militar ordenada por Donald Trump.
El economista, Asdrúbal Oliveros, apunta que “Estados Unidos es el principal interesado en que Venezuela pueda aumentar su producción petrolera y sabe que para eso necesita atraer inversiones, por eso la solución de la deuda es un punto importante. La relación entre ambos países hoy es diferente, es una relación de tutelaje, donde Estados Unidos tiene injerencia sobre la dinámica económica y otros temas clave”.
Desde que Estados Unidos derrocó al presidente venezonalo, Nicolás Maduro, se ha producido un alineamiento forzado entre ambas naciones. Ese giro inducido en las relaciones bilaterales ha generado también nuevas expectativas sobre el futuro de Venezuela, no solamente en materia económica, sino además en lo que puede ser el comienzo de un sendero democrático, con elecciones libres y transparentes en el horizonte.
Hija de esa sumisión repleta de gestos de condescendencia con Estados Unidos es esta incipiente reestructuración de la deuda venezolana. Un paso clave, imposible de imaginar antes del 3 de enero. Para la economía del país, acordar con los acreedores puede resultar un antes y un después. “El proceso de negociación va a exigir orden en las estadísticas de la economía venezolana. No hay proceso posible sin información seria. El Banco Central lleva años sin ofrecer datos, más allá de que los tenía, pero no los divulgaba por conveniencia”, señala León. Este es un primer punto para entender la importancia de este plan en el futuro económico.
Por otra parte, al valor fundamental de recrear la credibilidad del país, hay que agregarle que un exitoso proceso de reestructuración le permitirá a Venezuela reinsertarse en los mercados, manejar sus fondos sin restricciones- una parte de los recursos que genera el país se canalizan en Estados Unidos- y apalancar su mercado petrolero. Venezuela tiene un déficit crítico de infraestructura y necesita recursos para dinamizar la producción de su insumo estrella.
Luis Vicente León no duda en que esta situación “es infinitamente mejor que en los últimos años. No quiere decir que resolviste todos tus problemas, son procesos graduales, pero sin duda tiende a ser mucho mejor”.
Por lo demás, algunos analistas interpretan que subsiste la preocupación porque un gobierno que nació solo de la voluntad de Donald Trump para remover a Nicolás Maduro de su cargo, sea el que le toque llevar a cabo toda esta negociación fundamental para el país.
Eso no cambiará hasta que haya elecciones. En ese sentido, León recuerda que “cuando pensamos en nuestro gobierno, ya no es solamente un gobierno, sino dos, al menos desde el punto de vista económico”.
Mientras tanto, Venezuela va en busca de la confianza perdida.
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