2026-05-04 12:36:46 - MUNDO
El caso de Gisèle Pelicot, sometida durante diez años (2010-2020) a violaciones bajo sumisión química suministrada por su marido, salió a luz pública en 2024. Cuando esta mujer decidió renunciar al anonimato y hacer público el proceso judicial contra su cónyuge, su historia se convirtió en una nueva bandera de lucha para las mujeres, evidenciando un tipo de abuso más sofisticado, silencioso, y para muchos impensado.
La violación conyugal dentro del noviazgo y del matrimonio, algo que ocurre desde siempre, difícilmente se denuncia. Las mujeres incluso ven este hecho en muchas ocasiones como parte de la relación íntima, sin que eso signifique no sea un abuso, un delito, o que no tenga profundas consecuencias en las víctimas.
Lo escabroso de la historia de Gisèle Pelicot es que era regularmente drogada con ansiolíticos, y violada, no solo por su marido, sino por al menos otros 50 hombres que su mismo esposo contactaba para hacerlo.
Desde que se dio a conocer la historia de Gisèle Pelicot se han multiplicado las denuncias y sospechas por parte de mujeres que son víctimas de una agresión similar. No solo en el país galo, sino que a nivel global. En Latinoamérica, el caso de Andrea, una colombiana que fue drogada y violada por su novio durante tres años, quizás sea lo más cercano a lo ocurrido en Francia, al menos dentro de lo que se ha publicado en la prensa.
El abuso sexual dentro de la pareja está profundamente relacionado con el concepto de pertenencia que los hombres tienen de las mujeres, lo que se traduce en el uso sexual de su cuerpo sin necesidad de consentimiento previo.
En ese sentido, Bibiana Aido, directora regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe señala que "hasta hace muy poco, el contexto conyugal no agravaba el delito, sino que, por el contrario, lo volvía no punible. Durante décadas, el matrimonio operó en muchos países de la región como eximente de pena, bajo el concepto del llamado ‘débito conyugal': la idea de que el matrimonio implicaba una obligación de mantener relaciones sexuales”.
En cuanto a la cantidad de casos de violación conyugal, es difícil tener un número exacto o real porque las víctimas difícilmente llegan a denunciar lo que enfrentan. "En América Latina y el Caribe, la violencia sexual en el ámbito de la pareja sigue estando subregistrada. Los datos disponibles muestran que el 22,8 % de las mujeres de 15 a 49 años en la región ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida, y el 7,2 % en el último año”, detalla la representante de ONU Mujeres a DW, basándose en cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2025.
Además, agrega que "la sumisión química como herramienta de agresión sexual no es un fenómeno desconocido en la región. Lo que sí resulta alarmante es la dimensión que revelan casos como el de Gisèle Pelicot: la sedación sistemática y reiterada de la pareja dentro del hogar”.
Eugenia D'Angelo, directora ejecutiva de la organización franco-argentina MundoSur, relata, por su parte, que "América Latina se enfrenta a una violencia estructural más normalizada en comparación a otras regiones, y además tiene una red judicial más atrasada en cuanto a la violencia que se da dentro de una pareja, y en cómo manejar estos casos sin caer en la revictimización, por ejemplo”.
"La violencia sexual no ocurre solo en el espacio público por parte de un desconocido, como puede figurar en el imaginario colectivo, sino que cada vez se hace más visible que ocurre en las relaciones íntimas, en el interior de hogar, e incluso facilitada mediante sustancias químicas. El caso Pelicot permitió aceptar y reconocer que esta es una violencia que está totalmente subestimada, y creo que América Latina no está fuera de esta realidad”, acota D'Angelo.
Aunque la violencia sexual contra las mujeres por parte de los hombres dentro de la pareja existe desde siempre, lo que evoluciona son las formas de ejecutarla. En este sentido, los espacios digitales se han transformado en entornos que amplifican y facilitan los abusos y violencias contra la mujer, incluso dentro del espacio íntimo, observan expertos.
"Este es un fenómeno histórico y persistente en los contextos de violencia doméstica. Lo que casos como el de Gisèle Pelicot, o la reciente investigación de CNN sobre la llamada 'Academia de violación', ponen de manifiesto algo más reciente: la tecnología y las redes sociales facilitan que métodos específicos de agresión -como el uso de sustancias para sedar a las víctimas- circulen abiertamente, se compartan y se imiten", dice Bibiaba Aido.
Y subraya: "También la existencia de redes para perfeccionar técnicas de agresión, garantizar la impunidad, compartir material de violaciones y buscar víctimas. Esa dimensión colectiva y organizada es lo que más nos preocupa, y lo que exige respuestas urgentes, tanto de los Estados como de las plataformas digitales”.
Dentro de Latinoamérica, los medios han hecho públicos los delitos de al menos dos grupos de hombres que compartían fotografías y videos de niñas, adolescentes y mujeres sin su consentimiento. Uno de ellos es 'Princesa de papá', que funcionaba en Nueva León, México, y utilizaba Facebook como plataforma. Este grupo desapareció en diciembre de 2025 después de llevarse a cabo pesquisas policiales.
El otro caso es el de 'Los magios', una agrupación de hombres que también compartían imágenes de mujeres sin su consentimiento y, en numerosos casos, estos sujetos buscaban a las víctimas para verlas personalmente y de cerca. Sus integrantes eran en gran mayoría de la provincia de Tucumán, en Argentina. En este caso, la plataforma en la que operaban era Telegram, y este fue intervenido después que una de las mujeres expuestas se dieron cuenta de que sus fotos circulaban en dicho grupo.
En general, los Estados latinoamericanos presentan deficiencias en el marco legal de protección a las víctimas de violencia sexual, lo que se traduce en menos denuncias por parte de las afectadas o afectados, sobre todo si existe el uso de fármacos para ejecutar la agresión. Por esta razón es difícil determinar cuántos casos de violación con sumisión química se dan dentro de las relaciones conyugales, según las expertas.
Eugenia D'Angelo, de Mundo Sur, señala que "la dificultad principal en estos casos es que muchas veces las mujeres no saben, no se dan cuenta que están siendo víctimas de violación, que están siendo sometidas químicamente”.
"Por eso", recalca, "una vez más somos las mujeres quienes tenemos que estar alertas, si sentimos algún tipo de duda o sospecha, si empezamos a tener interrogantes sobre ciertas prácticas sexuales impuestas. Si notamos algo raro, debemos preguntarnos: ¿por qué me sentía de tal o cual manera, por qué me dormí de golpe?".
Y hace hincapié en que las mujeres pongamos atención en otras señales concretas: "También si tenemos dolores en el cuerpo, en los genitales, o marcas en el cuerpo sin justificación. Son preguntas válidas que debemos tener presentes si algo no nos cuadra de nuestra vida íntima".
"Si es posible, se debe acudir a un centro médico después de un despertar dudoso, con lagunas mentales, para saber si hay algo extraño en su cuerpo, porque las sustancias usadas para someter químicamente se van rápidamente del organismo. También es bueno buscar registros, imágenes no consentidas, por ejemplo”, concluye la experta.
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