2026-04-23 12:36:47 - MUNDO
La Habana, 23 abr (EFE).- Los contactos entre EE.UU. y Cuba están evidenciando una compleja estructura de poder en la isla: más fragmentada, erosionada y desdibujada que hace años y décadas, pero a la vez suficientemente resistente y cohesionada, especialmente ante una amenaza exterior.
Ésta es la valoración que hace en entrevista con EFE la economista cubana Tamarys Bahamonde, quien logró su doctorado en Urbanismo y Políticas Públicas estudiando la estructura del poder institucional en la isla.
A su juicio, la resaca tras el hiperliderazgo de los Castro, los cambios institucionales derivados de la Constitución de 2019 y el coste político de los fallos de gestión en los últimos años han redefinido la estructura de poder en la isla.
En primer lugar, Cuba ya no se puede entender como en los años de los expresidentes Fidel y Raúl Castro, cuando el poder emanaba básicamente de sus figuras. A partir de la Constitución de 2019, el poder formal está escindido en tres núcleos con funciones diferenciadas, describe Bahamonde.
Está el bloque encabezado por el presidente, Miguel Díaz-Canel, que es jefe del Estado y primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC, único legal); el Gobierno, liderado por el primer ministro, Manuel Marrero; y el Consejo de Estado, representado por el presidente del ¡Parlamento, Esteban Lazo.
Y aquí, Bahamonde plantea dos derivadas. La primera, que las personas en la intersección de estos grupos, como los ministros presentes en el buró político del PCC o Díaz-Canel, acaban siendo personajes clave, miembros de lo que denomina la 'troika'.
La segunda es que la división de atribuciones crea, "de forma natural, facciones". "No necesariamente estamos hablando de facciones enemigas", explica, sino de grupos que, pese a compartir objetivos generales, pueden tener "intereses distintos" o "diferentes perspectivas".
"Yo no creo que funcione como un bloque monolítico. Al contrario, creo que hay fracturas. Es normal cuando el poder se distribuye. Por supuesto que va a haber fragmentación, que va a haber fractura y facciones”, considera.
Poder informal
Luego está la importancia del poder informal, clave para descifrar dinámicas políticas en la isla. Sólo así se entiende el peso de Raúl Castro, que pese a haber abandonado todos sus cargos sigue siendo fundamental para entender las lógicas que mueven a la parte cubana en el diálogo con EE.UU.
"Mientras Raúl esté vivo, no hay nadie que esté por encima de él, aunque ya esté retirado del poder. Y eso tiene una erosión en la figura de cualquier persona, sea Díaz-Canel o quien sea", afirma.
De hecho, las autoridades cubanas no sólo no han negado que en el diálogo con EE.UU. esté jugando un papel relevante Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, sino que han empezado a incluirlo en actos clave pese a que no ejerce cargos que justifiquen su participación.
"Hay una dispersión del poder", resume Bahamonde, que enmarca aquí que no sea evidente para Washington con quién negociar.
Explica que la generación de Raúl Castro, de 94 años, conserva grandes cuotas de poder informal porque sigue detentando la "legitimidad de la historia" al haber logrado el triunfo de la revolución en 1959.
En sentido contrario, la generación que copa el poder formal actualmente debe basar su legitimidad en la gestión, pero han "fallado" en este ámbito, lo que "ha generado erosión en la relación ciudadano-Gobierno".
Otro ejemplo de poder informal es el conglomerado empresarial de los militares, Gaesa, que se estima que controla el 40 % del producto interno bruto (PIB). "Tiene influencia sobre la toma de decisiones más allá de lo que debería", aunque no es ese poder omnímodo que se le atribuye, señala esta académica.
Sin embargo, Bahamonde sostiene que no se puede decir que la estructura del poder en Cuba sea débil, como sostiene una narrativa impulsada desde ciertos sectores de Estados Unidos coincidiendo con la creciente presión de Washington sobre la isla.
"No puede ser tan frágil si ha resistido tanto. El primer indicador de que no es frágil es que sostenga los vientos que ha podido aguantar esa estructura de Gobierno y de Estado en los últimos seis meses. No estoy diciendo que no se erosione, que no se afecte, que no está impactada, porque lo está; pero ha resistido el embate", observa.
De hecho, Bahamonde argumenta que la separación de atribuciones de la Constitución de 2019, coincidiendo con la salida de Raúl Castro, "no fue accidental" y que se buscó conscientemente una estructura donde la eliminación de uno de sus polos de poder no provocase un colapso completo del sistema.
Juan Palop
(c) Agencia EFE
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