¿A qué va el representante comercial de EU a México esta semana?

2026-04-20 20:38:46 - MUNDO


Antes de empezar, vale la pena recordar que el Representante Comercial de Estados Unidos, en la práctica, es el “Secretario de Comercio Exterior de Estados Unidos”. Su palabra y sus negociaciones tienen un enorme peso, porque su rango es de nivel de gabinete, equivalente al del Secretario de Comercio. Ambos son nominados por el Presidente y confirmados por el Senado. Sin embargo, el USTR (United States Trade Representative), opera dentro de la presidencia y le reporta directamente al Ejecutivo sobre comercio exterior mientras, que el Departamento de Comercio se enfoca en el crecimiento económico nacional, sus industrias y sus políticas tecnológicas.

Así, el USTR, como se le conoce en Estados Unidos, es un “mediador imparcial” en las negociaciones comerciales, sin estar subordinado al Departamento de Comercio.

Según los comunicados, la visita obedece al inminente inicio de las negociaciones del Tratado Comercial de América del Norte. Debido a que el Secretario de Economía de México ha visitado recientemente Washington D. C., el Representante Comercial de Estados Unidos viaja ahora a México en reciprocidad. Todo esto es cierto, pero existen causas más profundas.

Jamieson Greer, el Representante Comercial del que hablaremos, viajará para la segunda ronda de conversaciones destinadas a revisar el Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (USMCA).

De acuerdo con su oficina, México y Estados Unidos necesitan revisar lo que llaman... “altos volúmenes de manufactura deslocalizada hacia México”. Esto, con el fin de endurecer las reglas de origen de los productos y sentar las bases para la resolución de disputas específicas en los sectores agrícola, del acero y del aluminio, antes de que la revisión formal del tratado comience el próximo 1 de julio.

Estados Unidos dice estar insatisfecho debido, a lo que el entonces presidente Donald Trump calificó como “un creciente déficit comercial”, que en 2025 fue de 187.5 mil millones de dólares.

Washington también busca sentar las bases para discutir las políticas energéticas de México, que —dicen— les dan una ventaja indebida a las empresas estatales mexicanas.

Quedan por resolver disputas en torno al maíz genéticamente modificado y a la aplicación insuficiente de las disposiciones laborales y ambientales.

Finalmente, a los funcionarios estadounidenses les preocupa que México no atienda sus quejas sobre el uso de su territorio que aún permite la entrada de productos chinos a Estados Unidos. Esta acusación no es nueva; se afirma que en el pasado México ha permitido el ingreso de productos chinos disfrazados de mexicanos para evitar los aranceles aplicables a mercancías no originarias de México.

Por todo lo anterior, el USTR busca fortalecer las reglas de origen, lo que impediría que componentes chinos ingresen a Estados Unidos a través de México.

Las áreas clave de insatisfacción de Estados Unidos incluyen, en primer lugar:

El supuesto “creciente déficit comercial”

El déficit comercial de bienes entre Estados Unidos y México casi se duplicó de 2014‑2018 a 2019‑2023. Esto genera presión para renegociar los términos del tratado futuro, a favor de la manufactura estadounidense.

Conviene aclarar que este punto lleva años sin ser correctamente reportado por Estados Unidos. Si uno compara superficialmente las ventas de productos mexicanos en Estados Unidos con las estadounidenses en México, desde luego que el resultado muestra un déficit para ellos.

Uno de los mayores responsables de este fenómeno —que Trump llama “comercio injusto”— se debe a que los autos fabricados en México se contabilizan como productos mexicanos, aunque solo estén parcialmente fabricados en México.

Considere lo siguiente:

Son productos construidos con materiales de Estados Unidos, Canadá y México;

Con tecnología creada en Estados Unidos;

Con diseños estadounidenses y destinados al consumo estadounidense;

Y, finalmente, financiados durante su producción con dólares estadounidenses.

Aun así, estos autos se contabilizan como ¿productos mexicanos?

El problema es que Estados Unidos no analiza de dónde proviene cada tornillo o cable. En su lugar utiliza reglas de origen, especialmente las del USMCA (el tratado que reemplazó al NAFTA y que en México conocemos como T‑MEC).

De acuerdo con dichas reglas, un vehículo se considera de origen mexicano si al menos 75 % de su contenido proviene de América del Norte (Estados Unidos, México o Canadá) y además 40‑45 % del valor se fabrica con mano de obra que gana al menos 16 dólares por hora.

Esta norma se diseñó originalmente para elevar el nivel de vida de los trabajadores mexicanos, aunque Trump la reinterpretó con la clara intención de trasladar la mayor parte posible de la industria automotriz de regreso a Estados Unidos.

Los componentes clave (motor, transmisión, baterías, etc.) también deben cumplir los umbrales de contenido norteamericano.

El “truco” está en que los automóviles que cumplen estas reglas califican como productos mexicanos y pueden entrar a Estados Unidos libres de aranceles; esto beneficia a fábricas y consumidores estadounidenses, pero complica la contabilidad del balance comercial entre ambos países.

Si el ensamblaje final se realiza en México, incluso cuando muchas piezas provienen de Asia o Europa, el vehículo puede calificar como mexicano siempre que cumpla con los requisitos del USMCA. Si no los cumple, no se considera de origen mexicano y enfrenta aranceles al ingresar a Estados Unidos.

Otros temas en disputa:

Además del sector automotriz, existen más puntos que requieren revisión. En primer lugar está la política energética de México. Estados Unidos, sostiene desde hace años, que el país discrimina a empresas energéticas extranjeras para favorecer a PEMEX, la CFE y otras, lo cual, afirman, viola el acuerdo.

También están los otros asuntos que probablemente ya ha escuchado:

Reforma laboral: Estados Unidos busca una aplicación más estricta y efectiva de los estándares laborales, argumentando que la política actual en México es inadecuada para prevenir prácticas como el trabajo forzado.

Barreras agrícolas: Estados Unidos cuestiona las restricciones mexicanas a la importación de maíz genéticamente modificado.

Reglas de origen y contenido regional: busca reforzar los requisitos de contenido norteamericano en el sector automotriz, evitando el uso de componentes provenientes de terceros países, particularmente de China.

Con la revisión formal del USMCA programada para julio de 2026, Estados Unidos aprovecha este periodo para presionar a México a atender estas preocupaciones o prepararse para una reestructuración significativa del acuerdo comercial.

“Ojo”:

Greer se centrará en endurecer las reglas de origen para incentivar la manufactura dentro de Estados Unidos Creen que eso desalentaría a las empresas que usan México como centro de importación de componentes. Washington sigue señalando la persistente deslocalización a pesar del pacto.

Tras años de cooperación, Washington aún mantiene disputas sectoriales específicas.

Las conversaciones incluirán revisiones por sector, con especial atención a las industrias del acero, aluminio y automotriz.

Comercio agrícola:

El USTR pretende abordar las barreras comerciales y garantizar el acceso al mercado para los agricultores estadounidenses, con reuniones del sector agrícola dentro de la agenda. Estos agricultores juegan un papel doble. Presionan para vender más a México, y por esa misma razón; son aliados estratégicos que al igual que México, quieren la renovación del Tratado. Esos agricultores con gran influencia política son los que más cabildean en Washington a favor del TMEC. A ellos les aterra que México se busque proveedores en otros países de las semillas que le venden a México; maíz, trigo y sorgo por ejemplo.

Los estadounidenses registran todo meticulosamente. El último informe del Representante Comercial destaca las preocupaciones que ya hemos descrito.

Pero, pero... Lo importante es que, a pesar de tantas quejas, Estados Unidos, Canadá y México siguen interesados en renovar el muy valioso instrumento que les ha garantizado grandes negocios a los tres. Al final del día, lo importante es que el tratado TMEC, USMCA, CUSMA como le llaman los canadienses de habla inglesa o ACEUM como le llaman los canadienses de habla francesa, es una verdadera fórmula de “win‑win” (ganar-ganar). Este acuerdo es un maravilloso invento que le ha dado a los tres países enormes ganancias.

No nos confundamos... esto, a cualquier precio, nos conviene a todos.

Fuente: google.com