2026-03-12 14:00:46 - MUNDO
María Félix Herrera narra su historia sin prisa y reconstruye paso a paso el camino que la trajo de Venezuela a Colombia en 2018, una travesía marcada por la crisis, una enfermedad y la creación de Sabores Corepan, un emprendimiento gastronómico que hoy se ha convertido en una red de apoyo para mujeres de bajos recursos.
Colombia es el principal destino migratorio venezolano en el mundo, con unos 2,8 millones de personas, según cifras oficiales. En total, más de 7,7 millones de venezolanos abandonaron su país en la última década por la crisis.
"Decidí migrar por la situación política del país, por la inseguridad, por la salud y porque allí ya no había oportunidades para seguir creciendo", dice Herrera a EFE mientras rememora un apagón nacional que dejó a los venezolanos sin luz durante cinco días y que fue el detonante que la llevó a tomar la decisión de partir.
Antes de migrar, trabajó once años como docente y acababa de graduarse como fisioterapeuta, pero en medio de ese proceso le diagnosticaron una enfermedad autoinmune que también padecía su padre y que puso de manifiesto las limitaciones del sistema de salud en su país.
"No conseguía la medicina que necesitábamos y para poder recibirla tenía que tener un carnet del gobierno y estar adscrita al partido, y yo siempre he sido opositora", explica Herrera, quien no puede contener las lágrimas al recordar las veces en que su padre y ella debatían quién debía tomar el medicamento disponible.
Cuando Herrera llegó a Bogotá consiguió pronto un trabajo como personal de aseo, con jornadas de doce horas laborales, y seis meses después reunió a su esposo y a su hijo con ella.
"Como migrante estás en el último escalafón social; así seas profesional, te pagan incluso por debajo del mínimo por no tener documentos", sostiene.
La venezolana pasó por distintos trabajos informales hasta que logró una breve estabilidad trabajando en un puesto ambulante, que fue interrumpida en 2020 por la pandemia y que la llevó a aceptar turnos que podían extenderse hasta 24 horas.
La cocina como camino para emprender
Fue en medio de esa vorágine de trabajo que la nostalgia por los sabores de su país comenzó a surgir con fuerza. Así se planteó la idea de abrir un restaurante, pero un empeoramiento de su enfermedad junto con un embarazo inesperado la obligaron a reducir la carga laboral.
Cuenta Herrera que en esa época pasó por una depresión, pero que logró recuperarse y transformar ese sentimiento en el impulso creativo que necesitaba para lanzarse a cocinar y crear Sabores Corepan, el emprendimiento que hoy sostiene a su familia.
Según un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) publicado a finales del año pasado, el emprendimiento se ha consolidado como una vía clave de integración socioeconómica de la población migrante venezolana en América Latina, donde el empresariado migrante genera empleo directo e indirecto y fomenta la innovación.
"Compré unos moldes, hice mis primeras tortas y las comencé a vender", menciona Herrera, quien admite con una sonrisa que aprendió a hacer repostería "en YouTube".
Con el tiempo decidió formalizar su negocio y se inscribió en la Cámara de Comercio; y destaca que el acompañamiento de organizaciones sociales como OIM o ADN Dignidad fue clave para formarse en modelos de negocio y abrir su primer local en el barrio bogotano de Las Ferias, con el que comenzó a generar empleo y a consolidar su proyecto.
Impacto en otras mujeres
Uno de los logros por los que Herrera se siente más orgullosa es cómo su negocio se convirtió en un apoyo para otras mujeres, muchas de ellas madres cabeza de hogar de bajos recursos.
"Comencé a darme cuenta que la gente compraba, pero resulta que tenía una dificultad: era que a mí me daba mucha pena (vergüenza) vender", explica, pero al descubrir que había tantas mamás que se encontraban en su misma situación, comenzó a ofrecerles que revendieran sus productos, que les entregaba a un precio económico con financiamiento.
Al cabo de un tiempo, con hasta 15 personas revendiendo, el cansancio la llevó a pensar en abandonar el negocio, y se lo comunicó a un par de madres que colaboraban con ella, que le rogaron que no lo hiciera. "Pero si yo pago de ahí la luz, ¿cómo se te ocurre? El agua, yo me ayudo con eso", le dijo una.
Fue entonces cuando comprendió su impacto social: "Este negocio ya no es solo mío. Ya hay mucha gente que depende de mí", pensó, por lo que decidió continuar, entusiasmada con la posibilidad de convertirse "en un referente que inspira".
"Ha sido una forma de que otras personas también puedan ayudarse y ha sido una manera de demostrar que los migrantes también podemos generar economía. Y esa ha sido mi manera", subrayó Herrera. EFE
EFE colabora con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en la difusión de temas sobre la migración en Latinoamérica.
(c) Agencia EFE
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