2026-03-12 13:48:47 - MUNDO
Con una economía débil y bajo máxima presión de Donald Trump, México empieza la próxima semana la renegociación de su tratado de libre comercio (T-MEC) con Estados Unidos. Si bien el canciller Marcelo Ebrard viaja a Washington respaldado por una potente delegación de negociadores expertos y empresarios importantes, analistas consultados por DW vislumbran negociaciones nada fáciles.
"México entra a las negociaciones con una economía débil donde ni el consumo ni la inversión crecen", advierte en entrevista con DW Ignacio Martínez Cortés, coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios (LACEN). Por otra parte, México, el mayor socio comercial de EE. UU., exportó el año pasado bienes por 534.800 millones de dólares, todo un récord.
Pero la espada de Damocles sobre la economía mexicana tiene nombre y apellido: se llama Donald Trump, con su afán por las guerras arancelarias. México, a pesar de ser el mayor socio comercial de EE. UU., también ha sufrido los caprichos arancelarios, por ejemplo, en el caso del aluminio, acero, cobre, semiconductores y los automóviles, entre ellos, de marcas alemanas.
"Los aranceles son el elefante en la sala", considera Gabriela Siller, directora de análisis económico en Grupo Financiero BASE. "En un tratado de libre comercio simplemente no deberían de existir", dice en conversación con DW.
La atención de EE.UU. se concentra, según Martínez Cortés, en tres puntos clave: mantener a China alejada de las cadenas de suministro sensibles como las telecomunicaciones y la ciberseguridad, reducir la posibilidad que Pekín use a México como trampolín para acceder en condiciones preferenciales al mercado estadounidense, y garantizarse un acceso privilegiado a los recursos energéticos y minerales de México.
"Si México quiere mantener su acceso privilegiado al mercado estadounidense, tendrá que ceder en esos tres puntos", pronostica el doctor en Economía Internacional de la Universidad Complutense de Madrid.
Uno de los temas que va a causar mayor rispidez, según ambos analistas, será la discusión sobre las reglas de origen, que establecen el porcentaje mínimo de los productos elaborados en Norteamérica .
Este punto es especialmente relevante para las constructoras alemanas que tienen plantas en México, como Volkswagen, Audi y BMW. Originalmente, un automóvil podía entrar a EE. UU., si un 62,5 por ciento de sus componentes provenían de los tres países del T-MEC (México, Estados Unidos y Canadá). Esto se redujo gradualmente desde el año 2020 hasta la fecha en un 75 por ciento. Ahora se está hablando hasta de un 85 por ciento.
Con eso, Washington quiere obligar a la industria automotriz al desacoplamiento de sus cadenas de suministro de China (de donde provienen muchos componentes por los bajos costos) y al reshoring, el regreso de sus plantas a EE. UU.
Siller advierte que las reglas de origen se pueden ampliar a otros sectores como el tecnológico y a la ciberseguridad. "Si se aplica también a los equipos de cómputo, afectaría mucho a México", señala Siller, profesora de Economía del Instituto Tecnológico de Monterrey. "El año pasado, las exportaciones de equipo de cómputo desde México salvaron el crecimiento de las exportaciones; sin eso, hubiera caído", puntualiza.
Para Martínez Cortés, otro peligro está en la pretensión de EE. UU. de ponerle cupo a ciertas exportaciones agrícolas. "Si se excede ese cupo, habrá que pagar aranceles", explica. Eso, según el economista, perjudica a la pujante agroindustria mexicana.
Otro punto álgido podría ser el tema energético. Aunque ambos países están más o menos en sintonía estratégica, apostando a las energías fósiles por encima de las renovables, México impuso en el último tratado una cláusula que permite regulaciones privilegiando a su petrolera estatal Pemex por encima de empresas privadas. Ahora, Trump presiona para abolir esa cláusula y permitir la inversión extranjera en la extracción de gas y petróleo, más allá de los minerales estratégicos. "Esto para México es un perjuicio porque implica la pérdida de soberanía energética", subraya Martínez Cortés.
Pero México también tiene cartas debajo de la manga: "Al final, EE.UU. no es autosuficiente", dice Siller. "Y nosotros somos sus vecinos, desde aquí los costos logísticos son más baratos y las cadenas de producción están bien establecidas".
Serán semanas tensas, con mucho regateo. Pero puede que al final haya una recompensa: "Un nuevo acuerdo puede provocar incertidumbre y dar pie a que llegue más inversión a México", puntualiza Siller. Su colega Martínez Cortés matiza: "La estabilidad dependerá no solamente de lograr un tratado, sino también de lo que hace el Gobierno mexicano dentro de su país, especialmente en temas de seguridad", advierte, ya que Trump seguramente no quitará el dedo de ese renglón, con o sin T-MEC.
(cp)
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