2026-03-12 11:33:45 - MUNDO
Fin abrupto del suministro de petróleo, desplome económico, paquete de restricciones y escasez: la crisis en Cuba reaviva el recuerdo del "periodo especial" que siguió a la caída del bloque soviético en 1991.
Aunque existen numerosas similitudes, la situación actual se inscribe en un contexto muy diferente de debilitamiento económico estructural, pérdida de legitimidad del poder, ola migratoria y aumento de las desigualdades.
- ¿Cómo surge el "periodo especial"? -
En 1991, la desintegración de la URSS, principal fuente de financiamiento de la isla, asestó un golpe demoledor a la economía cubana. Hasta entonces, Moscú había apoyado incondicionalmente a su aliado caribeño, aislado por el embargo estadounidense.
A partir de 1989, tras la caída del muro de Berlín, los buques soviéticos dejaron de abastecer al país de alimentos, medicinas y piezas de repuesto. El PIB se desplomó (-38% en 1990) y la escasez se volvió la norma. Unos 50.000 cubanos sufrieron neuropatías debido a la falta severa de vitaminas.
Los apagones se extendían hasta 16 horas al día, las fábricas se paralizaron y la canasta básica subsidiada que el gobierno entregaba a través de la "libreta" (cartilla de racionamiento) se redujo sustancialmente. Los cubanos debieron acostumbrarse a andar en bicicleta.
Los círculos anticastristas de Florida vaticinaban el colapso inminente del gobierno comunista. Pero Fidel Castro (1926-2016) proclamó un "periodo especial en tiempos de paz" e implementó una economía de guerra. Para evitar la derrota recurrió a la inversión extranjera y abrió el país al turismo internacional.
- ¿En qué se diferencia de la crisis actual? -
El cese del suministro de combustible desde Venezuela, que permitió a Cuba salir del "periodo especial" a partir de 1999, y el bloqueo energético de facto impuesto por Washington vuelven a ubicar a la isla al borde del abismo.
Las autoridades han tomado medidas drásticas para racionar el combustible y reorganizar las actividades económicas y sociales. Los cortes eléctricos alcanzan las 16 horas por día en la capital, pero superan las 40 horas seguidas en el interior del país.
Aunque en la década de 1990 los servicios de salud y educación resistieron, actualmente están muy deteriorados por la crisis económica de los últimos años.
La "libreta" nunca se ha reformado a pesar de los anuncios, y la canasta subsidiada es prácticamente inexistente.
A diferencia del "periodo especial", que se produjo tras años de relativa "prosperidad y bienestar social", la crisis actual "llega sobre un acumulado de 30 años que (...) pueden definirse como de crisis también", explica a la AFP el historiador Fabio Hernández.
En 1994, la crisis de los "balseros" provocó que 35.000 cubanos abandonaran la isla por mar. Desde 2021, se estima que entre 1,5 y 2 millones han salido del país, un éxodo con consecuencias mucho más profundas para la sociedad.
- ¿Una crisis vista de otra manera? -
La llegada de internet, la posibilidad de que los cubanos puedan viajar, la aparición de un sector privado y la incapacidad del gobierno de reactivar la economía desde la pandemia han cambiado profundamente a Cuba.
"Cuba es un país distinto (...) con una relación entre la ciudadanía y el mundo dirigente que es distinto", detalla Hernández. "En los (años) 90 hay una crisis económica, hay crisis social, pero no hay crisis política" de adhesión al proyecto revolucionario, apunta este investigador de la Universidad de La Habana.
La legitimidad del poder basada en el aspecto "popular" de la revolución de 1959 se ha visto erosionada, sobre todo desde la muerte de Castro, al igual que la "narrativa patriótica de resistencia" frente a hostilidad de Estados Unidos, subraya de su lado el politólogo Arturo López-Levy.
Los sectores de la salud y la educación, antes considerados "conquistas" de la revolución y ahora muy deteriorados, ya no sirven para "movilizar a la población", advierte Hernández.
Paralelamente, los cubanos tienen "más pluralidad" en las vías para informarse, mientras que en la década de 1990 existía un auténtico monopolio de la información en manos del poder, explica el historiador.
El internet móvil, autorizado desde 2018, se ha extendido masivamente entre la población y contribuyó a la expansión por todo el país de las manifestaciones de julio de 2021, así como a la difusión de discursos alternativos en las redes sociales.
Hay "una ciudadanía mejor informada" y con más inclinación a comparar, asegura Lopez-Lévy, de la Universidad de Denver.
Asimismo, la llegada de pequeñas y medianas empresas al tejido económico a partir de 2021 también ha cambiado la percepción de la crisis.
"En los años 1990 era una crisis de escasez profunda. Hoy estamos hablando de una crisis más marcada por la existencia de los productos pero desigualdad en el acceso a estos" entre quienes reciben remesas de sus familias en el extranjero o trabajan en el sector privado y aquellos que dependen de un magro salario estatal, comenta Hernández.
jb-lis/rd/mar
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