2026-06-26 09:15:29 - MUNDO
En sismología, no todos los terremotos son iguales, y no todas las secuencias de sismos responden al mismo patrón. Lo habitual es que, tras un gran terremoto, se produzcan réplicas de menor magnitud que van decreciendo progresivamente con el tiempo. Pero existe un fenómeno más excepcional y perturbador: el doblete sísmico.
Según explicó la sismóloga Lucía Lozano, de la Red Sísmica Nacional española, un doblete sísmico ocurre cuando coinciden "dos terremotos de magnitud muy parecida, muy seguidos en el tiempo y muy próximos en el espacio".
La clave está en esa similitud de magnitudes: mientras que una réplica convencional es, según la denominada ley de Båth, aproximadamente 1,2 puntos inferior en magnitud al evento principal, en un doblete ambos sismos comparten una potencia comparable generalmente dentro de un margen de 0,4 en la escala de momento (Mw), lo que los convierte en una secuencia de dos terremotos principales, no de uno principal y sus secuelas menores.
Técnicamente, estos eventos también presentan formas de onda sísmicas casi idénticas, dado que provienen de la misma zona de ruptura y del mismo campo de esfuerzos. Esta característica es lo que permite a los científicos identificarlos como una pareja y no como eventos independientes.
El doblete sísmico del 24 de junio de 2026 se produjo en el estado venezolano de Yaracuy, en el noroccidente del país, con los dos epicentros situados en las cercanías de las localidades de San Felipe y Yumare.
El primero de los sismos, considerado el evento premonitorio, se registró a las 22:04:33 UTC (18:04 hora local), con una magnitud de 7,2 Mw, un epicentro a 24 kilómetros al este-noreste de San Felipe y una profundidad focal de 21,9 kilómetros.
Tras 39 segundos más tarde, a las 22:05:12 UTC, llegó el evento principal: una sacudida de 7,5 Mw, con epicentro a 23 kilómetros al sureste de Yumare, en el límite entre Yaracuy y Carabobo, y una profundidad de apenas 10 kilómetros.
Ambos sismos alcanzaron una intensidad máxima de VIII en la escala de Mercalli Modificada, catalogada como "severa" a "severa-extrema". Representan, según el reporte técnico de la Universidad de los Andes, el mayor evento sísmico instrumental registrado en Venezuela en el siglo XXI.
Lo que hace a este doblete especialmente llamativo es la rapidez del intervalo. Como señaló Brandon Bishop, sismólogo de la Universidad de Saint Louis: "La mayoría de los dobletes no ocurren con tan poca diferencia de tiempo".
Stephen Hicks, del University College London, llegó incluso a sugerir que quizás sea más acertado concebir el conjunto como "un solo terremoto que duró unos 50 segundos", es decir, una ruptura casi continua que desencadenó una catástrofe progresiva.
Cuando una falla rompe y libera energía, no solo genera un terremoto: también modifica el estado de esfuerzos en las fallas vecinas. Si alguna de ellas ya estaba cercana a su límite de ruptura, ese cambio puede ser suficiente para desencadenar un nuevo sismo.
Este proceso se conoce como transferencia de esfuerzos de Coulomb, y es, según los expertos, la explicación más probable de lo sucedido el 24 de junio. Harold Tobin, director de la Red Sísmica del Noroeste del Pacífico en la Universidad de Washington, fue taxativo: "Es muy probable que el primero haya desencadenado el segundo".
El hecho de que los dos sismos ocurrieran con tan escasos segundos de diferencia provocó un efecto colateral en los propios instrumentos de medición: los sismogramas de ambos eventos se solaparon.
Los sistemas automatizados de alerta llegaron a reportar inicialmente una magnitud máxima de 7,8 Mw, una cifra que no correspondía a ninguno de los dos sismos por separado, sino al ruido conjunto de ambas señales superpuestas. Posteriormente, el análisis manual de los registros sísmicos permitió depurar los datos y establecer las magnitudes reales de 7,2 y 7,5.
Esta confusión inicial, lejos de ser un error técnico banal, ilustra perfectamente la naturaleza del fenómeno: un doblete sísmico es, en cierta medida, mayor que cada uno de sus componentes.
Venezuela no es un país que esté a salvo de los terremotos. Su norte se asienta sobre una de las fronteras tectónicas más activas del continente americano: el límite entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana.
A diferencia del famoso Cinturón de Fuego del Pacífico, que concentra la mayoría de los grandes terremotos de Sudamérica en la costa oeste, el norte venezolano posee una dinámica geológica igualmente intensa pero menos conocida.
En esta zona, la placa del Caribe se desplaza hacia el este con respecto a la placa Sudamericana a una velocidad de aproximadamente 20 milímetros por año, menos de un centímetro, un movimiento aparentemente insignificante que, sin embargo, acumula tensiones colosales a lo largo de décadas y siglos.
Ese rozamiento constante ha generado un complejo sistema de fallas geológicas activas que atraviesan el norte del país. Las más importantes son la falla de Boconó, la falla de San Sebastián y la falla de El Pilar, aunque en la zona del doblete del 24 de junio también se identifican la falla de El Guayabo y la falla de Morón. Según los análisis preliminares del USGS, el sismo de 7,5 parece haber estado más próximo a la falla de El Guayabo, mientras que el de 7,2 habría sido más cercano a la de Morón.
Torsten Dahm, jefe de la sección de Física de Terremotos y Volcanes del Centro Helmholtz de Geociencias de Potsdam (GFZ), situó estos sismos entre los más fuertes registrados en esa región en aproximadamente un siglo, aunque recordó que la zona tiene antecedentes históricos imponentes: un terremoto de magnitud 7,7 en 1900, uno de 6,5 en Caracas en 1967, y el devastador evento de 1812, con una magnitud estimada de hasta 8.
El doblete sísmico venezolano reunió varios factores que se combinaron para maximizar su poder destructivo:
La profundidad superficial. El sismo de 7,5 tuvo su foco a solo 10 kilómetros de profundidad, y el de 7,2 a menos de 22. Se trata de sismos superficiales, un término técnico que en sismología define a los eventos con foco por encima de los 70 kilómetros. Cuanto más superficial es un sismo, mayor es la intensidad con la que sus ondas alcanzan la superficie, porque han recorrido menos distancia y han perdido menos energía. Esta escasa profundidad es, según los expertos de la Universidad de los Andes, una de las razones principales de la violencia con la que se sintió el movimiento.
La naturaleza acumulativa del doblete. Un solo terremoto de gran magnitud ya somete a las estructuras a un esfuerzo extremo. Un segundo de magnitud comparable, producido antes de que las vibraciones del primero se hayan amortiguado, supone un segundo ciclo de carga sísmica sobre edificios ya comprometidos. Las estructuras que resistieron el primer golpe, aunque con daños, fueron incapaces de soportar el segundo.
La vulnerabilidad del parque edificatorio. El USGS advirtió en su análisis que la zona afectada combina edificios modernos con "viviendas de mampostería de ladrillo sin armar" y "bloques de adobe", que son precisamente los tipos constructivos más vulnerables ante movimientos sísmicos. Muchas estructuras presentaban además deficiencias previas como escaso confinamiento, columnas cortas o ampliaciones sin diseño estructural adecuado.
La amplificación sísmica en La Guaira y Caracas. La naturaleza del suelo sobre el que se asientan las ciudades afectadas juega un papel crucial. Los suelos blandos o sedimentarios amplifican las ondas sísmicas, aumentando la intensidad percibida con respecto a un suelo rocoso. Zonas costeras como La Guaira, con rellenos y suelos aluviales, son especialmente susceptibles a este fenómeno de amplificación.
Las consecuencias del doblete se desplegaron por una franja extensa del territorio venezolano. Los daños más graves se concentraron en:
Estado de La Guaira: el más afectado, con decenas de edificios colapsados en la franja costera, calles partidas por grietas en las que quedaron atrapados vehículos, y un Aeropuerto Internacional Simón Bolívar con su techo parcialmente colapsado, que tuvo que cerrar temporalmente.
Caracas: colapso de edificaciones en San Bernardino, el centro histórico y el distrito de Baruta; fachadas desprendidas y calles cubiertas de escombros. El alcalde del municipio Chacao reportó el rescate de 18 personas de un solo edificio.
Municipio de Montalbán (Carabobo): descrito como "zona cero" en el reporte académico de la Universidad de los Andes, con colapso total de varias estructuras.
San Felipe (Yaracuy): grietas en muros y caída del tendido eléctrico en la ciudad más próxima a los epicentros.
Estado de Aragua: edificios con paredes caídas y agrietadas en la urbanización Andrés Bello de Maracay.
La Academia Militar de la Armada Bolivariana (AMARB) quedó en gran parte destruida. La vía de Morón, en Carabobo, se agrietó y colapsó. El sismo se percibió con intensidad en el norte de Colombia, incluida Bogotá, en el norte de Brasil y en varias islas del Caribe: Aruba, Bonaire y Curazao.
Related
La Guaira, ciudad portuaria de Venezuela, muestra graves daños tras el terremoto
El Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico emitió inicialmente una advertencia para Puerto Rico y las Islas Vírgenes estadounidenses, que fue cancelada horas más tarde al confirmarse que no se había generado una ola destructiva.
El balance provisional, según cifras de las autoridades venezolanas, supera los 235 muertos, cerca de 5.000 heridos y más de 150 desaparecidos, con más de 250 edificios afectados y 138 réplicas registradas en las primeras 24 horas.
El doblete no fue el final del episodio sísmico, sino su inicio. El USGS estableció previsiones de réplicas que indican que la región se verá sacudida por temblores de magnitudes entre 3 y 5 durante semanas.
Dentro del primer mes, existe un 24% de probabilidad de que un sismo de magnitud 6 golpee la zona y un 3% de probabilidad de que se produzca otro terremoto de magnitud 7.
Las réplicas seguirán una pauta conocida: ocurrirán con mayor frecuencia inmediatamente después del evento principal y luego disminuirán exponencialmente a lo largo de días, semanas e incluso años.
El problema es que las estructuras ya debilitadas por el doblete son mucho más vulnerables a estos golpes secundarios, lo que convierte cada réplica en una amenaza real para edificios que aparentemente sobrevivieron al evento principal.
El desastre llegó en un momento delicado para Venezuela. El país atraviesa una transición política tras la detención del expresidente Nicolás Maduro en enero de 2026, con la presidenta encargada Delcy Rodríguez al frente de un Gobierno que aún no ha fijado fecha para elecciones. La catástrofe será una prueba de fuego para su administración.
La comunidad internacional respondió con rapidez. Suiza anunció el envío de 80 personas de rescate y 18 toneladas de equipamiento de rescate. Colombia desplegó su equipo USAR-1, compuesto por 62 especialistas y cuatro equipos caninos, junto a 12 toneladas de material. República Dominicana, Chile y numerosos países latinoamericanos enviaron también ayuda humanitaria y equipos de emergencia.
España ha mandado un avión A330 que ha aterrizado en la ciudad venezolana de Valencia, a aproximadamente 172 kilómetros de Caracas con material de rescate, 59 militares de la UME, dos ingenieros y ocho unidades caninas.
El Ejército estadounidense se sumó a las labores de socorro, mientras el Departamento del Tesoro de EE.UU. autorizó transacciones con Venezuela, hasta entonces restringidas por sanciones, siempre que estuvieran relacionadas con la ayuda humanitaria, con vigencia hasta el 23 de octubre de 2026.
Powered by TURADIOINFO.COM