La inocuidad de una lechuga producida en México no depende solamente del desinfectante empleado en la empacadora o del lavado que realiza el consumidor. Detrás de cada pieza debería existir una cadena de controles sobre el agua, el suelo, los trabajadores, los plaguicidas, la cosecha, el transporte y el empaque.
La vigilancia cobró relevancia en julio de 2026, cuando la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) investigó un brote de Cyclospora relacionado con lechuga iceberg rallada de origen mexicano, servida en restaurantes Taco Bell. La autoridad reportó 1,644 personas enfermas en cinco estados, 94 hospitalizaciones y ninguna muerte; su rastreo comercial convergió en Taylor Farms de México, con operaciones en Guanajuato, que retiró voluntariamente del mercado estadounidense toda la lechuga iceberg procedente del centro de México.
La vigilancia está dividida principalmente entre dos autoridades federales. La Secretaría de Agricultura, mediante el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA), supervisa la producción primaria en el campo. La Secretaría de Salud, a través de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) y las autoridades estatales, interviene en el procesamiento, almacenamiento, distribución y comercialización de los alimentos.
México no cuenta con una clasificación pública general que coloque a todas las granjas en grados de inocuidad como A, B o C. Lo que existe es un conjunto de leyes, normas, inspecciones y certificaciones. Por ello, una granja puede estar obligada a cumplir disposiciones sanitarias, pero no necesariamente aparecer en un directorio público como unidad certificada.
La Ley Federal de Sanidad Vegetal establece que la Secretaría de Agricultura debe regular, verificar y certificar los Sistemas de Reducción de Riesgos de Contaminación, conocidos como SRRC. Estos sistemas buscan disminuir los peligros físicos, químicos y microbiológicos durante la producción primaria de vegetales.
En el caso de la lechuga, los riesgos microbiológicos incluyen bacterias como Salmonella y Escherichia coli, además de virus y parásitos. Entre los peligros químicos se encuentran los residuos de plaguicidas, fertilizantes y productos de limpieza. Los riesgos físicos pueden ser fragmentos de vidrio, metal, plástico, piedras o cualquier objeto que llegue al alimento durante la cosecha y el empaque.
El artículo 54 de la misma ley faculta a la autoridad para inspeccionar unidades de producción, empacadoras, almacenes, transportes y lugares donde se produzcan o manejen vegetales. Si encuentra irregularidades, puede ordenar medidas correctivas, imponer sanciones administrativas y establecer acciones para reducir el riesgo de contaminación.
En los estados también participan los Comités Estatales de Sanidad Vegetal y otros organismos auxiliares. Su trabajo puede incluir capacitación, asistencia técnica, seguimiento de unidades productivas y apoyo para implementar los sistemas de inocuidad. SENASICA también autoriza a terceros especialistas para evaluar las granjas, aunque la autoridad federal conserva las facultades de inspección y resolución.
Granjas de lechuga