Cuando el sueño se convierte en vuelo

- Laboulaye

Cuando el sueño se convierte en vuelo
Cuando el sueño se convierte en vuelo

Tres historias que despegaron en Laboulaye

En el corazón de Laboulaye, donde el horizonte parece no tener límites, tres jóvenes decidieron que su meta no estaba en la tierra, sino en el cielo. El pasado 24 de febrero, el Aero Club Laboulaye fue escenario de una jornada cargada de emoción, esfuerzo y vocación: Juan Pedro Muzio, Angelo Viglianco y Santiago Valentinuzzi se convirtieron oficialmente en Pilotos Privados de Avión.

No fue un trámite. Fue la culminación de meses —y en algunos casos años— de estudio, madrugadas frías en la pista, clases teóricas, horas de simulación y prácticas donde cada maniobra exigía concentración absoluta.

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Juan Pedro, apasionado desde chico por todo lo que volara, creció mirando el cielo cada vez que escuchaba el motor de una aeronave. Su constancia fue su mayor herramienta: disciplina en cada clase y una serenidad admirable en vuelo.

Angelo, inquieto y perseverante, encontró en la aviación el desafío perfecto. Cada error fue aprendizaje, cada corrección una oportunidad para mejorar. Su familia lo acompañó en cada paso, entendiendo que el sueño de volar también se sostiene desde tierra firme.

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Santiago, metódico y decidido, encaró la formación con responsabilidad y paciencia. Libro de vuelo en mano, fue construyendo hora tras hora la experiencia necesaria hasta llegar al examen final con la seguridad de quien sabe que hizo el trabajo completo.

La evaluación estuvo supervisada por el inspector de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), Gustavo Faimberg. El clima jugó su propio partido: la mañana permitió iniciar las pruebas con normalidad, luego una desmejora obligó a esperar, y finalmente el cielo volvió a abrirse para que los últimos despegues se concretaran a bordo del histórico Cessna 150 matrícula LV-CPY.

Cada aterrizaje aprobado no fue solo una maniobra correcta: fue el resultado del acompañamiento permanente de sus instructores, Sergio Palloni y José Luis Zoppi, quienes sostuvieron el proceso formativo con profesionalismo y compromiso.

La jornada cerró con una cena de camaradería encabezada por el presidente de la institución, Leonardo Vargas. Allí no solo se entregaron licencias: se celebró la perseverancia, la familia, el esfuerzo colectivo y la buena salud institucional de un aeroclub que sigue formando profesionales del aire.

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Tres nombres. Tres historias. Un mismo cielo.

En Laboulaye, los sueños siguen despegando.

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