El Príncipe Andrés fue arrestado este jueves en su residencia de Norfolk por la Policía británica y permaneció durante once horas en una comisaría del condado, en el este de Reino Unido. La detención, confirmada por la BBC, se enmarca en una investigación por presunta “mala conducta en un cargo público”, ante sospechas de que habría compartido información confidencial con el fallecido financiero estadounidense Jeffrey Epstein.
Según informaron fuentes policiales, Andrew Mountbatten-Windsor —hermano del rey Carlos III— fue trasladado al centro de investigaciones de Aylsham, donde prestó declaración antes de quedar en libertad bajo investigación. La Policía de Thames Valley confirmó que el exduque de York fue liberado mientras continúan las actuaciones judiciales y que los registros realizados en Norfolk ya concluyeron.
El operativoEl procedimiento se desarrolló en Wood Farm, dentro de la finca de Sandringham. Testigos señalaron la presencia de al menos ocho agentes, algunos de civil, que ingresaron al predio con equipos informáticos y retiraron documentación.

Durante la tarde, un Range Rover negro llegó al centro policial alrededor de las 18:50. El vehículo intentó acceder por una puerta electrónica averiada y, tras varios minutos de espera, ingresó por otro acceso. Poco después, fotógrafos apostados en el lugar captaron imágenes del exmiembro de la familia real en el asiento trasero, aparentemente intentando evitar las cámaras.
El eje de la investigaciónLa causa se centra en el período en el que Andrés ejerció como Representante Especial para Comercio Internacional e Inversión, entre 2001 y 2011. Documentos judiciales difundidos recientemente en Estados Unidos incluirían correos electrónicos y comunicaciones que apuntan a un posible intercambio de datos sensibles con Epstein.
El nombre del exduque ya había estado vinculado anteriormente a controversias relacionadas con la red de delitos sexuales atribuida a Epstein. También cobró notoriedad la denuncia pública de Virginia Giuffre, quien lo acusó de abusos sexuales en el pasado.
La detención marca un nuevo capítulo en una de las crisis más delicadas para la monarquía británica en los últimos años, mientras la investigación continúa abierta y bajo fuerte atención mediática.